La familia de José Leoncio Gómez Vázquez le enseñó que una práctica más antigua de los pueblos es la siembra, pues a través del trabajo de la tierra se producen los alimentos de las personas y por ello desde pequeño se dedicó a esta actividad, con la cual obtenía buenos ingresos para ayudar a sus padres al sustento del hogar.
Sin embargo, conforme pasaban los años se dio cuenta que ser campesino ya no le daba buenos resultados, debido a que ya no recibía apoyos por parte del gobierno del estado de Puebla y las siembras ya no eran como al principio.
Después de darse cuenta que la siembra y el trabajo en el campo ya no eran rentables y, en consecuencia ya no podía sostener a su esposa, decidió salir de Puebla para buscar un nuevo empleo en Tlaxcala. Pasaron varios meses y por fin una empresa textil lo contrató como obrero.
Leoncio manifiesta que ese trabajo era de su agrado porque le gustaba contribuir a la producción de cobijas y saltillos que se hacían en la fábrica donde laboraba, en virtud de que los turistas llegaban y compraban lo que él hacía.
“A mí me gustaba mucho trabajar en la fábrica, porque hacía productos textiles junto con mis compañeros, como son las cobijas y los saltillos, principalmente. Eso me satisfacía porque gente de otros estados venían y compraban la mercancía”.
Empero, después de cuatro años de laborar en esa industria, las cosas se complicaron porque los patrones empezaron a recortar personal como resultado de que ya no veían los mismos ingresos que al principio, pasaron algunos meses y desafortunadamente despidieron a Leoncio.
“Cuando empezaron los despidos, pensé que ya me había salvado, porque iban a dejar a muy pocos, pero meses después me corrieron, bueno a mí y a otros, por lo que me quedé sin empleo”, rememora.
Al quedarse sin trabajo, las cosas se empezaron a dificultar en su casa, pues los gastos para mantener a su familia iban en aumento, ya tenía tres hijos y su esposa por los que tenía que ver y mantener, continúa su relato Leoncio, quien expresa que en medio de esa adversidad buscó empleo en otras empresas textiles, pero no tuvo la fortuna de ser contratado.
“Ahí fue cuando me vi en la necesidad de dedicarme a la venta de papas fritas en las principales calles de Santa Ana Chiautempan y como no podía solo con los gastos de la casa, mi esposa me ayudó realizando la misma actividad, pero en diferentes puntos de esta ciudad”, señala Leoncio.
“Como no encontré trabajo, me tuve que dedicar a la venta de papas fritas, pero primero era yo solo, después como no me alcanzaba para cubrir los gastos, mi esposa decidió ayudarme, pero ella se ubica en otra esquina”, insiste.
Leoncio Gómez dice que lleva alrededor de seis años en esta actividad del comercio informal, pero él no ha escapado a los efectos negativos de la crisis que afecta al país, ya que las ventas han bajado drásticamente. “Antes la gente consumía papas fritas, principalmente los días de quincena, pero ahora ya no es lo mismo.
Llevo dedicándome seis años a la venta de las papas, pero esto es como todo, las ventas han estado bien flojas, cada día se complica más, pues la gente con sus quincenas compraba y ahora ya no”.
Leoncio asegura que al día vende alrededor de 40 bolsas de papas, la cuales da a 5 pesos cada una y con ello gana 200 pesos o a veces más.
–¿Cuánto gana vendiendo sus papas al día?.
–A veces, entre semana si me va bien me llevo 200 pesos o un poco menos, pero esto la verdad sí es poquito porque antes vendía mucho más.
–¿Y su esposa cuánto llega a vender al día?
–Ella vende la mitad y eso que estamos en un buen lugar para vender las papas.
–¿Tendría mejores resultados si baja el precio de la bolsa de papas?
–No, la papa ya esta más cara y por eso no podemos disminuir ni aumentar el precio, aunque la demos a 6.50 pesos tampoco sale, porque la competencia la da más barato y no es ganancia.
–¿Cree tener mucha competencia? –se le pregunta.
–Sí, porque la gente como yo tenemos que buscar una ocupación para llegar con dinero a nuestro hogar y en casi todas las esquinas hay puestos de papas y no precisamente son de mi familia.
–¿Cuánto paga al municipio por ser comerciante ambulante? –se le inquiere.
–Le doy un pago al administrador del mercado, creo que son 10 pesos lo que le tenemos que dar al día, es poquito lo que le tenemos que dar a las autoridades, pero aun así nos va mal porque sacamos muy poquito en las ventas.
–¿Sale a las ferias a comercializar su producto?
–Sí nosotros salimos, si no imagínese, a veces vamos a las ferias en las que sabemos que sí hay ventas, como en la de Ocotlán, o a veces aquí mismo en las ferias de Ixcotla, Muñoztla, aunque también existe mucha competencia.
–¿Cuál es el día en el que obtiene más ganancias?
–Ya ni se sabe, porque el turismo ya no llega como antes y la gente, le vuelvo a repetir, ya casi no nos compra”.