UUna nota más, perdida entre las notas de interiores, sin ninguna posibilidad de pasar a las primeras planas; una más entre las que referían visitas presidenciales, los actos de gobierno, los actos meramente protocolarios.
Seguramente fue utilizada únicamente como nota de relleno en algunas redacciones. Obviamente no fue precedida de avisos oficiales ni de invitaciones previas, no mereció tampoco ninguna crónica sabrosa por parte de los periodistas que laboran en los medios polémicos, picudos, incisivos, de esos que buscan con éxito los gestos y los significados ocultos, las analogías, las discordancias, las coincidencias.
Y eso que lo que se conmemoraba en Veracruz era un acontecimiento de singular importancia en la historia del México casi contemporáneo, casi, casi contemporáneo pero a la vez tan distinto; remembranza de un acontecimiento digno de aquel México que fuera ejemplo mundial por su infinita vocación –ahora olvidada en algún cajón de trebejos y de cosas inútiles– por acoger, por recibir y ofrecer una hospitalidad singular y sin restricciones a los perseguidos políticos de todo el mundo, pero de manera muy significativa a aquellos que venían huyendo de la represión fascista en España, aquellos que fueron las primeras víctimas y los primeros sobrevivientes de la puesta en marcha, de la puesta a prueba del nazi–fascismo. La península española había sido un sangriento campo de experimentación para las potencias mundiales que se enfrentarían posteriormente en la Segunda Guerra Mundial.
El Presidente Lázaro Cárdenas abrió las puertas de México para aquellos a quienes se conoció simplemente como “refugiados”, hace ya siete décadas, justamente 3 meses antes –primera coincidencia– de que se fundara el Partido de (re)Acción Nacional, y muy poco tiempo antes de que estallara el segundo conflicto bélico mundial del Siglo XX. Nacimiento de un partido que reeditaba a una de las dos posiciones políticas tradicionales de la historia mexicana, liberales y conservadores, y que formaba parte también de las estrategias de posicionamiento político mundial ante la polarización ideológica que se avecinaba.
La migración española a partir del 39 imprimió una huella profunda en la vida política y académica de nuestro país. Casi podríamos agradecer a Francisco Franco, a Hitler y a Mussolini, haber provocado que una corriente tan valiosa de emigrantes llegara a ofrecer a los mexicanos un caudal de conocimientos de tal magnitud que marcaron la segunda mitad del siglo pasado e imprimieron su huella en muchas de las mentes juveniles que tuvieron la oportunidad privilegiada de aprender de ellos.
Y debo limitarme al decir que “casi agradecemos” porque el dolor provocado por la dictadura franquista a miles y miles de familias españolas impide expresar cualquier satisfacción por las consecuencias de tan sanguinaria represión.
Y volviendo al tema, en el acto conmemorativo de la llegada del primer barco español con refugiados estuvo presente el Secretario de Gobernación Felipe Gomez Mont, quien en su discurso se refirió a aspectos de la coyuntura política actual, y ya casi como de refilón, expresó que “el exilio español demostró que la ausencia de la democracia implica un costo tan grande que miles estuvieron dispuestos a abandonar la realidad (sic) más entrañable a cambio de la simple promesa de vivir en libertad y en democracia”.
¡Vaya explicación simplista y carente de reflexión!
Los españoles refugiados abandonar su tierra, sus posesiones, sus familias, sus amigos porque de no hacerlo así corrían el grave riesgo de perder la vida. Muchos enviaron a sus familias, a sus hijos, por delante para seguir combatiendo al fascismo en su país. Muchos perdieron la vida. Muchas familias se desintegraron para siempre y otras no volvieron a de sus familiares por décadas.
Pero de una simple reflexión saltaría el hecho de que hoy un prominente funcionario panista acepte y reconozca que aquellos españoles vinieron a México en busca de la promesa de vivir en libertad y en democracia. ¿Acaso eso significa que el PAN actual acepta que en el México de 1939 se vivía en libertad y en democracia? ¿Qué había libertad y democracia tres meses antes de que se fundara ese partido? ¿Qué había libertad y democracia durante el odiado (por ellos) cardenismo, tan criticado en su tiempo?
Cosas veredes, Sancho amigo.
Sirva la ocasión para agradecer a todos los maestros de la Universidad de Puebla, provenientes del exilio español, sus valiosas enseñanzas. Y a quienes no fueron maestros, por su amistad, sus consejos, su ejemplo. ¿Nombres? Mejor dejarlos en la memoria de los lectores antes que correr el riesgo de cometer una injusticia motivada por un involuntario olvido.