Si el próximo fin de semana fueran los comicios federales, sería difícil predecir quién va a ganar, por lo menos en lo que se refiere a los cuatro distritos de la ciudad de Puebla, pues nada está decidido ni para el PRI ni para el PAN. Están casi empatados. Ello como resultado de que el tema de la influenza humana al que más dañó electoral provocó fue al tricolor, a tal grado que ha perdido en tres semanas mucha de la ventaja con que inició campañas proselitistas.
El PRI está resultando ser el partido damnificado, que más enfermó, por el tema de la influenza. Y no porque el asunto del virus AH1N1 haya provocado un alza en el número de electores que votarían a favor del PAN, sino porque generó el efecto de que aumentó el número de ciudadanos que tienen poco o nada de interés por el proceso electoral.
En un escenario de poca participación, quien sale beneficiado es el PAN. Ello pese a que las mediciones nacionales apuntan que tanto el albiazul como el tricolor han tenido una reducción –de tres a cuatro puntos– en sus índices de preferencias electorales.
De acuerdo a una última medición hecha por los encuestadores de La Jornada de Oriente, actualmente la diferencia entre el PRI y el PAN, de manera global en el municipio de Puebla, es que aunque el tricolor sigue a la cabeza, la distancia entre ambos se ha reducido a cinco puntos.
Eso en términos reales, es lo que se podría considerar un empate técnico.
Se estima que en el municipio de Puebla, a dos terceras partes de los ciudadanos con credencial de elector no les interesa poner atención sobre quiénes son los candidatos y muchos menos sus propuestas. Para mucha gente los aspirantes a diputados no son atractivos, dicen los mismos discursos demagógicos de siempre y nadie parece tener alternativas reales para la crisis que nos deja al grueso de los ciudadanos sin la posibilidad de resolver la mayor parte de los satisfactores básicos.
Pero además, siempre que existe algo que pone en riesgo la estabilidad o la integridad de las familias, los ciudadanos tienden a concentrarse en los problemas que enfrenta. Es decir, su atención se reduce a su microcosmos y deja de poner atención en asuntos como son las elecciones de julio. Ese fue el afecto en esta ocasión del tema de la influenza.
Por eso le convino electoralmente al gobierno federal generar una situación de zozobra, de caos, de angustia, con el tema de la propagación del virus AH1N1 y los gobiernos priistas mordieron el anzuelo.
Eso no quiere decir que sea mentira el problema de la influenza, pero tampoco ameritaba que se creara una situación de pánico, de tener a todo mundo con cubrebocas.
Dicha situación favorece al PAN, ya que en un escenario de poca participación, el albiazul tiene más posibilidades de ganar la elección con su voto duro y el que está moviendo por medio del gasto de los programas federales. Por eso, Acción Nacional ha emprendido una estrategia de mandar a brigadistas a barrer las colonias populares para detectar a quienes se identifican con el partido de la derecha, con el Partido Revolucionario Institucional y los indecisos.
Una vez que se identifica a los indeciso, la gente del PAN y la que maneja los programas federales buscan a los electores que no se ha definido porque partido votar, para intentar inducir su sufragio mediante algún beneficio social. Dicha estrategia no es de ahora, sino viene operando desde hace varios meses.
Ante este escenario, al PRI del municipio de Puebla le urge cambiar de estrategia, hacer algo para que sus candidatos dejen de levantar bostezos y puedan motivar la participación de los electores, pues solamente ante una amplia participación los candidatos del tricolor podrían ganar.
Hasta donde se sabe, los focos rojos para el municipio de Puebla se concentra en los distritos IX y XI, donde los candidatos dejan mucho que desear.
En el Distrito IX la candidata Blanca Jiménez muestra una pobreza de discurso, y dicen que no acaba de entender cuál es la dinámica electoral del partido.
Por eso, algunos la empiezan a ver como “la sacrificable”, es decir una candidata que podría perder sin provocar mayores pérdidas al partido.
En el Distrito XI el aspirante Juan Carlos Natale, quien es resultado de la alianza del PRI y el PVEM –mejor conocido como el Partido Verde Asesino–, se ha convertido en un verdadero desastre.
Alguien lo hizo creer que es muy parecido al gobernador Enrique Peña Nieto y suponiendo que efectivamente emula al priista mexiquense, se la pasa explotando esa parte de su personalidad. Al parecer nadie le ha hecho saber en primer lugar que no existe tal similitud y que con esa actitud no va a ganar los comicios.
Dicen que Juan Carlos Natale simplemente no entiende las estrategias de campaña y no avanza en popularidad.
Hasta ahora el candidato más fuerte del PRI en la ciudad de Puebla es Lobardo Soto, quien compite en el Distrito XII.
Es quien mejor ha desplegado la promoción de su candidatura, mantiene un discurso fresco y se apega a las instrucciones del partido.
Y es que Leobardo Soto siente que no solamente pueda ganar el distrito, sino que podría convertirse en el próximo coordinador de la fracción priista de Puebla en San Lázaro. A eso se debe que sea el más activo de los cuatro aspirantes de la capital.
Aunque no todo es miel sobre hojuelas, ya que aunque Soto es líder de la CTM, no es un candidato que necesariamente conecte con la clase trabajadora. Al revés, muchos obreros sienten animadversión hacia quienes se supone son sus líderes.
El candidato del Distrito VI, Francisco Ramos, es disciplinado y sigue la metodología del Partido Revolucionario Institucional al pie de la letra. Dicen que no va mal. El problema es que el ex titular del Instituto Poblano de la Juventud no es nada carismático.