J se irá mañana. Preferimos beber un último whisky en algún lugar público, a la cena romántica en casa (salpicada del inútil: todo lo que no te dije). Elegimos un lugar al que teníamos tiempo sin ir, un pequeño bar en el que el dueño te atiende personalmente, gusta de invitar bebidas de cortesía (gesto que agradecen los clientes invitándolo a su vez a sentarse con ellos), y en el que a cierta hora aparece una guitarra y se canta lo que el público pida. El lugar nunca estaba lleno, además no solía ser grande, apenas dos estancias salpicadas de fotos del propietario con famosos de cuatro décadas, una barra pequeña y un baño.
En los últimos dos años, Tlaxcala ha vivido un boom de chelas con camarón o camaroneras. No existe bar, por pequeño que sea, que no venda cerveza de tamaño familiar, preparada con varias salsas y enormes camarones para pelar (y/o pulpo) flotando en ellas. Reconozco que son deliciosas y que representan un rasgo importante de la tlaxcaltequeidad que demuestra que, a pesar de no tener ninguna playa, ni arquitecturas estrambóticas, ni flora tórrida y colorida, podemos ser tan exóticos como nos lo propongamos..... (+)