Las experiencias viajeras de un joven poblano entre 1982 y 1994, así como su añoranza del transporte de pasajeros, fue el principal motor que impulsó a Omar Árcega a retener y luego representar en sus obras todo aquello que envolvía los trayectos en tren como vivencias sensoriales: caminos, distancias, paisajes y, por supuesto, las locomotoras y vagones, concepto que podrá ser apreciado en la exposición gráfica Bitácoras y percepciones en el camino de acero, que ayer fue inaugurada en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (11 Norte 1005).
Carla Rippey, curadora de la muestra, adelantó que la obra de Árcega, “a diferencia de la mayor parte de los que compartimos la suerte de haber andado, mucho y gustosamente, en tren, Omar no relegó la experiencia al terreno de recuerdos cariñosos. Volvió a las vías, ya no con la lentitud decimonónica de los trenes, sino con el paso aún más tardado y más arraigado en la historia de la humanidad, del viajero a pie”.
Acompañado por un par de amigos, emprendió varias caminatas por las vías; y la más ambiciosa los llevó hasta Oaxaca. En el proceso aprendieron a acampar, a preparar sus comidas, a curar las ampollas, producto de caminar 40 kilómetros al día, y a respetar el territorio perteneciente a los indocumentados.
Por su camino, Omar se cruzó con una gran diversidad de piezas ferroviarias: clavos de vía, durmientes, monedas y metales aplastados por la potente locomotora, pero también se encontró con los testimonios de la cultura ferroviaria y que no pueden palparse físicamente, como son las historias de vida surgidas entre locomotoras, vagones y rieles.
“Todo este material y estas vivencias serían encausadas posteriormente por medio del dibujo, de la transferencia (un proceso gráfico que pasa una imagen de fotocopia a otro papel), la instalación, la fotografía, y el grabado. Lo ecléctico de su producción y su calidad innegable están de manifiesto en las paredes de este museo. Incorpora estos elementos a su producción en grabado en metal, y a su obra en collage, litografía, xilografía y dibujo”, comentó Rippey.
Además de lo recogido en las caminatas, el artista maneja un extenso catálogo gráfico, material proveniente de investigaciones que realizó en el Centro de Documentación e Investigaciones Ferroviarias del museo, fotografías de algunos aficionados del tren, esquemas e imágenes de folletos y libros antiguos.
Bitácoras y percepciones en el camino de acero da muestra del testimonio más preciso de este joven artista: la invención de un orden significativo. Su tenacidad, su ojo agudo, su sentido de historia y su instinto creativo se juntan para crearlo.
Árcega Morales nació en Puebla en 1981. Realizó su formación académica en Artes Plásticas de la Escuela Nacional de Pintura y Grabado “La Esmeralda”. Como experiencia laboral desarrolló un Taller de dibujo en el Museo de los Ferrocarriles, así como un Taller de grabado en el Museo Erasto Cortés. Ha colaborado en distintas carpetas profesionales de grabado como: Grafica Surco, en México D.F; Taller de Estampa Básica y Avanzada y “Camaxtli”, en Apizaco, Tlaxcala. Su obra es parte de la Colección Particular del Banco de México. Entre los reconocimientos que ha obtenido se encuentran: Mención y Premio en los Encuentros de Arte Contemporáneo de Puebla.