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Martes, 16 de junio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Por qué anularé mi voto

 
LEONEL SAGAHÓN

Este 5 de julio asistiré a las urnas y anularé mi voto como lo haremos muchos. Lo anularé porque hacerlo no es lo mismo que abstenerse. Todavía me queda algo de nostalgia por los años y años en que deposité mi voto con entusiasmo ciudadano, y detesté la apatía de quienes simplemente se abstenían. Iré a las urnas y así avalaré las elecciones como alternativa democrática, pero no daré mi aval a ninguno de los que buscan mi voto para seguir medrando, gastando el presupuesto en su beneficio y desmantelando mi nación.

Democracia y elecciones no son lo mismo. La democracia es un estado de convivencia que en nuestro país intentó utilizar las elecciones como forma de representación de los intereses ciudadanos para administrar el poder, pero falló. Al anular mi voto hago una crítica a los políticos, a quienes detesto y que en definitiva no me representan.

Dicen que al anular mi voto estoy dejando en manos del “voto duro” de cada partido el resultado de la elección y que así ganarán los de siempre. Vote o no vote ganarán los mismos, los de los partidos grandes, cuyas tropelías son así de grandes y los de los chicos, que sólo están deseando crecer. Peor aun, los candidatos “ciudadanos”: actores, deportistas, artistas y académicos que creen que están usando a los partidos, cuando es totalmente al revés.

No tengo por quién votar, porque ninguno de los candidatos merece mi confianza. No votaré por un partido, porque hoy en día son instituciones nefastas que han demostrado representar los intereses más mezquinos de mi país. Muchos de los más siniestros personajes de la política llegaron al poder por el sistema de representación proporcional, es decir, que en realidad nadie votó por ellos, pero se beneficiaron de quienes votaron por su partido.

No votaré por un “proyecto de nación” que los políticos y los partidos no tienen. Los únicos proyectos de nación están en nosotros los mexicanos, y tienen que ver con la paz, la justicia, la dignidad, la solidaridad, el bienestar y la felicidad, pero los partidos son sordos y ciegos para asumirlo, porque en esos proyectos no caben el oportunismo, el pillaje y el saqueo.

Es falso que si no voto no tendré derecho a quejarme, reclamar, protestar o manifestarme. Desde hace años he votado, me he quejado y manifestado, y ahora anular mi voto es parte de mi protesta. Considero que el derecho de manifestación, de disidencia y de objeción de conciencia es legítimo e irrenunciable. Invito a todos a organizarse fuera de los partidos y ejercer la política, de manera democrática, más allá de las urnas.

He escuchado y leído muchos argumentos en contra de quienes anularemos; la mayoría provienen de quienes “viven” del presupuesto de las elecciones y entiendo la angustia que les provoca perder la legitimidad de nuestros votos y el dinero que reciben por ello. Pero ninguno de los argumentos pasa por la autocrítica y se limitan a prometer hacerlo mejor. Hace 20 años que vengo creyendo sus promesas, cada vez con menos fe, ¿por qué creerles de nuevo?, ¿acaso creen que soy estúpido?. Veo que ningún partido hará una autocrítica profunda y verdadera, de cara a un futuro mejor para México. Repudiar su cinismo es hoy, para mí, un acto de dignidad personal.

Es falso que si no votamos por alguien destruimos el orden democrático. Vean el desastre nacional, los miles de muertos en guerras no declaradas, mexicanos criminalizados por el narco, como si no fueran mexicanos también; sus viudas, mexicanas, sus huérfanos mexicanos. Mexicanas asesinadas o desaparecidas, bancarrota, crisis sanitarias mal manejadas... A los y las políticas de toda calaña les digo: junto a miles de mexicanos he construido un país, la democracia la han destruido ustedes.

Hace 20 años muchos jóvenes dejamos en manos de un proyecto de izquierda partidaria las banderas de nuestras luchas por un mejor país. Todo lo echaron a perder; ahora retomo aquellas banderas, y no pienso volvérselas a dar.

Este 5 de julio asistiré a las urnas y anularé mi voto de la manera más clara posible, para que a todo mundo quede claro que lo hago con mucha rabia y gran tristeza.

 
 
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