Considerada como una exposición que sentará precedente en los inicios del siglo XXI, por ser el Museo Amparo la primera institución mexicana a la que el Centro George Pompidou, de París, Francia, presta una colección tan valiosa de fotografías vintage, además porque el surrealismo ha sido un tema no explorado en este país, desde la gráfica, abre sus puertas en Puebla, el viernes 12 de junio a las 19 horas, El sabotaje de lo real: fotografía surrealista y de vanguardia. Visiones cruzadas entre México y Europa desde los años 20 a los 60 que reúne a grandes artistas, como André Kertèsz, Brassaï, Man Ray, Maurice Tabard, Eugé Atget, Henri Cartier–Bresson, Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo, Tina Modotti, Kati Horna, Juan Crisóstomo Méndez, y Nacho López, entre otros.
Distribuida temáticamente en tres ejes: “Poética urbana”, “Cuerpos desacordados” y “Cosas soñadas”, la vasta muestra agrupa un total de 158 fotografías provenientes de la colección permanente de ese museo, además de 71 imágenes de instituciones públicas y colecciones privadas de México que el Amparo seleccionó e integró para enriquecer la exposición.
Por tal razón, Miguel Cervantes, a cargo de la museografía, y José Antonio Rodríguez, historiador, ofrecieron una rueda de prensa en las instalaciones del museo, con la compañía de su director Roberto Gavaldón, para hablar de la importancia y el significado que representa la muestra en México.
“Es una exposición única, excepcional. Un conjunto semejante de fotografías no se había presentado en ninguna parte del mundo y, por ello, para poderla contemplar se necesita de cuando menos tres visitas”.
A manera de antecedente, explica que el movimiento surrealista surge en Europa, tras la crisis de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Soviética. En ese entonces, intelectuales, artistas y la sociedad en general necesitaba un cambio profundo, porque la guerra había mostrado la cara más oscura. En el arte, el posromanticismo estaba proponiendo una renovación del lenguaje para relacionarse de otra manera con el público.
“Los surrealista surgen como un rechazo al realismo académico, al realismo de aceptar las cosas como son. Cuestiona y sabotea lo establecido. En su periodo de mayor intensidad, se descubren muchas cosas y es ahí cuando Freud hace una enorme revolución al descubrir el inconciente y su importancia en la mente humana, y retrata de otra manera los sueños, y esto se refleja en el cine, la pintura, la literatura, la música.
“El surrealismo inició esta forma en que se dio el arte en el siglo XX, que fueron las vanguardias: ir adelante, renovar, decir algo nuevo. Fue profundo en el mundo de las ideas y en el mundo de las expresiones artísticas.
“Los grandes pensadores del movimiento descubrieron una nueva manera de enfocar la realidad, en obras ya hechas para ver formas nuevas, porque existe una necesidad de lo poético, de la revelación y de lo maravilloso, donde no lo hemos visto. Fue una de las grandes transformaciones de la sensibilidad artística del siglo XX”.
Tras un breve recorrido que ofrecieron a los medios de comunicación, pues la exposición es muy vasta y todavía está en proceso de montaje, se pudo apreciar que las imágenes son de formato pequeño, pero de una enorme calidad. Al respecto, hay que recordar que en su mayoría son primeras impresiones, realizadas por el propio artista.
En las primeras tres salas destacan fotografías de Lola Álvarez Bravo con una serie de desnudos masculinos a Juan Soriano; la icónica imagen de La buena fama durmiendo y Dos pares de piernas, de Manuel Álvarez Bravo, otra colección titulada Teatros del crimen, con obras de Jacques André Bolffard, imágenes de Remedios Varo y Leonora Carington, de Kati Horna; otras joyas de Cartier–Bresson, un desnudo de Lupe Marín, La gorda, de Antonio Reynoso, Eisenstein con calavera, de Agustín Jiménez, y dos grafittis increíbles de Brassaï.
¿Cómo se integró la fotografía mexicana al surrealismo europeo?
Históricamente en los años 20 y 30, muchos de los fotógrafos mexicanos estaban muy al tanto de las vanguardias artísticas, como Manuel Álvarez Bravo, uno de los surrealistas más sensibles, a quien descubren los europeos.
En ese tiempo, expuso, “en México ya se hacía el trabajo sin que fuera estrictamente considerado surrealista, como se aprecia en las imágenes originales de Juan Crisóstomo Méndez, un hombre notable de la época. Ver sus obras originales ha sido una experiencia estupenda”.
“La muestra abre nuevos campos en la historia de la foto en México”
En tanto, el investigador José Antonio Rodríguez, autor de uno de los textos que se incluye en el libro–catálogo que se imprimió a propósito de la exposición, precisó que la colectiva tiene dos líneas: la vanguardia y el surrealismo.
“Como historiador tenemos muchas lagunas en la historia de la fotografía mexicana, y una de ellas es ¿qué había sucedido con la vanguardia y el surrealismo en este país, desde la visión de la gráfica?, por cierto, un análisis que no existía y que nos habíamos tardado en hacer; no obstante, sabemos que siempre estuvo al nivel de la internacional”.
“Un proyecto de esta naturaleza está abriendo muchos campos para la propia historia de la fotografía en México, pues vincula y analiza el desarrollo en paralelo de la vanguardia mexicana con la francesa”.
Rodríguez adelanta el público que conocerá la etapa surrealista de Nacho López, poco difundida, así como la obra original de Brassaï, Man Ray y Maurice Tabard, que “por primera vez se exhibe en México”.
El sabotaje de lo real incluye obra original, como El violín de Ingres, realizada en 1920 por Man Ray. Se trata de la espalda de una mujer que semeja un violín, una imagen de Lupe Marín, que Cartier–Bresson prohibió publicar, y fotografías del mexicano Agustín Jiménez, quien retoma la vanguardia alemana, rusa e incluso a la francesa para hacer su propia versión.
La exposición que alberga la obra de 40 artistas fue curada por Ángeles Alonso Espinosa y el francés Quentin Bajac, y estará en exhibición hasta el 31 de agosto, en el Museo Amparo (2 Sur 708, Centro Histórico).
El día lunes es gratuito.