Algunos liderazgos del panismo se han sentido con tal poderío que no les ha bastado el proceso electoral para posicionar las campañas de sus candidatos a diputados federales, sino también han lanzado la de los precandidatos de 2010.
El trabajo de promoción electoral es realizado por estructuras paralelas al partido, cuyos militantes se ven desilusionados al no ser tomados en cuenta, aunque no reniegan de ellos y confirman que tendrán su voto.
La simultaneidad en distritos electorales en los que el candidato panista lleva suficiente ventaja tendrá consecuencias negativas porque les restará votos, algunos sufragios se irán a otros partidos políticos y otros más caerán entre los nulos o en blanco.
Los dirigentes municipales de uno de los distritos se quejan de que no son tomados en cuenta, sin embargo mantienen el compromiso de votar por su partido, aunque nadie ha ido a pedirles el sufragio, pero están convencidos de que ellos darán la victoria.
En otro de los distritos no se trabajan en dos estructuras, sino en tres y los militantes no alcanzan a comprender la intencionalidad de la tercera, aunque la adivinan y consideran que es demasiado temprano para competir en una justa que todavía no existe y que deberá esperar para el otro año.
La queja de los militantes es que las campañas no están sostenidas por el partido, sino por las redes de compadrazgo, no les cuesta aceptar que las redes familiares o vecinales sean el eje del proceso sino el desplazamiento del que son objeto.
Entre la mayor parte de los electores locales casi nunca ha importado el color del partido por el que ejercen su derecho de voto, lo vital ha sido la persona, el individuo, sólo que ahora se sienten autosuficientes que sueñan con que han creado su propia estructura.