Iniciaron las campañas electorales y los partidos políticos que tienen posibilidades reales de obtener el triunfo en las urnas sólo son los tres grandes (PAN, PRI y PRD), los demás institutos sólo tienen una presencia testimonial.
Las elecciones en Tlaxcala se han convertido en un asunto de género, ya que en dos de los tres distritos la disputa se da entre mujeres, en tanto que en uno de ellos participan puros hombres, con grandes diferencias entre sus posibilidades.
En el Distrito I, los candidatos de Acción Nacional y de la Revolución Democrática han irrumpido en la vida de los militantes con fuerza para posicionarse a partir de que enfrentan dos visiones de gobierno. La alianza ciudadana hace frente a la alianza democrática.
En el Distrito III, el PAN se enfrenta al PRI, pero la competencia también es entre mujeres, una con la experiencia de haber participado en dos procesos fallidos y una que se ha formado en las lides sindicales.
En el Distrito II, van tres hombres, pero solo uno tiene posibilidades. El ex secretario de Salud no tiene enemigo al frente y va como en caballo de hacienda que hasta incorpora en sus promesas que la disputa no es sólo por la diputación sino por la presidencia de la Comisión de Salud en la Cámara Baja.
Las campañas habrán de desarrollarse a ras de suelo, pues la visita domiciliaria se convertirá en la acción más socorrida; hasta el hogar llegarán los informes de acciones realizadas, de promesas y de uno que otro utilitario.
La percepción de la población es que los candidatos parten de una visión de los problemas que son los mismos, pero nadie se distingue por una propuesta que incida realmente en el plano legislativo. Todos viven la campaña de la promesa.
El mayor enemigo al que se enfrenta una elección intermedia es la abstención, porque los diputados federales y locales se quedaron anclados en que su función no es elaborar o modificar leyes y fiscalizar el gasto público, sino únicamente la supuesta gestión.