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Miércoles, 20 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La traza urbana de Cholula fue orientada hacia los actos celestes del solsticio: Galindo

 

La gran pirámide de Cholula está orientada a la puesta solar en el día del solsticio de verano / Foto Abraham Paredes
YADIRA LLAVEN

“El conocimiento astronómico, la sabiduría de las cosas del cielo, y la consecuente precisión para medir el tiempo en el mundo antiguo mesoamericano se reflejó en la edificación de grandes estructuras arquitectónicas y en el establecimiento de trazas urbanas orientadas hacia actos celestes en los horizontes. Un ejemplo visible de ello es la gran pirámide de Cholula, ciudad sagrada que está dirigida hacia el ocaso solar en el día del solsticio de verano. Y no sólo la pirámide, sino también la traza de la ciudad, la prehispánica y la actual, señalan en esa misma dirección”, expuso el doctor Jesús Galindo Trejo, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), durante su participación en la cuarta edición del Coloquio Internacional de Arqueoastronomía, con sede en el INAOE y el Museo Amparo.

Galindo Trejo es doctor en Astrofísica Teórica por la Universidad del Ruhr Bochum, Alemania. Fue investigador titular en el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, durante más de 20 años. Actualmente, labora en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Su trabajo de investigación se centra principalmente en la arqueoastronomía del México prehispánico. Otro interés de investigación es la participación de la astronomía en el desarrollo de las culturas antiguas y presentes.

“En México, durante la época prehispánica, la observación del cielo jugó un papel fundamental para definir los principales rasgos culturales de la civilización. Tanto los cazadores–recolectores nómadas como los grupos sedentarios, habitantes de grandes centros urbanos, tuvieron en la práctica astronómica una indispensable herramienta para establecer patrones de organización espacial y temporal”.

Como observadores meticulosos de la naturaleza, expuso en el Auditorio del INAOE, que los pueblos prehispánicos trasladaron ingeniosamente peculiaridades del comportamiento de los objetos celestes a su ámbito ideológico, situándolos en la más alta jerarquía religiosa”. Por ello, el esfuerzo por entender cómo se comportan los astros se convirtió en una forma especial de culto.

A partir del reconocimiento del elevado rango de las cosas del cielo, “la élite intelectual adecuó las muy diversas manifestaciones culturales de la sociedad a aquellas peculiaridades. Un importante resultado de la práctica astronómica fue el desarrollo del sistema calendárico mesoamericano, que estuvo vigente por casi tres milenios. Se le consideró incluso como una de las principales dádivas de los dioses al ser humano”.

 

Política y astronomía

Un aspecto sobresaliente de la práctica astronómica mesoamericana –destacó ante unos 200 espectadores– fue la edificación de grandes estructuras arquitectónicas y el establecimiento de trazas urbanas orientadas hacia actos celestes en los horizontes.

Las alineaciones arquitectónicas, en consecuencia, no sólo están dirigidas hacia la salida o puesta solar en momentos astronómicamente importantes, como solsticios y equinoccios, sino que se privilegian igualmente direcciones especificadas a partir de algunas de las propiedades del sistema calendárico mesoamericano.

Otro aspecto de la utilidad de la astronomía para la sociedad prehispánica tuvo que ver sobre todo con asuntos relacionados con el poder político. En efecto: el soberano ordenaba la creación de infinidad de obras materiales y éstas se disponían de tal forma que incrementaban su prestigio y demostraban que gozaba del favor de las deidades del firmamento. Así, “un edificio construido bajo su mandato y orientado hacia algún evento celeste, manifestaba claramente la armonía de su obra con los principios que regían el universo”.

“Y, frente a los ojos de los súbditos, el soberano evidenciaba sus merecimientos para ocupar un lugar de privilegio”.

 

Astronomía y arquitectura

Como una consecuencia de la observación del cielo, en Mesoamérica se desarrollaron diversos criterios para establecer la orientación de las grandes estructuras arquitectónicas.

Por tal razón, el especialista dijo que resulta sugerente notar que aunque las orientaciones astronómicas están extensamente representadas en Mesoamérica, no son las más abundantes. Desde la época arcaica el observador prehispánico se habían percatado de diversos eventos solares que definían direcciones particulares en el paisaje.

Con el transcurso del tiempo, la trascendencia y el prestigio del calendario fueron en aumento. Fue entonces cuando éste se utilizó para establecer alineaciones arquitectónicas. Algunos ejemplos identificados hasta ahora son: el conjunto arquitectónico de la Plaza de la Estela, en Xochicalco, que se construyó como un observatorio para calibrar la duración exacta del año solar.

Esta clase de observatorio horizontal también tuvo una gran tradición en la región maya. Uno de los más famosos es el conjunto E de Uaxactún, en Guatemala. La pirámide más grande del mundo por su volumen, la gran pirámide de Cholula, está orientada a la puesta solar en el día del solsticio de verano. No sólo la pirámide, sino también la traza de la ciudad, la prehispánica y la actual, señalan en esa misma dirección.

Otros ejemplos son la cancha del juego de pelota, en Chichén Itzá; la ventana central del observatorio de El Caracol, en esta misma ciudad maya; la casa E del Palacio de Palenque; el Templo Mayor de Tula; el Edificio de los Cinco Pisos, en Edzná, la gran pirámide de Xochitecatl, enfrente de Cacaxtla, en sus dos últimos cuerpos, construidos por los Olmecas y Xicalancas, y el edificio habitacional de la tumba 105 de Monte Albán.

En tanto, la alineación solar de la Pirámide del Sol en Teotihuacán se da en el ocaso de los días 29 de abril y 13 de agosto. Por otra parte, en la madrugada de los días 12 de febrero y 29 de octubre, la pirámide se alinea con el sol naciente.

“Ciertamente –explicó Galindo– esas fechas no corresponden a ningún acto astronómico destacado, como equinoccio o solsticio. La importancia de esta elección radica en que ambas parejas de fechas dividen el año solar en una proporción que se obtiene a partir de ciertos números calendáricos mesoamericanos. Si nos colocáramos en la cúspide de esta impresionante pirámide y observáramos todos los ocasos solares, empezando el 29 de abril, con la primera alineación del año, observaríamos 52 puestas solares antes de que el sol alcance el solsticio de verano, el 21 de junio. Y, a partir de esta fecha, observaríamos a lo largo de otros 52 días cómo regresa el sol a la segunda alineación, una vez transcurrido este número de días, el 13 de agosto”.

Probablemente, consideró, este tipo de alineación no lo inventaron los teotihuacanos, sino que lo adoptaron de los pueblos del sureste mesoamericano.

De acuerdo a una fuente etnohistórica del siglo XVII, en la Sierra Norte de Oaxaca, los zapotecos comenzaban el año nuevo precisamente el 25 de febrero. En el patio I del grupo del arroyo, en Mitla, en su cuarto norte, se tiene un dintel pintado con una escena de evidente significado astronómico: un disco solar entre dos estructuras escalonadas, atado por sendas cuerdas que sostienen dos personajes. Uno de ellos desciende de un cielo estrellado y su pie parece surgir de éste; el otro, con cuerpo de cuchillo de pedernal, parece colgarse de la cuerda.

Esta parte del dintel, que es la central, puede interpretarse justamente al considerar la alineación rasante, es decir, su iluminación por los rayos solares cuando inciden a lo largo del mismo. Esto sucede en la madrugada del 25 de febrero y del 17 de octubre.

Por desgracia, señaló en su exposición, el entorno urbano actual del patio impide admirar este acto.

Por último, Jesús Galindo consideró que estamos frente a una manera netamente mesoamericana de orientar edificios. “Podríamos decir que se trata de una orientación en el tiempo, donde el sol brinda el escenario espectacular para indicar que las fechas importantes han arribado. Algunas ciudades mexicanas aún conservan esta orientación calendárico astronómica heredada de nuestros ancestros, que hicieron del firmamento un medio para trascender en el tiempo”.

 
 
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