El cambio climático ha sido el resultado de diversos factores, pero es un hecho comprobado que el más importante reside en la aplicación indiscriminada, temeraria y creciente de un pensamiento científico instrumental convertido en tecnología, consumo y finalmente cultura, modo de vida, american way of life. Con el tiempo, todo esto ha derivado en una crisis ambiental sin precedentes, dentro de la cual los propios trastornos climáticos representan en opinión de muchos expertos el mayor reto de los próximos años para la civilización tal como hoy la conocemos.
Si esto es así, surgen varias preguntas: ¿cómo conocer el fenómeno del cambio climático, sus efectos y riesgos desde una visión no convencional de ciencia? ¿Desde dónde construir nuevos enfoques de investigación y generación de conocimiento ante el retos que esta realidad nos ofrece? Si damos con las claves, el cambio climático estaría ofreciendo la oportunidad de un replanteamiento conceptual de todo el quehacer científico. Por lo pronto, para algunos académicos de reconocida autoridad, el enfoque de los sistemas complejos y la interdisciplina representa esta alternativa posible de una investigación científica a la altura de la complejidad de los tiempos. Nuestras universidades tienen así la inigualable oportunidad de realizar investigaciones interdisciplinarias sobre los procesos que se están dando entre la organización social y el cambio climático. Los estudios disciplinarios, si bien valiosos y necesarios, no son ya autosuficientes, sobre todo a la hora de apuntar hacia nuevos desarrollos alternativos.
Otro desafío digno de atención es el cultural, por cuanto afecta y fractura el sentido de identidad de la sociedad en general. Aunque apenas se comienza a percibir la profunda transformación que traerá el cambio climático al conjunto de la sociedad, la universidad –pública o privada, y si es en colaboración mejor todavía– requiere adecuarse rápidamente a la transformación de los nuevos contextos. El problema de fondo es complejo: caracterizar, en un entorno incierto, cuáles serían los escenarios de futuro para de ahí poder pasar a la construcción de modelos alternativos propios. Propongo que el camino debe ser recuperar desde abajo, desde la diversidad de lo local, desde una visión valiente y creativa, la multiplicidad de alternativas a escala humana que pueden ser opciones efectivas frente al cambio climático. En este sentido, la investigación de la universidad ante el cambio climático debe considerar al menos dos grandes escenarios: el primero se refiere a impulsar observatorios ambientales ciudadanos, que tengan la misión de registrar y discutir los acontecimientos tanto locales como mundiales sobre los efectos del cambio climático, y difundirlos ampliamente entre la población local; esto incluye el trabajo de redes independientes de científicos en diversas regiones de México y del mundo, en contacto permanente con colaboradores no científicos que oficien de observadores y auxilien en el registro de actos.
En segundo lugar, habría que desarrollar un decidido estímulo a la creación de tecnologías apropiadas y diseñadas para afrontar los impactos del cambio climático. Una de estas tecnologías es la relacionada con la captación de agua de lluvia mediante dispositivos que capten, almacenen y redistribuyan a nivel doméstico y/o barrial el agua colectada. Son indispensables investigaciones que establezca mínimos indispensables de consumo a nivel doméstico, así como desarrollo y aplicación de técnica para filtrado y redistribución del líquido. De similar manera, debe ser urgentemente atendida la generación de electricidad a nivel doméstico y a partir de fuentes como el viento o el sol. Y sin el propósito de agotar en esta entrega los temas más urgentes, está desde luego la investigación conducente a producir de alimentos seguros a nivel doméstico, para lo cual es necesaria una infraestructura de invernaderos que protejan los cultivos de granizadas, heladas, sequías y en general cambios climáticos extremos. Incrementar la investigación en hidroponia es para ello indispensable.
De la conciencia de las difíciles condiciones sociales y ecológicas que se avecinan y del avance tecnológico hacia proyectos sistémicos de futuro dependerá la sobrevivencia de la mayoría de la población mundial.