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Viernes, 29 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

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Necesario, crear políticas públicas efectivas para enfrentar la crisis: libreros y editores

 
 
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    YADIRA LLAVEN / II Y ÚLTIMA

    “Para enfrentar la crisis de la producción y comercio del libro, aunado a los malos tiempos económicos, se requiere de políticas públicas efectivas donde participe el sector privado, la sociedad y organismos internacionales”, coinciden integrantes de la cadena de producción editorial en Puebla, quienes argumentan que no hay que olvidar que el libro no sólo es un artículo de consumo, “es, al mismo tiempo, vehículo de cultura, promoción social y, en ocasiones, incluso obra de arte”.

    La solución a los problemas de la industria editorial y la promoción de la lectura en nuestro país no depende de la buena voluntad y disposición de los afectados, tampoco surgirán opciones al amparo de las leyes del mercado. “Se requiere del diseño urgente de políticas públicas para crear vías, es más hasta la negociación con otros gobiernos para hacer más equitativo el intercambio comercial, si es que queremos dimensionar el tamaño de los retos del mundo del libro no sólo en Puebla, sino en el país”.

    La Jornada de Oriente realizó un sondeo entre libreros, librerías y editoriales locales y cadenas nacionales, tanto privadas como del estado, para obtener un panorama actual de la situación que atraviesan, que se ha magnificado por la crisis económica; así mismo se ha consultado los portales electrónicos de los organismos más prestigiados, a cargo del estudio especializado del tema.

    Desde hace más de 15 años, el mundo del libro en México vive en crisis, por diversos factores. Por ello, “si no realizamos acciones en lo inmediato para revertir la situación, corremos el riesgo de volver imperceptible la voz de nuestros creadores y de nuestra cultura, en el diálogo intercultural mundial”.

    Hasta 1991, las editoriales privadas tenían una producción mayor a los 21 mil 500 títulos por año y, a la fecha, no han logrado recuperar ese volumen. Los datos fueron dados a conocer recientemente por la Cámara Nacional de la Industria Editorial (Caniem), que ha logrado realizar una radiografía de cómo, desde el inicio de los 90, se empezó un descenso en el número de publicaciones realizadas anualmente, a consecuencia del cierre de casas editoras: en la última década desaparecieron más de 180 de ellas, en la república.

    Según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal (Cerlalc), con base en información del Banco Mundial, en México, se produjeron en 2008, unos 11 mil 810 títulos, cifra significativamente menor a la dada a conocer por el primer organismo.

    “México ocupa el tercer sitio en importancia como productor de libros en América Latina, por debajo de Brasil, que publica más de 46 mil títulos al año, y Argentina, con una producción de más de 18 mil. El líder en el mundo editorial de habla hispana es España, que se encuentra entre los mayores productores mundiales, imprimió más de 62 mil títulos”.

    Y contradictoriamente, nuestro país tiene la balanza comercial negativa más alta de América Latina en el comercio exterior del libro. “México es el país de Iberoamérica que más importa libros, ubicándose en 2007, en una cifra cercana a los 442 millones de dólares. Este monto representa el 39.9 por ciento de las importaciones totales de libros realizadas por América Latina, textos que en su mayoría provienen de España”.

    En nuestro país, las ventas más grandes de la industria editorial son las realizadas al Estado. La Caniem informó que, el año pasado, de los más de 278 millones de ejemplares realizados en México, el sector público imprimió más de 148 millones, es decir, el 53.6 por ciento del total. Mientras, el sector privado poco más de 129 millones: unos 46.4 por ciento del total, pero de estos últimos, el 28 por ciento (más de 36 millones), correspondió a los libros destinados a las compras estatales a través del Programa de Bibliotecas de Aula y Escolares y Educación Secundaria.

    En el último lustro, ante los problemas de distribución, en varios países se abrió un debate en torno a si existe sobreproducción de títulos; sin embargo, al menos en América Latina esta consideración es un contrasentido, porque la producción nacional no alcanza a cubrir la demanda interna y para satisfacerla se recurre a la importación. Por tal razón, la Unesco adoptó el término bibliodiversidad para garantizar la libertad de expresión y enriquecer el diálogo intercultural. “No sobran libros, hacen falta espacios y estrategias que faciliten acceder a ellos”.

     
     
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