Este sábado el alcalde suplente de Izúcar de Matamoros, Arturo Herrera Velásquez, cumplirá una semana fuera del municipio que dice gobernar, pues desde el pasado 23 de mayo está en la capital del estado –en Casa Aguayo– tratando de resolver el conflicto en ese lugar.
Por segunda ocasión en menos de un año, Izúcar de Matamoros de nueva cuenta tiene en funciones a dos presidentes municipales: a Herrera Velásquez y a Rubero Galileo Suárez Matías, quien fue “electo” el miércoles por los regidores de ese cabildo tras haber destituido al cuñado de Rubén Gil Campos el miércoles.
Aunque Suárez Matías no ha sido reconocido por el Congreso del estado sí cuenta con el aval de la Secretaría de Gobernación estatal, ya que el subsecretario de Asuntos Políticos, Joe Hernández Corona, dio por válida la sesión extraordinaria del cabildo izucarense que destituyó a Herrera.
Suárez Matías se comprometió a distribuir y ejecutar la obra pública que no habría realizado el edil suplente, pues eso fue lo que le exigieron los inconformes.
Por lo pronto, en medio de la disputa por el poder, el nuevo edil izucarense reactivó los servicios públicos, los cuales comenzaron por el retiro de las montoneras de basura que hasta ayer permanecían en el zócalo de esa ciudad y las calles aledañas; el parque principal fue limpiado, luego de que fue utilizado como baño público por algunos habitantes.
En tanto, el secretario de Gobernación, Mario Montero Serrano, sostuvo que el dialogo entre las partes en conflicto continuará, pero subrayó que de parte de su oficina habrá respeto absoluto a la autonomía municipal en esa demarcación.
“Sabemos que el cabildo tomó decisiones que hemos observado y no están consideradas y planteadas en la ley, lo que obligará a que se reoriente en el seno de este cabildo. Esperamos una posición mesurada de las partes con la idea de construir y no de destruir, por lo que el alcalde y el interino lleven a cabo pláticas y se retome el trabajo en Izúcar”, afirmó el funcionario.
Sólo fue una manifestación
Lo que comenzó por una manifestación pacífica el sábado pasado en contra de Herrera Velásquez y su administración terminó convirtiéndose en un plantón indefinido en la Casa Colorada, sede del poder municipal, y en una parálisis de servicios públicos municipales, aunque estos ya fueron reactivados por instrucciones de Suárez Matías.
Ese día, los inspectores y presidentes de barrios y colonias del municipio mixteco estuvieron acompañados de sus vecinos y marcharon por las calles de la ciudad para exigir al edil que cumpliera sus compromisos de dotar de obras y programas de desarrollo social a sus comunidades.
Al llegar frente a la Casa Colorada los ánimos se incendiaron, y lo menos que hubo para Herrera Velásquez fueron mentadas de madre; en las demarcaciones molestas con el alcalde comenzaron a tocar las campanas –incluso fueron tocadas las de la iglesia de Santo Domingo, junto al Palacio Municipal– y la gente salió con machete en mano para sumarse a la protesta.
Hasta el zócalo llegaron los representantes del sector comercial de Izúcar de Matamoros para apoyar con comida “y con lo que fuera necesario” para concretar la salida de Herrera.
El cuñado de Rubén Gil intentó hablar con los manifestantes y tomó un micrófono conectado a un altavoz. Apenas se lo estaba colocando cuando un hombre le gritó: “¡No te lo vayas a chingar también!”, con lo que inició una serie de rechiflas y consignas en contra del edil; enardecidos, comenzaron a patear puertas y se intentó quemar el portón principal. Herrera Velásquez salió huyendo y desde entonces no se le ha vuelto a ver en esa ciudad.