Ante el asombro de propios y extraños, ante una afición volcada para apoyar a su equipo, ante los interminables y ridículos pleitos de sus dueños, el conjunto de la franja ha dado una muestra de coraje y categoría para colocarse en semifinales.
Los dirigidos de José Luis Sánchez Solá realizaron un partido inteligente, y a pesar de ser menospreciados por el rival, con la idea de que “solo es un equipo que ejecuta bien tácticas fijas”, el cuadro de la franja supo aplicar una de sus fortalezas y mantener la ventaja ante los rayados.
Los regios demostraron otra vez que su afición es infinitamente superior a lo que sus equipos entregan en la cancha, los regiomontanos apoyaron a su equipo previo al encuentro, aunque se fueron apagando por la actuación de los camoteros. Sólo al final los rayados le dieron la motivación suficiente a sus fanáticos para meterse al partido.
Pleito ridículo
Previo al juego se dio otro de los incontables capítulos del pleito de bajísimo nivel entre los dueños de la franja, ya que Ricardo Henaine se encontró con una “sorpresita” al querer ocupar el palco de la directiva visitante. Ya estaba ahí Francisco Bernat, quien le impidió quedarse en ese lugar, por lo que se dio un buen jaloneo (primero de muchos en los próximos días).
Ante esto, Henaine Mezher se resignó a ser custodiado por sus guardaespaldas hasta el lugar en donde estaba la porra del Puebla, que sin memoria alguna lo recibió con los brazos abiertos, mientras Bernat Cid se quedó cómodamente en el palco del equipo. Sin duda Puebla tiene a los peores personajes del futbol mexicano a nivel de pantalón largo.
El partido
Monterrey, apoyado por su gente, empezó con mucho entusiasmo presionando al rival e intentado llegar al arco de Jorge Villalpando, pero Puebla demostró desde el inicio que superar a sus jugadores en sector defensivo sería muy difícil.
Víctor Manuel Vucetich decidió tener a un hombre de más proyección ofensiva en la persona del paraguayo Osvaldo Martínez, en lugar de Gerardo Galindo; sin embargo, el equipo poblano callaría el entusiasmo y al rival con otra jugada a balón parado.
Todo se originó en el cobro de una falta cometida sobre Daniel Osorno, que él mismo cobró al área donde el uruguayo Alejandro Acosta le ganó la posición al panameño Felipe Baloy para peinar el esférico, que pegó en el poste derecho antes de introducirse en el fondo de las redes al minuto 13.
Para la segunda parte con el juego de su lado en el aspecto anímico, futbolístico y en el resultado, el Puebla salió con la convicción de ya no darle ningún margen de reacción a los de casa y logró el tanto con el que prácticamente le dio cifras definitivas al partido. El hondureño Ramón Núñez fue el encargado de generar la jugada desde el sector de la izquierda, donde arrastró el balón al área para abrir a la llegada de Orlando Rincón, quien con gran decisión empalmó un derechazo que batió a Jonathan Orozco al ’56.
Cuando todo parecía perdido, Monterrey reaccionó de manera casi inmediata con un gran gol de William Paredes, quien prendió un derechazo impresionante que se coló cerca del ángulo superior izquierdo, ante el inútil vuelo de Villalpando al 58.
La presión de los regiomontanos comenzó a crecer como una bola de nieve y lograron el empate en un tiro de esquina por izquierda que Abraham Carreño conectó con la cabeza al minuto 77, pero se quedaron cortos.