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Viernes, 29 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La memoria histórica de la sierra a través de  la foto de Aparicio Guerrero y Guerrero Bravo

 

Parte de la colección El Calandrio  / Fotos Cortesía de Adriana Ramírez Salgado
ALONSO FRAGUA

Durante la primera mitad del siglo XX, el municipio serrano de Tlatlauquitepec era una comunidad vibrante, ejemplo de progreso y desarrollo en el estado, lo cual puede ser comprobado a través de la obra de dos de sus habitantes, los fotógrafos Gilberto Aparicio Guerrero e Ismael Guerrero Bravo. Gracias a las miles de imágenes que ambos dejaron como legado, hoy es posible observar las similitudes entre la infraestructura y el estilo de vida de la citada comunidad con las de la capital poblana o incluso el DF, según cuenta para este medio Adriana Ramírez Salgado, promotora de la obra de los fotógrafos y descendiente de ambos.

En 2004, casi por casualidad, Ramírez Salgado descubrió el archivo de Gilberto Aparicio Guerrero, su bisabuelo materno, y el cual consta de cerca de 16 mil piezas entre negativos y positivos, la mayoría en blanco y negro. Además, el cuarto oscuro y un par de habitaciones más del fotógrafo serrano albergaban gran cantidad de revistas, libros y otros documentos que dan fe de la pasión del artista por su comunidad y su labor.

Lo que empezó como un compromiso personal y familiar, eventualmente se transformó en un trabajo académico cuando Ramírez Salgado ingresó a la maestría en Historia del Arte de la UNAM, con el objetivo, dice, de aprender a darle un justo valor a la obra de su pariente y contar con las herramientas para promoverla junto con la de Ismael Guerrero Bravo, quien asimismo era su tío tatarabuelo.

Al acercarse de manera más metódica al material fotográfico, la estudiante de posgrado notó un par de detalles que ahora son parte fundamental de su investigación. En primer lugar, que el pueblo que visitaba de pequeña es un sitio lleno de historia y cultura propias que poco a poco ha perdido su espíritu debido al centralismo que padece el estado de Puebla en muchos aspectos.

“Sólo para que te des una idea, Tlatlauquitepec tenía tres cines, varios centros de diversión, una fábrica de vinos, una jabonería; había tertulias culturales constantes y actividad política importante. Hoy ya no hay ni un solo cine y ya no hay industria. Por lo mismo, ahora difícilmente el municipio figura en los mapas turísticos del estado. En la región de la Sierra, fuera de Teziutlán y Cuetzalan, pareciera que no existen más lugares”.

Por otro lado, Ramírez Salgado se ha dado cuenta que sus parientes no son los únicos fotógrafos del interior del estado que permanecen en el anonimato a pesar de que su labor tiene una relevancia histórica al haber documentado, desde sus visiones particulares, el contexto social y cultural que les tocó vivir. “La foto no sólo es ilustración sino que aporta más información de lo que crees. A través de ella puedes reconstruir la historia de pueblos, estados y naciones. En México aún estamos en pañales en lo que se refiere al estudio de fotografía antigua”.

 

Dos fotógrafos, una memoria colectiva

Aunque la labor de investigación y conservación del archivo de Aparicio Guerrero aún no acaba –agrupado ahora en la colección El Calandrio–, la futura historiadora del arte ha montado un par de exposiciones con una parte mínima del material fotográfico para empezar a promover la obra de los artistas de la lente. Asimismo su objetivo es conseguir apoyo para continuar con otros proyectos relacionados como el establecer un museo y centro de la imagen en la que fuera la casa de su bisabuelo, en Tlatlauquitepec.

Y precisamente en ese municipio, durante la semana santa pasada, la obra de los retratistas estuvo al alcance de la gente en los portales del Palacio Municipal. Algunas de las personas, cuenta la entrevistada, se reconocieron en las fotografías o vieron reflejadas esas situaciones en su propia vida, recobrando por un momento el sentido de identidad que caracterizaba al lugar.

Además de generar esa reflexión sobre la identidad serrana y las reminiscencias de un Tlatlauquitepec próspero, a través de 22 fotografías, la exposición Des Filles (De las hijas) mostraba los diferentes roles de la mujer serrana entre las décadas de 1920 y 1950.

Luego de su presencia en la tierra natal de los fotógrafos, la exposición viajó al Museo Universitario Interactivo Casa de los muñecos, en la capital poblana. Su siguiente destino, espera la entrevistada, será la Secretaría de Relaciones Exteriores en el DF, donde existe la posibilidad de que la obra obtenga apoyo del extranjero, ya que los organismos oficiales parecen no tener interés.

A diferencia de los gobiernos de Coahuila, Nuevo León y Veracruz, continúa la bisnieta de Aparicio Guerrero, el de Puebla no se ha interesado en rescatar a fotógrafos regionales, obligando a que sean esfuerzos particulares los que se encarguen de mantener viva la memoria histórica de todos los municipios distintos a la capital. No obstante, el proyecto de Des filles ha sido apoyado en gran medida por la UNAM, a través de la Fototeca Manuel Tossaint y el Instituto de investigaciones estéticas, así como por algunas instancias de la UAP.

 
 
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