El Banco de México informó la semana pasada de los resultados de una encuesta entre empresas respecto al financiamiento de éstas, la cual muestra que la mayoría de ellas recurre al crédito de proveedores. Éste explica el 56.2 por ciento del financiamiento de ellas, y solo el 20 por ciento; es decir, dos pesos de cada 10 provienen de la banca comercial. Asimismo, en dicho comunicado, dicha institución afirma que “hasta mediados del año pasado, el financiamiento a empresas y personas fue uno de los factores que mantuvo el dinamismo del mercado interno”. Lo que no se señaló es que la restricción crediticia hacia las empresas se viene dando desde la crisis de 1995, donde la banca dejó de prestar a las empresas, dados los problemas de insolvencia que éstas enfrentan. Hay que destacar que la expansión crediticia que se dio del 2003 a 2007 no favoreció a las empresas, sino al consumo. Con datos de tal institución, se comprueba que en 2003 las empresas de la industria manufacturera, recibían el 13.6 por ciento del total de los créditos otorgados por la banca comercial, y los destinados al consumo representaban el 10.3 por ciento. Para 2007 la industria manufacturera recibe sólo el 10 por ciento del total de tales créditos, y el consumo recibe el 28.2 por ciento de dicho total. Es decir, la banca comercial otorgó cerca de dos veces más créditos al consumo que el dirigido a la industria manufacturera.
Las familias cayeron en sobreendeudamiento. Sus bajos ingresos las orillaron a demandar mayores créditos, y ello fue incentivado por la política de los bancos de otorgarles más crédito para ganar con ello. Pero, ¿cuál es el resultado de marginar al sector productivo de créditos? Pues la economía, y con ello el ingreso de empresas e individuos y el empleo, no crecen en forma suficiente, para hacer frente al pago de la deuda comprometida, y de ahí los problemas de cartera vencida que se tienen.
A ello se suma el hecho que el crédito al consumo se canalizaba sobre todo a productos importados, por lo que la demanda generada por la expansión crediticia se filtraba al exterior y no tenía impacto multiplicador interno, favorable sobre el ingreso nacional. Ello además, aumentaba la vulnerabilidad de la economía, pues se incrementaba el déficit comercial externo, llevando a la economía a depender más de los flujos de capitales. Éstos han disminuido en el contexto de crisis actual, lo que viene a complicar más la situación, pues ya no hay financiamiento externo para mantener la expansión crediticia. Es decir, a los problemas de cartera vencida, se le suma la inviabilidad de financiar el déficit externo que generaban tales créditos.
Por su parte las empresas ven disminuidos sus ingresos, por la caída de exportaciones y del mercado interno, y también se desvalorizan sus activos, ante la caída de la Bolsa de Valores. Ello aumenta su cartera vencida, lo que agrava los problemas del sistema bancario. Ante ello, la banca reacciona restringiendo el crédito, lo que viene a acentuar más la problemática, pues disminuye consumo e inversión, y se contrae más la actividad económica, así como los ingresos de empresas e individuos, y menos capacidad tienen para hacer frente a los pagos de su deuda, cayendo así en un círculo vicioso, que profundiza y alarga el contexto recesivo.
El problema generado tiene responsables, y son el Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, que han dejado a la banca actuar como ha querido, descuidando a la esfera productiva y especulando con créditos al consumo con altas tasas de interés, que han ocasionado los problemas de cartera vencida y la restricción crediticia que ahonda el problema de crisis que enfrentamos.
Por más que se ha señalado que la banca está capitalizada y con capacidad para sortear los problemas, la realidad es que el aumento de la cartera vencida está desvalorizando sus activos y su capital también ha perdido valor, dada la caída del precio de sus acciones, por lo que se acentúan sus problemas, dada la alta relación de apalancamiento en que cayó. Es decir, su capital es reducido en proporción a los créditos otorgados, por lo que al desvalorizarse tales activos y su capital, se incrementan los problemas de insolvencia del propio banco, frente a los depósitos existentes y las deudas contraídas, lo que demandará el apoyo del gobierno, tal como aconteció en 1995–96 y actualmente acontece en los países desarrollados.
Ante los problemas de cartera vencida, la banca no disminuye la tasa de interés para aligerar el costo de la deuda y así asegurar condiciones de reembolso, sino por el contrario, tratan de protegerse de mayores pérdidas, manteniendo altas tasas de interés, lo que termina agravando dicha problemática.
Todo apunta a que continuará creciendo la cartera vencida, pues no hay perspectivas de que disminuya la tasa de interés y se incremente el ingreso de los deudores, por lo que se agravará la inestabilidad del sector bancario, y con ello la restricción crediticia. Al no haber créditos, no hay crecimiento de consumo e inversión, y por lo tanto no habrá crecimiento, ni generación de empleo. Mientras no se retome la dinámica económica, y se mejore el ingreso de empresas e individuos, seguirá la cartera vencida, la restricción crediticia, y menos se dará el crecimiento económico.