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Martes, 12 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Mandrake, el mago*

 
MARCOS WINOCUR

Dos hechos ocurren simultáneamente. Uno, es el siguiente. La vida del planeta resulta conmocionada por la llegada de los ET. Pero de una manera asaz curiosa. Las comunicaciones se interrumpen para escuchar una voz que clama en todos los idiomas: “¡Terrícolas! Nos habéis tomado prisioneros. Si en una hora no recuperamos la libertad, el planeta será destruido.” Y una y otra vez el mismo mensaje, sin que nadie sepa de qué están hablando ni de dónde han salido, ni quiénes chingados son. Que la amenaza va en serio, nadie lo duda: si pueden interrumpir las comunicaciones e irradiarse plurilinguísticamente... Todo el mundo está asustado, nadie entiende nada.

Ese es un hecho.

El otro es el siguiente. Una basurita ha caído en mi ojo sin que logre sacármela, se lamenta Mandrake. Su mujer, Narda, le contesta espantada: ¿Pero no has oído...? ¿Y me vienes con esa nimiedad? ¡Es el fin del mundo!

Es el otro hecho.

Y entonces llaman a la puerta, el asistente del secretario general de la ONU viene por el mago ante la emergencia mundial. Mandrake se siente cada vez peor, el ojo le duele y continuamente lagrimea, ni abrirlo puede. Y los ET truenan: “¡Ya basta de arrojarnos chorros de agua y de tenernos a oscuras!”. Y el mago, perplejo, comienza una frase: ¿Quién los tiene a oscuras...? e inútilmente trata de levantar el párpado de su ojo malo. Y agrega: ¿Quién les echa chorros de agua...? y  no puede contener las lágrimas. Pero no es momento de preguntas, no hay tiempo que perder, todos salen rápidamente  y suben al auto. Se desata entonces una discusión entre Mandrake y Narda. Si dirigirse directamente a la ONU o bien ver antes al oftalmólogo. Les queda de paso y el mago argumenta que en ese estado de poco servirá a la ONU.

Triunfa la segunda tesis. El oculista los atiende de inmediato. Examina el ojo de Mandrake y diagnostica: Es una partícula metálica. Y va por un imán, lo aplica al ojo. En ese momento se escucha: “¡Cesad inmediatamente el campo magnético...!” El oculista toma entre dos dedos la partícula que está adherida al imán y la coloca sobre la palma de su mano. Pero ¿dónde está? yo la puse... ¿se me habrá caído? Y por un momento todos creen haber visto un punto brillante elevarse como si la partícula... “No, no es posible...”

Y caen en cuenta: se ha hecho el silencio, no truena ninguna voz de los ET.

“Ya sé, es otro de tus trucos, Mandrake”, exclama Narda. “Por eso no te importaba demorar la llegada a la ONU.” Mandrake sonríe tontamente, “gracias, doctor, qué alivio para mi ojo.”

*Reproduce actualizada una historieta de sus creadores, Lee Falk y Phil Davis

 
 
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