“Los murales de Cacaxtla fueron creados con la técnica del Usumacinta, que tuvo su esplendor pictórico en el siglo VIII, y esto, sin duda, es la prueba más fehaciente de la presencia innegable de la cultura maya en el centro de México. Sin embargo, a la fecha no se ha encontrado un vínculo que lo compruebe, ya sea cerámica, escritura, cuenta larga o restos óseos”.
“A partir de ello se ha creado una serie de hipótesis en las que destacan dos conjeturas: tal vez existió un barrio maya en Cacaxtla o bien trasladaron los pintores desde lo que ahora conocemos el sur de México, pues hay que reconocer que ‘una golondrina no hace veranos’”, aseveró el investigador Erik Velásquez, uno de los mayistas más connotados de México.
El especialista estuvo el fin de semana en Puebla para impartir cátedra en el Museo Amparo como parte del diplomado de Arte Indígena, que organiza conjuntamente con el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ahí, ante un centenar de estudiantes, habló del nacimiento de los reinos mayas, desde los orígenes hasta fines del clásico tardío, y del esplendor y colapso de la cultura mesoamericana.
Durante su exposición argumentó la relación entre el discurso iconográfico de Cacaxtla y la cultura maya, “aunque no existe evidencia de su presencia física… es un enigma”.
“Lo que podemos ver en los murales de Cacaxtla es el registro pictográfico de los mayas del Usumacinta, con la utilización del pigmento azul turquesa, característico de la cultura y que tiene un gran parecido con las pinturas de Bonampak”.
Ante la falta de pruebas contundentes, comentó que se sospecha que tal vez no se ha encontrado restos humanos con deformaciones craneanas, propias de los mayas, “porque es muy posible que fueran incinerados, situación que también se aplicó en Bonampak, una ciudad con miles de habitantes y que a la fecha no se ha encontrado más evidencia física que 20 esqueletos”.
Velásquez explicó que Cacaxtla fue capital de la fusión de los pueblos olmeca y xicalanca; no obstante, la palabra xicalanca es topónimo de Xicalanco, lugar que fue habitado por los chontales, una vertiente de la lengua maya, que actualmente se ubicada en ciudad del Carmen.
El término de Olmeca y Xicalancanca fue por primera vez mencionado, por el historiador tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo, a finales del siglo XVI, cuando describió a Cacaxtla como el principal asentamiento de los olmecas; aunque para muchos arqueólogos la cultura Olmeca finalizó alrededor del año 400 antes de Cristo, unos 800 años antes.
Se cree que los mayas que llegaron a la región central del país provinieron de la costa del Golfo de México o de la Península de Yucatán, alrededor del año 400.
El sitio fue redescubierto en 1975 por campesinos del pueblo de San Miguel del Milagro, quienes labrando la tierra encontraron un muro con el rostro plasmado de un personaje, que hoy conocemos como el “hombre ave”.
Debido a que el basamento principal de Cacaxtla no fue excavado sino hasta la década de 1980, muchas de las coloridas decoraciones de los muros fueron preservadas y pueden ser apreciadas en el sitio por los visitantes.
La más famosa de las pinturas preservadas es el “Mural de la Batalla”, ubicado en la parte norte del basamento, que es previo al año 700. Está plasmado en una pared inclinada de piedra caliza que es parte de la base de un templo y está dividida en dos por una escalera central. El mural retrata a dos grupos de guerreros en batalla: de un lado están los guerreros jaguar olmecas, armados con lanzas, cuchillos de obsidiana y escudos redondos, que están claramente derrotando un ejército invasor huasteco de guerreros pájaro.
El sitio arqueológico está bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y está abierto al público todos los días de la semana de 9 a 18 horas. El domingo es gratuito. Además de las edificaciones, cuenta con un museo in situ en el que hay modelos de como se veía la ciudad en sus tiempos de mayor apogeo, y una colección de artefactos encontrados en la zona.