Entre los jóvenes y universitarios hay una invitación reiterada a votar en blanco en las elecciones del próximo mes de julio. El duopolio televiso puso el tema en la mesa y, por otros medios y propósitos, académicos y editorialistas han regado sobre mojado. La información respectiva circula fluidamente por la internet, medio utilizado por una de cada cuatro personas de 6 años o más. El contexto del voto nulo es la poca identidad que tenemos con los partidos políticos; la ausencia de comunicación, representación y confianza con las políticos electos a través del sufragio; la pérdida de legitimidad de los órganos electorales y la permanente traición de los gobernantes a los planes y programas comprometidos en la campaña electoral. Así, siete de cada 10 ciudadanos consideran altamente probable que no sufragarán en los próximos comicios; ninguno de los partidos tendrá mayoría absolutas de los votos emitidos, y menos de un tercio de los ciudadanos se identifica con algún partido y votará por él, y ocho de cada 10 ciudadanos tienen al menos un partido por el que nunca votarían.
Las elecciones y la política le interesa poco o muy poco a uno de cada dos ciudadanos del municipio de Puebla, y tres de cada cuatro tiene una valoración negativa de la política. De cada cuatro ciudadanos, a uno no le interesa votar en las próximas elecciones, y a tres, sí. Del 75.7 por ciento de ciudadanos que dice que si les interesa sufragar, 39.5 por ciento ya definió su voto y 36.2 por ciento pueden cambiar de opción electoral. De los ciudadanos que dicen que acudirán a las urnas, el 57 por ciento lo hará para votar por un partido; 7.7 por ciento votará en blanco y 11 por ciento aún no decide que hará. El porcentaje del voto nulo o blanco es significativo, es casi el triple de la diferencia de votación entre la primera y segunda opción electoral y es igual al voto de cinco partidos (PVEM, PT, Convergencia, Panal y PSD).
A quien beneficia que uno de cada 13 ciudadanos acuda a las urnas a anular su voto; sobre todo, a los partidos que antes fueron agraciados con ese voto y ahora generan desencanto, ya sea por lo que las políticas económicas asumidas; por la crisis económicas; por la corrupción e ineficiencia administrativa; por la inseguridad y violencia asociada al ejercicio del mandato gubernamental. A medida que hay un mayor interés por la política y los procesos electorales, hay una probabilidad de voto hacia el PRI más alta que la del PAN. De cada 100 ciudadanos que votarán en blanco el próximo 5 de julio, más de la mitad votó por Felipe Calderón en el año 2006 y, en noviembre de 2007, eran sólo 18 los que sufragaron PAN; por cada 100 ciudadanos que votarán en blanco esta vez, sólo nueve e identifican con el PAN. La mayoría de los sufragantes del voto en blanco son los llamados votes útiles del 2006, que ahora reniegan de esa opción pero no sufragarán por otro partido.
De los ciudadanos que votarán en blanco, dos son hombres y uno es mujer; su promedio de escolaridad es alto, de 14.2 años (dos años más que el promedio de ciudadanos); el 42 por ciento de ellos accede a noticias a través de los impresos y el internet (12 por ciento es el promedio de los ciudadanos); dos de cada tres de ellos tienen mucho interés por la política; nueve de cada 10 tienen una valoración negativa de la política; cuatro de cada cinco no se sienten representados por los partidos y su patrimonio es más alto que el común de los ciudadanos. De tres ciudadanos que votarán en blanco, uno puede cambiar su decisión en tanto que dos dicen que no lo harían. Si el escenario de participación equivale al 30 por ciento de la lista nominal de electores, el partido que tenga 16 por ciento de la lista nominal sería el de mayoría absoluta, hecho que no se registra en esta ocasión; el que gane lo hará con menos de dos puntos de diferencia respecto a la lista nominal y, los votos nulos, por pocos que sean, determinarán al ganador.