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Viernes, 19 de junio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Investigación y comunicación

 
ISRAEL LEÓN O’FARRILL

Esta semana se lleva a cabo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAP el XXI Encuentro de la AMIC (Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación), lo que me ha llevado a varias reflexiones. Primero que nada, cuando hablamos de investigación generalmente caemos en el lugar común: un científico chaparrito, esmirriado, anodino y que, seguramente, no ha pegado chicle en toda su vida –ya de sexo ni hablamos–, el típico ñoño, pues. Dicho estereotipo, que por cierto nos afecta a todos los que nos dedicamos de una manera u otra a investigar, lleva otros elementos no menos nefandos con visos de verdad absoluta: se dice que el investigador es un miserable que no tiene ni para el camión. De hecho, cuando explicaba a mis alumnos de qué trataba el congreso, las publicaciones en revistas académicas y de plano la investigación, una alumna me preguntó de qué vivían los investigadores y de si les alcanzaba para sostener a sus familias. Lo dicho, para ella el investigador es un ser de otro planeta, que fuma pasto y es un desobligado que no da ni pa’ tragar. Lo cierto es que su visión no es nada extraña, no tiene la culpa; de hecho, es compartida por mucha gente. Hoy lo que importa es hacer dinero, lo demás no sirve para nada.

En segundo lugar es justo también reconocer que a una parte de los investigadores les queda perfectamente el estereotipo e incluso lo alientan. Les gusta mostrar que son personas intocables y que merecen tributo cada vez que se aparecen en un congreso, pero a la vez, dárselas de sufridos y que nunca les alcanza para pagar el abono de la colcha que le compraron a la comadre. Es como si nos encontráramos ante una nueva aristocracia a la cual hay que alabar, rezar ante sus textos, e hincarse ante su sola presencia, pero también de vez en cuando invitarlos a comer, pues no ganan lo suficiente. Por otro lado, muchos de ellos, malandrines de profesión, se dedican a succionar de las ubres gubernamentales y de los presupuestos destinados al desarrollo de la investigación, y a la hora de entregar resultados se hacen los suecos o simplemente acaban añadiéndose a las conferencias de sus propios colegas. “Tú escribe esta ponencia para tal congreso y me apuntas; a mí me toca aquél del otro mes y yo te meto...” ¡Vivales de Chimalpopunk!

La verdad es que si sólo contáramos con estas dos realidades el país estaría tirado a la basura; afortunadamente, existen numerosos investigadores que están haciendo locura y media para poder realizar su trabajo, y para colmo hacerlo bien. Lo demuestran varias investigaciones sumamente serias que se han presentado en el marco de este acto. Precisamente, en la mesa en la que participé, la de Historia y Comunicación, presidida por el doctor Raúl Fuentes Navarro, el doctor Francisco Hernández Lomelí, de la Universidad de Guadalajara, argumentó la necesidad de incrementar las fuentes para el estudio de la historia de los medios de comunicación, concretamente la de la televisión. Proponía extenderse a otros acervos, como el de la Secretaría de Hacienda o el de la extinta Dirección de Investigación y Seguridad Nacional –ambos en el Archivo General de la Nación–, que arrojan luces interesantes para entender el oscuro proceso de la televisión y su relación con el poder en nuestro país. En fin, existen nuevas perspectivas en antiguos documentos, e investigadores lo suficientemente imaginativos para encontrarlas. Desafortunadamente, los estudios sobre la Comunicación no han recibido los apoyos o el interés necesario de instituciones públicas ni privadas. Quizá también tenga que ver con que hemos estado miopes o trabajando de manera aislada, centrados en nuestros pequeños laberintos.

Es necesario que el trabajo se difunda, que abramos espacios para que con el tiempo crezca el número de proyectos para que los jóvenes de hoy no vean a la investigación como algo árido y sin sentido. Este encuentro de la AMIC pretende fortalecer la actividad y comprometer a investigadores y público general en el análisis de la crisis económica que vivimos en la actualidad y las posibles soluciones que se puedan proponer desde la Comunicación; es decir, propuestas que deberían venir por parte de los medios, pero que en gran medida ha de elaborar la academia para que puedan ser instrumentadas por otros actores.

Pero también es necesario que se abran los espacios dentro de los medios, concretamente la televisión, para el análisis de los medios mismos. Existen muy pocos espacios donde estos temas son tratados y o están en horarios terribles o tienen tiempos reducidos. Entendemos que Dorismar tiene que aparecer, no sólo porque es una diosa, sino que también deben satisfacerse las necesidades carnales–visuales del vulgo (yo incluido, he de reconocerlo); sin embargo, es necesario también contar con el debate en el otro sentido. Sé que lo que digo es una ingenuidad y que no pasará, pero me niego a aceptar que sigan saliendo en la pantalla chicas supuestos “especialistas” en cualquier tema que no son más que opinólogos que no se dedican a la investigación, como aquella pseudo investigadora de la sexualidad que apareció el otro día en el canal de las estrellas hablando sobre la inteligencia sexual... Yo, malora de primera, inmediatamente caí en el chiste barato y pensé que eso no podía ser; después de todo, el pene no piensa, pues tiene un hoyo en la cabeza.

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