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Lunes, 1 de junio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

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Descrédito electoral

 

 
 
ENCUESTA
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    Sergio Cortés Sánchez

    ¡Felicidades, Pumas!

     

    El Instituto Federal Electoral (IFE) es el organismo público encargado de organizar las elecciones federales de diputados, senadores y de presidente de la República bajo los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad. Sesiona desde 1990, pero es hasta el año de 1996 cuando formalmente se independiza del Poder Ejecutivo federal y los Consejeros Electorales son los que formalmente lo dirigen. Desde entonces ha tenido tres presidentes: José Woldenberg (1996–2003), Juan Carlos Ugalde (2003–2007) y Leonardo Valdés (2008–a la fecha). Proponer consejeros electorales es exclusividad de las fracciones parlamentarias acreditadas en la Cámara de Diputados y la elección del consejero presidente requiere de las dos terceras partes de los votos de los diputados federales. No se puede ser Consejero, si los partidos no avalan su designación.

    El momento de mayor credibilidad del IFE fue en la elección federal del año 2000, donde los votos se contaron de acuerdo a la voluntad ciudadana depositada en urnas. Con el arribo de los panistas, nuevamente fue coptado ese órgano electoral y utilizado para los intereses del ejecutivo federal, perdiendo la credibilidad lograda bajo la presidencia de José Woldenberg. En la elección federal de 2006 fue obvia la complicidad de Carlos Ugalde con el ejecutivo federal al negarse al recuento de los votos de aquellas casillas que presentaban anomalías. Leonardo Valdés Zurita ha actuado con las mismas ataduras y compromisos y se ha negado a sancionar las recurrentes violaciones de Televisa al Código Electoral Federal. Entramos a un proceso federal con un árbitro de dudosa honorabilidad; una crisis económica que nos cala mucho y a muchos y un presidente ilegítimo que pretende ganar los comicios federales con el Ejército, los tuzos del Pachuca y la mordaza de la influenza.

    Son muchas las instituciones corresponsales de la ausencia de motivación para participar electoralmente, una de ellas es el IFE, a quien le compete la “promoción del voto y la difusión de la cultura democrática” y que con sus actos, trasgrede la letra y el espíritu de la encomienda. Nuestra desconfianza no se limita al IFE, el pasado mes de marzo aplicamos una encuesta telefónica en el municipio de Puebla y el 69 por ciento de los ciudadanos confía poco o nada en el Poder Ejecutivo (presidente de la República, gobernadores, presidentes municipales); el 81 por ciento dijo lo mismo de los diputados y senadores; el 63 por ciento se manifestó en los mismos términos acerca de los jueces y el 61 por ciento dijo que confiaba poco o nada en los partidos políticos. A los damnificados de la globalización habrá que agregar a los desencantados del voto útil, a los desilusionados de la alternancia, a los desempleados de la actual crisis y a la numerosa población que vive en pobreza extrema. Se cree poco y en muy pocos y los políticos son los de menor credibilidad.

    En los tres últimos lustros hemos aplicado una batería de preguntas sobre procesos electorales a ciudadanos radicados en el municipio de Puebla; la mayor parte de las encuestas fueron realizadas telefónicamente, otras, cara a cara. Tres preguntas han sido las más frecuentes: interés por votar; certeza en la votación y confianza en el IFE. Este año son mayoría absoluta aquellos que manifiestan poco o ningún interés por votar; los que desconfían mucho o algo del IFE y los que afirman que el sufragio no se respeta.

    En el año 2000, el 17 por ciento de los ciudadanos encuestados por teléfono dijo que era poco o ninguno su interés por votar, este año fue el 54 por ciento; A la pregunta sobre la confianza en el Instituto Federal Electoral, el 49 por ciento dijo que poco o nada en el año 2000 y 59 por ciento dijo lo mismo este año. A la pregunta sobre si se respeta o no el voto, el 45 por ciento de los ciudadanos dijo que no en el año 2000 y el 53 por ciento afirmo lo mismo este año.

    Las encuestadas aplicadas cara a cara en las viviendas de los ciudadanos tuvieron un registro similar. A la pregunta sobre el interés ha participar en las próximas elecciones, el 19 por ciento dijo que poco o nada en el año 2000 y ahora dijeron lo mismo el 55 por ciento. En el año 2000, el 36 por ciento dijo que tenía poco o ninguna confianza en el IFE, ahora es el 56 por ciento quien lo afirma y aquellos que no creen que el voto se respete era el 44 por ciento en el año 2000 y ahora es el 52 por ciento.

    El descrédito mayor del organismo electoral y la desmotivación para votar están asociados al fraude electoral del año 2006. Hubo un presidente ungido que ha tratado de legitimarse combatiendo a los narcotraficantes con el ejército y esa es la principal divisa usada para ganar la mayoría parlamentaria. Muy pocos creen en la bondad de las acciones del Ejecutivo federal y son muchos los que se consideran excluidos de sus programas de gobierno. No hay fundada razón para votar, al menos por ese partido.

     
     
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