El árabe Abu Musa Jabir Ibn Hayyan Al–Azdi, también conocido como Jabir o en latín Geber, fue un filósofo cuya existencia se ha discutido en el ámbito de la historia de la medicina.
Aunque al inicio del siglo X se formó la escuela de medicina en Salerno, al sur de Italia, que se llamó Civitas hippocratica por la tendencia a la preservación de los conocimientos médicos hipocráticos, indudablemente en esa época, el medio oriente era la médula y centro del mundo en el plano del saber. Geográficamente, la localización permitía conjuntar ideas de Europa y de los lejanos países del este.
La búsqueda de la verdad se generó a través de la alquimia, (arte de separar, unir, purificar y aislar los elementos que forman los compuestos); el misticismo (grado máximo de unión del alma o espíritu a lo sagrado durante la existencia); el arte (como elemento de estimulación de los sentidos) y la ciencia (que en ese entonces, carecía de método pero ya se definía desde el punto de vista filosófico).
Se le ha atribuido a Geber el Corpus Jubirianum, que es un extenso tratado en donde se explican conceptos de alquimia, filosofía, astrología, religión, matemáticas, magia y por supuesto, medicina. Propuso al estudio médico por encima de todas las ciencias (incluyendo a la alquimia) y hace planteamientos teóricos que sorprenden por su vigencia. Sin embargo, en 1930, los lingüistas descubrieron que las ideas religiosas plasmadas en el texto eran de tipo ismaelita, por lo que no pudieron habarse redactado antes del año 900, ya que los Ismaelitas hashishíes, o “Ismaelitas del Este” nacieron a finales del siglo XI, bajo el impulso de Hassan–Ben–Sabbah, natural de Jorasán (Persia).
Por otro lado, abundan citas de autores griegos como Aristóteles, Alejandro de Afrodisio, Galeno, que los árabes no conocieron hasta aproximadamente el año 800, por traducciones. Sin embargo, es un hecho que alguien debió ser el primero en ver la química desde el punto de vista científico, superando la idea aristotélica de los cuatro elementos (tierra, agua, aire, fuego). Se planteaba que el alma de las plantas se encontraba en sus jugos, pudiendo extraerse mediante procedimientos especiales y obviamente transmitirse a las personas. La búsqueda de este compuesto condicionó la investigación de propiedades especiales que a la larga darían surgimiento a la elaboración de medicamentos. Tomando como procedimientos especiales la sublimación (es decir, el cambio de estado de la materia sólida al estado gaseoso sin pasar por el líquido); la destilación (separación de los distintos componentes líquidos de una muestra, a través del calor); la evaporación, la coagulación, la fusión y la calcinación, llegaron a descubrimientos sorprendentes. Pero la descripción de distintos pasos para culminar con un producto final, además de ser largo y complicado, implicó una especie de actitud religiosa frente a la naturaleza. Una verdadera filosofía natural que valoraba aspectos metafísicos que al romper con la lógica, se convertían en algo incomprensible pero con una función en especial.
Se ha teorizado que un grupo de personas con las mismas ideas, escribieron el Corpus Jubirianum, pero desde mi particular punto de vista, siempre debe haber un individuo que, sin condicionamientos, pueda poner orden al conocimiento. No sé hasta qué grado valga la pena poner en la mesa de discusión la existencia o mentira de la vida de un individuo. Esto es un misterio que no se podrá resolver. A final de cuentas, la fuente de un conocimiento válido no siempre reside en la mente de un individuo particularmente brillante sino en el seno más profundo de cualquier viejo libro.