Hace ya muchos decenios, cuando inocentemente se preguntaba por el asesinato de Álvaro Obregón, la respuesta era Cálles(e). Hace tres lustros, cuando se hacía la misma pregunta sobre el autor intelectual de la muerte de Luis Donaldo Colosio, la respuesta fue: está pelón. Desde el asesinato de Colosio, el nombre de la familia Salinas de Gortari ha estado asociado a la impunidad, el magnicidio, el narcotráfico y a la corrupción.
Durante los meses de febrero y marzo del año 1995, en seis diferentes encuestas telefónicas aplicadas a ciudadanos radicados en el municipio de Puebla, había consenso entre la ciudadanía sobre la presunta responsabilidad de Raúl y Carlos Salinas de Gortari en los asesinatos de Francisco Ruiz Massiu y de Luis Donaldo Colosio: dos de cada tres ciudadanos afirmó que Carlos Salinas tenía relación con el asesinato de Colosio, y dos de cada tres decía la mismo de Raúl Salinas respecto al asesinato de Francisco Ruiz; tres de cada cuatro consideraron correcta la detención de Raúl Salinas por su presunta relación con el asesinato de Francisco Ruiz, y tres de cada cuatro ciudadanos consideraron correcto que hubiese un juicio político contra Carlos Salinas por su responsabilidad en la crisis económica de 1995.
Tres de cada cinco ciudadanos dijeron en septiembre de 1996 que Carlos Salinas y su gobierno fueron los asesinos de Colosio; el 96 por ciento consideró prudente que Carlos Salinas compareciera ante la Comisión de diputados federales que investigaba el asesinato de Colosio; seis de cada 10 manifestaron que el ex presidente de la República debería ser expulsado del PRI; ocho de cada 10 dijeron que la familia Salinas de Gortari tenía fuertes nexos con el narcotráfico, y nueve de cada 10 afirmaron que Carlos Salinas encubrió a su hermano y exigían juicio política a Carlos Salinas. En el año 2000 hubo un diferendo entre Raúl Salinas y Carlos Salinas sobre los millones de dólares depositados en los bancos suizos; Raúl afirmó que su hermano sabía del origen y del destino de esos fondos, y Carlos lo negó; sobre estos hechos, el 55 por ciento creyó la versión de Raúl Salinas y sólo el 3 por ciento le creyó a Carlos Salinas; por esa razón, el 95 por ciento de los ciudadanos del municipio de Puebla exigía que se investigara al expresidentes por el delito de peculado.
Con el asesinato de Enrique Salinas de Gortari en diciembre de 2004, nuevamente se vinculó a los Salinas de Gortari con el narcotráfico y ahora, con la reciente publicación del libro de Carlos Ahumada, Carlos Salinas de Gortari se consagra como el autor intelectual del desafuero contra Manuel López Obrador y del ataque mediático instrumentado contra el tabasqueño a través de Televisa. Desde hace 15 años, el nombre de Carlos Salinas es sinónimo de corrupción, asesinato y narcotráfico. Es de los personajes menos respetados por la ciudadanía, y de los cuatro últimos presidentes de la República, el 60 por ciento de los ciudadanos del municipio de Puebla lo cree el más corrupto, el 47 por ciento cree que es el más cercano a los narcotraficantes y al 40 por ciento de los ciudadanos dice que es el ex presidentes que más desconfianza les genera. Cada vez que Carlos Salinas sale a cuadro, aleja a los ciudadanos que creían ver en el PRI a un partido renovado: tres de cada cuatro priistas lo creen corrupto.
Sobre la probidad de Carlos Salinas, los hombres suelen ser más críticos que las mujeres; los menores a 45 años son más severos que los mayores a esa edad, y a mayor nivel de escolaridad y de ingresos, son más los que afirman que ese personaje es corrupto; como también lo subrayó Miguel de la Madrid en la entrevista que le hiciera Carmen Aristegui. Si la locura se manifiesta por la convicción del enriquecimiento ilícito y del encubrimiento de hechos delictivos, el 90 por ciento de la ciudadanía debe ser declarada demente senil.