El Minero llegó a Tlaxcala para impresionar a la población, principalmente a los niños, que camina por el zócalo capitalino. Él viene desde Guadalajara, Jalisco, para ganar dinero en una actividad que no es propiamente la de buscar oro y plata en el subsuelo, sino para plantarse inmóvil de cuatro a ocho horas al día para cumplir su papel de estatua viviente.
Cubierto completamente con maquillaje color plata, con casco y lámpara en la cabeza, camisa de manga corta abierta y una pala en mano, José Luis Bedoya, de 25 años de edad, se convierte en el Minero, una estatua viviente que llama la atención de los transeúntes, quienes al depositar monedas en un bote que tiene frente a él, inicia una serie de movimientos como si estuviera levantando tierra con su pala y una serie de contorsiones que reflejan la elasticidad de su cuerpo.
Las estatuas vivientes utilizan su cuerpo como soporte para realizar su performance. Su cuerpo está caracterizado de acuerdo con el personaje que encarnan. Vestuario y maquillaje y, en algunos casos accesorios, son esenciales para la puesta en escena callejera. Esta consiste en una inmovilidad que se ve perturbada por breves momentos en que interactúan con el público que se detiene ante su presencia.
La inmovilidad de cada estatua viviente está minuciosamente estudiada, porque cada pose y cada movimiento llevan a otra pose.
En este arte callejero hay subdivisiones, entre las que se pueden mencionar a las estatuas clásicas, las que cronológicamente fueron las primeras en aparecer y son aquellas que representan a las típicas estatuas blancas de mármol; las estatuas de colores, que representan distintos tipos de personajes, ya sean “creados” por otros, generalmente personajes popularmente conocidos o por los mismos estatuistas. Otra categorización es la de las estatuas–performance, las que para realizar su rutina recurren a otra disciplina como por ejemplo trapecio, malabarismo, etc.
Expuesto a los rayos del sol, el Minero accede a dejar por unos minutos su personaje para explicar los motivos por los cuales se ha dedicado a este arte callejero.
–¿Qué es lo que representas?
–Estatuas vivientes.
–¿Por qué lo haces?
–Porque es mi trabajo.
–¿En qué consiste tu trabajo?
–Es arte de la calle, lo aprendí de un amigo de Europa y ahora lo hago en México en ferias, lugares turísticos, playas y antros, pero cuando no hay trabajo entonces voy a ciudades del interior de la República.
–¿Cómo te llamas?
–José Luis Bedoya, soy originario de Guadalajara y tengo más de cinco años representando estatuas vivientes.
–¿Por qué encarnas el personaje de un minero?
–Es el personaje con el que inicié, a mí me gustó mucho y a la gente también. Pero tengo varios personajes: de vaquero, de pirata, estatuas en blanco, entre otras, pero este (el Minero) es con el que la gente me identifica en lugares turísticos. Incluso algunos me dicen: te vi en tal lado.
–¿Qué te pones en el cuerpo?
–Es maquillaje vegetal y lo complemento con los accesorios que ocupo.
–¿Cuánto tiempo tardas en aplicarte el maquillarte?
–Aproximadamente 10 minutos, pero la despintada es más compleja porque me llevo media hora.
–¿Con qué te desmaquillas?
–Con agua y jabón arranca grasa porque lo que me pongo es maquillaje vegetal y después con jabón normal para que no pique el cuerpo. Al final del baño me pongo a hacer ejercicio para sudar y destapar los poros.
–¿Por qué decidiste venir a Tlaxcala?–, se le pregunta.
–En destinos turísticos me contratan algunas empresas, pero no ha habido trabajo por la crisis económica. En un empleo convencional no laboro porque pagan muy poco, de tal manera que me he decidido a recorrer la República para que a través de mis personajes obtenga dinero para vivir.
–¿Cuánto obtienes al día con las monedas que depositan los ciudadanos en el bote?
–Hay veces que me va bien y en otras regular.
–¿Qué sientes de que a la gente le llama la atención tu personaje?–, se indaga.
–Los niños por su inocencia son los que más se sorprenden y más cuando llego a lugares donde no hay este tipo de representaciones; la gente se acerca y siento bonito cuando hacen una rueda y te regalan dinero.
El Minero señala que él es uno de los precursores de este arte en México y que con el paso del tiempo más personas se han animado a trabajar como estatuas vivientes, pero lo que no aprueba es que copien los personajes de quienes fueron pioneros en el país.
–¿Cuántas horas trabajas al día?–, se le inquiere.
–De cuatro a cinco entre semana y hasta ocho horas el sábado y domingo.
–¿No te cansas por estar inmóvil mucho tiempo?
–Es un poco cansado, pero si lo disfrutas no se te hace tedioso estar en esa posición.
–¿En qué piensas cuando estás inmóvil?
–Debo concentrarme, es un hábito que desarrolla uno y sólo cuando alguien se te acerca te mueves y se asusta.
–¿Has sido objeto de agresiones o amenazas por representar ese personaje?
–Llevo una semana en Tlaxcala y no me han dicho nada las autoridades ni la gente. Las personas aquí son muy respetuosas y saben apreciar este arte, en otros lados, sobre todo en las ferias, hay borrachitos que nos ofenden, pero no les hago caso.
–¿Qué tiempo piensas quedarte en Tlaxcala?
–Pienso estar unos días más y posteriormente regresar en octubre a la feria.
El Minero estudió hasta el tercer semestre de la Ingeniería en Sistemas en Guadalajara.