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Lunes, 18 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 TAUROMAQUIA 

De Huerta y Capeto a Sebastián Castella

 

 
Alcalino

Fue recordar en la columna del lunes anterior a Manuel Capetillo –su deceso así lo ameritaba– y todo un mundo se removió y empezó de nuevo a respirar en la memoria de amigos que llevaba tiempo sin ver y con los que coincidí este fin de semana. Curiosamente, al nombre de Capeto asociaban todos, entre los muchos buenos toreros de aquella época, el de José Huerta. Lo cual demuestra que el instinto del aficionado chipén no es cosa de broma, pues, efectivamente, cuando el tapatío triunfaba fuerte, por ahí andaba nuestro León de Tetela dispuesto a enmendarle la plana. Estilos opuestos, sí, pero alcances semejantes. José tenía más casta y Manuel más sentimiento. Tal vez por eso –ambos se cotizaban caro, y Capetillo era sumamente selectivo en materia de ganado y alternantes– coincidieron en pocos carteles, especialmente en la capital.

 

En la México y El Toreo

Ambos alternaron por primera y única vez en Insurgentes en la temporada de 1959, pues aunque el poblano confirmó tres años antes no habían coincidido allí en ningún cartel. Tampoco en El Toreo, sede de la temporada grande 1958 (Capetillo no había ido a la Feria Guadalupana de diciembre del 56 en El Toreo –sí estuvo Huerta–, y cuando el tapatío se encumbró a principios de 1957, el ausente de la México fue José). De entrada, el de Tetela se fue por delante, con el rabo de “Recaudero” de La Laguna por contraseña (22.02.59). No fue lejos por la respuesta, un auténtico faenón de Capetillo a “Soñador” de Coaxamalucan, que obligó a Joselito, ya con las orejas de “Andaluz” en la espuerta, a exponerse hasta sufrir seria cornada cuando iniciaba en el estribo su faena a “Lanzador” (15.03.59). Más grave aún fue la de “Camisero” a Manuel siete días después, lo que abriría un paréntesis que sólo se cerró al participar ambos en la corrida a beneficio de Curro Ortega organizada por Arruza en Cuatro Caminos (30.10.60), tarde histórica de 7 orejas y 2 rabos, uno de éstos el de “Soldado”, bravísimo Valparaíso con el que Huerta estuvo colosal, sin demérito de la formidable actuación de Capetillo con “El Diablito” (oreja después de pinchar; el otro rabo fue para Juan Silveti, el torero más puro de aquella generación). Se trató de un cartel de seis matadores, similar a los pocos que el tapatío y el poblano compartirían en lo sucesivo. En la del Estoque de Oro de 1962 ambos triunfaron, pero José se llevó el trofeo (y el rabo de “Superior” de Mimiahuápam; a Manuel, herido al estoquear a “Sol”, le llevaron la oreja a la enfermería). Allí mismo, en El Toreo, ambos se iban a estrellar en la sosería de un hato de Coaxamalucan absolutamente inútil la noche de la Oreja de Oro en que Camino regaló al célebre “Catrín” (27.13.63). No volvieron a alternar en la México y cuando, ya veteranos, lo hicieron por última vez en Cuatro Caminos (19.11.67), Alfredo Leal los eclipsó al bordar memorablemente a “Mecatito” de Reyes Huerta, que tuvo un inicio de manso pero respondió con infatigable nobleza en el último tercio. Y hasta ahí los carteles (apenas 6 en 13 años) compartidos en cosos capitalinos por Manuel y José, triunfadores conjuntos de varias temporadas, pero sin llegar a contender directamente.

 

Guadalajara

 

Si la capital se perdió el duelo de la época, don Nacho García Aceves supo llevarlo a El Progreso en repetidas ocasiones. Lo mismo en mano a mano (08.01.61: Tres orejas y rabo a José y dos a Manuel de un toro de obsequio de Valparaíso, su vacada favorita). Poco después, ambos resultaban heridos de gravedad cuando triunfaban arrolladoramente en la despedida de El Soldado (05.03.61), aunque permanecieron en el ruedo hasta cobrar los rabos de sus heridores, de Torrecilla. También alternaron y triunfaron por parejo en la llamada corrida del siglo (21.03.63, con Bernadó, Camino y sanmateos). Pero en años posteriores, su competencia se diluyó. No renacería sino cuando Capeto, retirado en 1968, volvió a los toros año y medio después. El escenario era ya el Nuevo progreso, y atravesaba José por un gran momento. Alternando con El Cordobés primero y Palomo Linares después, las crónicas reportan sendos triunfos del de Tetela. Finalmente, Leodegario Hernández, propietario del moderno coso, los anunció mano a mano –el último a la postre, con Gastón Santos por delante–, y nuevamente el único trofeo fue para Joselito (20.12.70).

 

España

También allí, Huerta marcó diferencias durante sus 5 campañas ibéricas –por 3 de Capetillo, con una oreja al confirmar en Madrid (15.05.52), dos percances en 1951 y 52 y un serio fracaso cuando, ya figura consolidada en México, participó en la isidrada del 63, en la que triunfaría El Imposible, otro poblano–. José toreó allá los dos años siguientes (1964 y 65) y plantó con fuerza su poderosa bandera en Las Ventas (oreja por feria), en el marco de sendas campañas cortas –30 y 22 corridas– pero de indudable brillantez. 

 

Con MM

La fama que corre es que Manolo prácticamente destronó y retiró a Capetillo. Pero lo cierto es que en su último vis a vis (03.12.68, en El Toreo), ambos cortaron los rabos de “Arizeño” (Capeto) y “Toñuco” (Martínez). Y también que el arrollador regiomontano en quien encontró un adversario formidable fue precisamente en José Huerta, con quien compartiría triunfos de clamor en la México (20.02.72, rabo a ambos) y una tarde memorable en la despedida del poblano (28.01.73). Poco antes habían recorrido la República en corridas para los dos solos, sin vencedor claro. O quizá sí lo hubo, pues en Guadalajara obtuvo José el mayor triunfo de su vida (6 orejas y 3 rabos de un cuajado encierro de José Julián; 04.11.70), Y en El Toreo de Puebla, si Manolo bordó asombrosamente a “Diamante” de San Martín (falló al matar), Huerta estuvo como nunca de poderoso y entregado, y sumó tres apéndices del lote más duro de Chafick (05.05.72).

 

San Isidro 2009

 

Un salto en el tiempo nos lleva a Madrid. Y a la puerta grande de Las Ventas abierta el jueves pasado por un Sebastián Castella que aguantó, dominó y terminó toreando por nota y cortándoles la oreja a los dos de un complicado lote de Garcigrande. Integraba, con Morante y Talavante, el primer cartel fuerte de la feria y Madrid se rindió por fin al torerismo y la clase del francés. Artífice de la fabulosa faena a “Cincuentón” en la México –no le valió para regresar a la gran cazuela–, y autor del mejor toreo que llevamos visto en El Relicario en lo que va del siglo XXI.

 
 
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