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Viernes, 19 de junio de 2009
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Pretende Willy abrir taller de herrería

 
TERE RAMÍREZ OJEDA

Desde que en la empresa textil Polifil, que operaba en el municipio de Ixtacuixtla, estalló la huelga y posteriormente cerró sus instalaciones de manera indefinida, William Vargas Narváez no ha encontrado un empleo estable.

Él es uno de los miles de desempleados en Tlaxcala que ha sufrido los estragos de la crisis económica mundial, pues tras su despido en Polifil se fue a Estados Unidos a laborar, pero finalmente hace unos meses fue deportado por las autoridades migratorias.

William es un hombre de 26 años de edad y alegre que trata de llevársela “ligera”, a pesar de la falta de dinero y de un empleo seguro. “He trabajado de todo, especialmente en la herrería, ahora soy ayudante de un taller y aunque a veces no hay mucho trabajo, para un taco de sal siempre hay”.

Recuerda que hasta enero de 2006 laboraba como obrero en la industria Polifil, en donde estalló la huelga y continúa en esa situación jurídica de manera indefinida. Al no tener una liquidación conforme a la ley, pidió dinero prestado para sobrevivir y cuando se dio cuenta que su situación era cada vez más difícil, decidió irse de “mojado” a los Estados Unidos.

William está casado y tiene una hija que cursa el preescolar actualmente, pero no ha decidido tener más familia por la falta de una plaza laboral. Recuerda que trabajó por dos años en la textilera, pero casi desde su ingreso la factoría empezó a presentar problemas financieros y a retrasar el pago de salarios al personal.

“Cuando tenía 21 años de edad entré a Polifil y sólo trabajé dos años, pero conocí a varios compañeros que laboraron más de 20 años en la fábrica y son los que nos han motivado a continuar con la huelga, pero veo muy difícil que nos den algún finiquito, ya son más de tres años y medio y no vemos nada”, relata.

Refiere con nostalgia que la situación económica de su familia no le permitió continuar estudiando y desde adolescente consiguió empleo en varios oficios, lo mismo como ayudante en una talachería que de mecánico, finalmente se inclinó por la herrería y labora en un taller que se ubica en la carretera federal Tlaxcala–Texmelucan.

William aún recuerda que la empresa les pagó por partes más de seis semanas de su sueldo y les quedó a deber prestaciones, pues aunque el sindicato intervino en su momento, no lograron los finiquitos conforme a la ley.

“Cuando colocamos las banderas rojinegras era un viernes 13 de enero y nos íbamos relevando para hacer guardias en el acceso principal, pero poco a poco nos fuimos desanimando porque vimos que el gobierno y los empresarios no tenían ninguna intención de resolver nuestra situación laboral”, comenta.

Ahora, la bandera que colgaron en la entrada principal de la compañía está decolorada, rota y son uno o dos los trabajadores que siguen haciendo guardia con la esperanza de que la autoridad competente, los empresarios o el gobierno estatal los liquide de acuerdo con la normatividad correspondiente.

Willy, como es conocido por sus amigos, externa que no cree en los políticos. Decepcionado, afirma que sólo en los procesos electorales los aspirantes buscan el voto de la ciudadanía y no realizan un trabajo en beneficio de las garantías laborales de los ciudadanos.

Incluso, critica, con molestia, las actitudes de los representantes populares, “ellos tienen salarios ostentosos, camionetas y celulares, nunca hacen nada para que la situación mejore, no le voy a ningún partido porque todos son iguales”

–¿Piensas acudir a votar el 5 de julio?

–Ni sabía que ese día era la votación. Creo que iré a anular mi voto, no conozco a los candidatos, sólo porque llenan de propaganda las calles, pero de los que he visto a ninguno conozco (personalmente) y menos creo que hayan hecho alguna labor social en mi municipio (Tepetitla de Lardizábal), son personas que viven de eso (de la polítíca), creo que sólo quieren el voto para hacerse más ricos, responde con disgusto. 

Vargas Narváez tiene que limitarse a un salario de entre 100 a 130 pesos al día, con el cual cubre parte de sus necesidades básicas, en ocasiones se ayuda con trabajos extras que consigue en las comunidades aledañas, regularmente su jornada laboral excede las ocho horas, pero dice que no le importa trabajar más, pues tiene la ilusión de poner su propio taller de herrería.

“Creo que si le hecho más ganas podré ahorrar para mi taller, mi familia me ayuda, ahorita vivo en la casa de mi mamá y no estoy pagando renta, aunque espero que la situación mejore pronto, si no intentaré irme otra vez a los Estados Unidos, tengo familiares allá que me han dicho que me regrese”.

Por lo pronto, dice que de vez en cuando “le echo la mano a mis compadres de Polifil” y acepta quedarse unas horas de guardia frente a la factoría que se instaló en 1974 y que por más de 30 años fue próspera y garantizó el bienestar de miles de familias de la región.

 
 
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