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Jueves, 11 de junio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ESTÉTICA Y SALUD  

Un estado anímico llamado depresión

 
ISRAEL LEÓN O’FARRILL

La depresión mayor está por colocarse entre las principales causas de enfermedad a nivel mundial. La interacción de factores biológicos (llamados vulnerabilidad genética) hacen que una persona sea más proclive a deprimirse ante presiones externas e incluso sin ellas, esto posiciona a la depresión como un problema de salud pública. Las concepciones equivocadas sobre las enfermedades mentales y la ignorancia sobre los tratamientos disponibles contra la depresión contribuyen a la reticencia de muchas personas a buscar ayuda. Estudios recientes señalan que muchos hombres carecen de conocimientos sobre lo que es una enfermedad mental y su temor principal es el de la “perdida”, cuando un doctor les dice, usted necesita un antidepresivo, tienen temor de terminar en un hospital psiquiátrico.  

Uno de los principales obstáculos para determinar cuál es el mejor curso a seguir en el tratamiento de la depresión o de cualquier otro desorden anímico, es la ausencia de un entendimiento integral de las causas orgánicas de la enfermedad, lo que obliga a descansar únicamente en la eliminación de los síntomas como principal indicador de mejoría. Hasta el momento, no existe una forma objetiva para evaluar el estado de la enfermedad subrayado por la persona con depresión. Por ejemplo, a diferencia de otras enfermedades, en las mentales no hay un estudio de laboratorio o un estudio  radiográfico que indique si el tratamiento está controlando los síntomas o curando la enfermedad.

El cuadro clínico de la depresión mayor varía de un episodio a otro en cualquier persona que lo padece. Esto hace suponer que en la condición de depresión mayor hay una causa común, pero que intervienen diferentes tipos de neurotransmisores (sustancias químicas con las cuales se comunican las neuronas) en varias regiones del cerebro. Aunque no se han encontrado anormalidades específicas en los genes que controlan los neurotransmisores o en la síntesis o liberación de hormonas, se ha identificado con certeza que, tanto la depresión mayor como el desorden bipolar son claramente heredados. Sin embargo, no existe claridad sobre como la predisposición genética interactúa con las experiencias tempranas de la vida para alterar el desarrollo del cerebro llevándolo a la depresión mayor.   

Los ataques de depresión suelen ocurrir en periodos de gran estrés, esto incluye al estrés fisiológico, en episodios de enfermedad como los accidentes cardiovasculares o cerebrales, y al estrés psicológicos como cuando hay divorcios, pérdida de alguien querido, o se enfrenta a una incapacidad. Las manifestaciones pueden ser físicas como mentales: síntomas de dolor, fatiga, sensación de presión interna, mareos y malestar, o pérdida del interés o del placer en hacer cosas, sentimiento de desesperanza y decaimiento. Si más de dos o  tres de estos síntomas tiene una duración de mayor a dos semanas se podría estar hablando de un episodio de depresión. Esta situación crónica suele desarrollar múltiples problemas, que limitan la capacidad de convivir en sociedad, y empeora conforme van deteriorándose los niveles de salud física y psicológica.

Se ha reportado que en personas con depresión mayor por causa de situaciones estresantes es muy común encontrar la presencia de alteraciones en los genes que codifican la proteína que participa en el trasporte de la serotonina. La serotonina es una sustancia química del sistema nervioso central con la cual se comunican las neuronas (neurotransmisor) y está relacionada con funciones como el apetito, la vigilia, la sexualidad y los estados ánimo.  Aunque en la depresión hay también otros sistemas de neurotransmisores que presentan una mala regulación, la serotonina es la que más se vincula con la depresión mayor. Sin negar lo anterior, las nuevas investigaciones están enfocadas en las vías nerviosas y en el daño permanente que pueden sufrir los circuitos cerebrales debido a respuestas exageradas al estrés, ocasionadas por predisposición genética, exposición prolongada al estrés o incluso un único acontecimiento traumático.

Muchos hombres con depresión sufren en silencio debido a que sus síntomas no son los tradicionales, a la percepción que se tiene sobre las enfermedades mentales y a la presión cultural, donde todo esto actúa como una barrera a la hora de buscar atención. Estudios recientes han encontrado que los hombres pueden no presentar los síntomas tradicionales, pueden ser menos propensos a reconocer que tienen un desorden, y pueden ser más reacios a buscar ayuda. Debido a estas barreras, el hombre que no busca ayuda o cuya depresión se mantiene sin diagnóstico por lo general no recibe alivio de sus síntomas depresivos y puede “actuar al margen”, pudiéndose hacer daño a él y a otros.

Los tratamientos más efectivos hasta el momento son aquellos que han logrado combinar la medicación con la terapia hablada. La terapia cognitiva–conductual (una forma de psicoterapia en la cual el profesional de la salud ayuda a la persona a identificar como la visión distorsionada de si mismo puede estar contribuyendo a sus problemas, además ayuda a desarrollar instrumentos para vencer problemas en el futuro) ha demostrado ser tan efectiva como la medicación para el tratamiento de la depresión leve y moderada. La combinación de estas dos terapias perecen ser la mejor opción.  

 

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