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Miércoles, 27 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Atlixco
 
 

“Los atliscenses no queremos ser espectadores del Panaca, queremos participar”, pidió el alcalde

 

Mario Marín durante la colocación de la primera piedra del Parque Natural de la Cultura Agropecuaria / Foto Miguel Ángel Domínguez
MIGUEL Á NGEL DOMINGUEZ RIOS

Atlixco. Durante la colocación de la primera piedra del Parque Natural de la Cultura Agropecuaria (Panaca), el alcalde de Atlixco Eleazar Pérez Sánchez fue enfático en el discurso: “los habitantes de este municipio no queremos ser espectadores de este proyecto, queremos estar involucrados para aspirar a mejores condiciones de vida”.

Una vez terminado el acto oficial, Miguel Sandoval, responsable de esa obra, apuntó con respecto a ese punto marcado por el edil: “estamos en una zona netamente agrícola, y no existe ningún problema. Hace un momento platicaba precisamente de eso con los representantes de los ejidos a quienes ayudo a gestionar una serie de demandas. Entre nosotros abunda una relación brutalmente buena, contra la opinión de muchos en el sentido de que vamos a llegar como empresa a matar a los agricultores. Nosotros los queremos cerca porque son nuestros socios naturales”.

 

La “espalda al aire”

En el sur de Atlixco, metros más adelante del puente ‘Colorado’, allá por los rumbos de las juntas auxiliares de Nexatengo y de San Isidro Huilotepec (tierra del presidente municipal), brinca a la vista un camino de terracería que conduce hasta el predio llamado antiguamente El Encinar. Es un recorrido de aproximadamente 20 minutos que deja descubierto, en los primeros metros, inmensas parcelas de hortalizas parecidas a las mesas de billar por la profundidad y la naturalidad del verde. Sobre ellas, familias recogiendo la cosecha: rábanos, cebollas, lechugas... brócoli. Es la frontera más robusta de la aún productividad agrícola de este lugar.

Poco antes del final del trayecto, hubo un cambio de colores. Del verde pasamos a café o gris. Y de las hortalizas a los cerros en bruto. En ambos escenarios únicamente es posible mantener un espectáculo: la inmensidad del valle plasmado es una especie de mural. El cerro de San Miguel en primer cuadro y el Popocatépetl como siempre: de guardia.

Dicen los inversionistas del Panaca sobre esa naturaleza: “vamos a recuperar las raíces del sitio. Hoy estamos parados en El Encinar, pero ya no hay árboles de esos. La idea es sembrar 5 mil plantas de esa especie como parte de un plan de reforestación iniciado en 2008 con 2 mil 500. La Secretaría del Medio Ambiente en el estado aportará las matas y nosotros el cuidado y la tierra”.

Eran, cuentan los nuevos dueños de ese espacio, territorios abandonados. “Aquí metían ganado a pastar y venía la gente de cacería. Desde nuestra llegada, volvió gran parte de la fauna silvestre y como pueden observar, los cerros no terminaron muy verdes. Sin olvidar el paro a la tala clandestina”.

–¿Había mucha?

–Si, mucha, pero la gran mayoría para uso doméstico. Son los palitos y la leña, y no los grandes madereros. Aunque no parece grave, cuando llegas a sumar las miles de ramas, piensas en una cantidad preocupante, reveló Sandoval.

Hasta ese predio de más de 300 hectáreas llegó el gobernador Mario Marín junto con algunos integrantes de su gabinete. A la reunión oficial fueron convocados empresarios locales, regidores y directores de la Comuna, algunos campesinos y representantes del gobierno federal. Los anfitriones: inversionistas extranjeros y el equipo encargado de coordinar y ejecutar la construcción del Panaca.

El primero en tomar la palabra es Jorge Valenst, director de Panaca–Colombia: “Éste es un concepto absolutamente renovado dentro de la industria del entretenimiento, sin dejar de ser original. Es una idea limpia. Todo partió de una realidad: es una lástima el menosprecio de la gente de la ciudad hacia los campesinos. Sin embargo, olvidan un aspecto fundamental cuando acuden a los centros comerciales, los tianguis o las pequeñas tiendas: detrás de cada fruta o legumbre siguen manteniéndose los agricultores con la espalda en el aire, en el sol y en el agua. Por eso es importante no olvidar que sin campo no hay ciudad”.

A pesar de las cifras contundentes relacionadas con una convivencia forzada entre el campo y la ciudad, provocada por la migración, “no hay mayor conocimiento de la urbanidad hacia el tema agropecuario. Todos tenemos en el alma un campesino metido en cuatro paredes dentro de una gran ciudad”.

La filosofía de este esquema “es desviolentizar (sic) a ese ser humano de las urbes y meterlo a la dinámica de una gastronomía criolla y conciliarlo con la naturaleza. No hablamos de un plan exportado porque los habitantes de Atlixco deberán darle un sentido interno con la cultura demostrada en las artesanías y el folklore local. Debe hacer de este recinto el más importante de América Latina”.

Cuando “nosotros sumamos esa capacidad de auditorios en los diferentes espectáculos, la estadística es sorprendente: más de 15 mil personas dispuestas a llegar a Panaca–Atlixco. Vamos a intentar detener las migraciones y apoyarnos en esa gente valiosa para no perder una seguridad alimentaria. Con este esquema cambiará drásticamente en el municipio la tendencia de uso de suelo y los desarrollos y los proyectos inmobiliarios. Pero sobre todo, lograremos un cambio completo en el status del campesino de la región”, apuntó Valenst.

Después, el edil Eleazar Pérez Sánchez soslayó: “tras la muerte de la industria textil, Atlixco requería de una perspectiva capas de apuntalar la economía y el progreso de nuestra gente. Y ese proyecto es Panaca por muchas razones; una de ellas es el compromiso con el medio ambiente. Por eso vamos a recibirlo con satisfacción. Sin embargo, y con la colocación de la primera piedra, los atlixcenses no queremos ser sólo espectadores, por el contrario, queremos participar para sumarnos a la transformación de este lugar. Los miles de empleos por generarse mitigaran las necesidades del sector rural en esta área, y así reduciremos la migración”.

Marín dijo creer en el Panaca. “Sin embargo, y eso fue una realidad, el proyecto pudo quedar en otra parte como Querétaro o Toluca. Hoy, afortunadamente, mientras en el país y en otras partes del mundo el tema es la crisis económica, en Atlixco y en Puebla platicamos de inversiones limpias, sanas e innovadoras. Por eso vamos a apoyarlos con la pavimentación del tramo carretero de acceso y con la ampliación del puente ubicado en la entrada a este lugar”.

–¿Cómo entender el mensaje del alcalde en el sentido de no querer ser, los habitantes de este municipio, espectadores de este proyecto?, interrogó el reportero.

–Efectivamente, vamos a cambiar la forma de vida de los habitantes de esta área, pero para bien. Si logran fijarse, en este momento laboran una serie de jornaleros que caminan de parcela en parcela cosechando, y ganan algo dinero. Mañana quien sabe si tengan trabajo. Viven día a día. El día que aparezca una enfermedad en su familia, pierden todo y comienzan de cero por no contar, por ejemplo, con seguridad social, sostuvo Miguel Sandoval.

 
 
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