Si entendemos que la salud pública es el resultado del funcionamiento armónico de los diferentes organismos que integran el contexto vital de la Tierra, debe existir en los organismos vivos un medio interno fisiológico que regula la complejidad de los fenómenos físicos y químicos que interactúan como una respuesta a los estímulos internos y externos; entonces será complejo entender el concepto de salud humana, y mucho más el de salud pública, porque debe ser un estado de equilibrio en forma y función de todo el ambiente de la naturaleza, tanto los físicos como los orgánicos e inorgánicos. De este concepto inicial se desprende la fragilidad errónea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como un completo estado de bienestar físico, mental y social del humano, que podría traducirse como la ausencia de enfermedad. Este concepto no es comprendido por el sistema de salud de nuestro país si entendemos que Winslow definió a la salud pública como la ciencia y el arte de 1. Impedir las enfermedades. 2. prolongar la vida y 3. fomentar la salud y la eficiencia. Todo ello mediante el esfuerzo organizado de la comunidad. Para 1. Sanear el medio ambiente. 2. Controlar las infecciones transmisibles. 3. Educar a los individuos para conseguir higiene personal. 4. Organizar los servicios médicos para conseguir diagnósticos tempranos, tratamientos preventivos. 5. El desarrollo de un mecanismo social que asegure los diferentes niveles de vida para la conservación de la salud.
Si esta es la concepción teórica de lo que debe ser la salud pública, ¿qué pasa en México?, cuando la epidemia de influenza nos descobijó, nada de lo anterior parece haber ocurrido y para ello veamos algunos de los datos que sobresalieron y van a continuar sobresaliendo durante este suceso inesperado por la salud pública y que nos puso en evidencia ante el mundo:
El 16 de abril del presente año visitó Barack Obama, presidente de Estados Unidos, a nuestro espurio presidente mexicano. El grupo de avanzada de la comitiva de Estados Unidos se adscribió al de Seguridad del secretario de Energía Steven Chu, entre los que figuraba Marc S. Griswold, un militar avecindado en Anne Arundel, población cercana a Washington, este miembro de la comitiva vivió una semana en México, al regresar a Estados Unidos presentó tos, fiebre y contagió a sus hijos, en Washington se le diagnosticó influenza, se cerró la escuela donde sus hijos asistían, la prensa mundial difundió el suceso. Pero consideremos que Barack Obama hubiera sido el infectado. Sin embargo, la posibilidad se comentó, y Robert Gibbs, el vocero de la Casa Blanca en tres ocasiones debió declarar que el presidente estaba sano y que su médico de cabecera David Martin se obligó a hacer una declaración por escrito de su salud y lo innecesario de exámenes de diagnóstico. En tanto, en México no se daba a conocer o se detuvo la información de que teníamos influenza porque Obama no hubiera visitado nuestro país. Este hecho manifiesta que el presidente mexicano espurio logró hacer lo que ningún país musulmán, infiltró un virus en el círculo inmediato que rodea al presidente de Estados Unidos lo que no pudo hacer ni Osama Bin Laden, ya que el sistema de salud mexicano sabía de antemano que un mes antes hubo un brote de influenza en La Gloria, Perote, Veracruz; astuta o cínicamente lo callaron, no dieron aviso a la Casa Blanca; era mejor que viniera Obama, que visitara México y que ocasionalmente se enfermara.
El jueves 11 de junio la OMS elevó al nivel máximo de alerta sanitaria mundial, al número seis de alerta, considerando que la influenza es una pandemia. Nuestro Sistema Nacional de Salud, que ya demostró que es ineficaz e inoperante, dice que tienen controlado el problema médico social, que ya no tiene casos de muerte y que la epidemia en México está controlada; ¿usted, como yo, les cree algo?. Estados Unidos tiene más casos, menos muertos pero en todo el mundo hay casos, y nuestro presidente especuló públicamente con sus gritos de aparente suficiencia que la salud pública mexicana salvó al mundo. ¿Qué podremos hacer ahora que en Hermosillo jalamos la cobija y se nos descubrieron los pies, nuestros servicios de Salud son la demagogia más insultante que pueda verse, no corresponde a la Secretaría de Salud verificar que las guarderías funcionen correctamente, no corresponde al gobierno federal certificar al menos que éstas funcionen sin la temeraria introducción de rentas exorbitantes para los funcionarios estatales y federales que aprovechan sus seis años de poder para mantenerse enriquecidos, no corresponde al Instituto Mexicano del Seguro Social que sus guarderías funcionen correctamente, estamos a la buena de dios y si dios existe estamos en la mala de él.