La pesadilla: cuando una película de la que esperas enormidades, apenas te ofrece migajas. La maravilla: cuando una película de la que no esperas mayor cosa, te entretiene de veras, a partir de una mirada afectuosa y de recursos inteligentes. Esto segundo se aproxima bastante al caso de La propuesta (The proposal), de la directora Anne Fletcher, de quien –el año pasado– usted probablemente vio 27 bodas. Así es: prácticamente de la nada, La propuesta se las arregla para (digamos) sacar 8.5, cuando parecía alumna de seis máximo. Sin importar que Sandra Bullock, el nombre más importante en ella, sea una “chica” de ya 45 años de edad (hace ya década y media que justo manejó así en Máxima velocidad). Sin importar que su coestelar y galán en el film sea Ryan Reynolds, 13 años menor que ella. Sin importar que la comedia de enredos devenga en melodrama de previsible happy ending. Sin importar que Nueva York –cuasi–ombligo del mundo– sea marco sólo del planteo de la cinta, para que lo verdaderamente nuclear suceda en un sitio llamado Sitka, en... Alaska. Sin importar que justo el mismo asunto que le da vida ya se haya tratado en Matrimonio por conveniencia (1990), entre otras películas. Y sin importar (porque el cine suele dar en el blanco) que todo lo anterior no nos importe.
La propuesta se ocupa de Margaret (Bullock), una muy importante editora, también célebre por ser una arpía arrogante como jefa. Su asistente es Andrew (Reynolds), principal víctima de los abusos de la diva para la cual trabaja. Pero he aquí que la ejecutiva en cuestión es tan bruja como canadiense; y como ha hecho caso omiso de las advertencias sobre renovar su visa de trabajo, se ve alcanzada por la cruda realidad: sin más será deportada, con todos sus blasones y cara ropa de diseñador. ¿Tiene alternativa? Una in extremis: sin consultárselo siquiera, decide que se casará con Andrew –vía directa a la green card– cuya inicial (y espeluznada) negativa se ve asfixiada a–la–Don Corleone: con una oferta que el pobre tipo no puede rehusar. Andrew pasa así de “juguete maltratado” a balsa salvavidas, hasta que un ya pactado divorcio (y no la muerte) los separe. Pero siempre existe un celoso representante de la ley –en este caso un pesado oficial de migración– dispuesto a evitar que la legalidad se transgreda. El cómo y por qué de lo demás, usted tendrá que verlo.
La propuesta, que cual dije de inicio no parecía para mucho, es un film genuinamente divertido. En esencia, porque parte de una situación relativamente probable, y también porque Sandra Bullock es una comediante natural, con un timing en verdad envidiable. Además, un par de factores más se hacen valer: un guión muy bien dialogado que se permite incluso acertadas notaciones críticas, y la innegable química entre Bullock y Reynolds, que facilita la credibilidad de casi todo, que es lo que en las artes narrativas hace que las cosas fluyan. ¿Estamos pues ante una gran película? En un sentido “trascendente” del calificativo, de ninguna manera; pero si lo aterrizamos al sentido práctico de un divertimento que pretende eso y nada más, La propuesta ofrece 107 minutos para agradecerse. De hecho empiezas a disfrutar desde antes, si pones atención a su acertado y creativo “tagline” publicitario: Here comes the bribe!
Concluyendo, digamos (aunque suene raro) que La propuesta es mejor que sí misma, por entregar bastante más de lo que prometía. Y a propósito: uno de sus aciertos de base –algo impensado hoy en el tipo de comedias que hacen, por ejemplo, Ben Stiller y Jim Carrey– es una suerte de mesura, de contención casi pudorosa, que le evita caer en la autoparodia o en esos recursos baratos, burdos, que sólo demuestran corta imaginación y aún menos ingenio. Muy alejada de ello, esta propuesta es de las que se reciben con gusto. Si usted la acepta, no deje de verla.