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Martes, 12 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ENTORNO FINANCIERO  

De los mercados y la codicia

 
JORGE VÁZQUEZ SÁNCHEZ

Estoy leyendo un libro de Jack Weatherford titulado La historia del dinero; en dicho libro se hace notar el primordial papel que el dinero tuvo en el desarrollo del mercado, institución social en la que los seres humanos nos relacionamos de manera impersonal (lo cual puede parecer un contrasentido) y que ha sido la base del desarrollo capitalista.

De hecho hasta hoy la historia ha privilegiado al mercado por sobre la planificación centralizada para asignar los recursos y distribuir los frutos de la producción, así aparece registrado con el desmembramiento de la URSS y la desaparición del socialismo en ciertos países. Para muchos de nosotros los mercados son la base de una vida civilizada deseable.

De mi lectura me ha quedado muy grabada la referencia que hace el autor del libro en el sentido de que para Aristóteles el propósito del mercado no era sólo el de intercambiar bienes sino el de satisfacer la codicia, atendiendo a un instinto humano básicamente indeseable.

Hice química con la percepción de Aristóteles; efectivamente, codicia es la emoción humana que ha  dado sentido, si se puede decir así, al desarrollo del género humano en lo general y de nosotros quienes vivimos en las sociedades modernas, en lo particular.

Pero resulta que al tomar conciencia de las implicaciones de esta directriz humana puede uno percibir lo aberrante de sus resultados; conciencia que perdemos en la lucha diaria por la vida regida por una lógica que encuentra justificaciones: ser competitivo, ser eficiente, ser eficaz, ser rentable, etcétera, etcétera.

La codicia nos impulsa a una vida frenética y mojigata: fincamos nuestro valor por el plus que logramos respecto a los demás como si nada estuviésemos  arrebatando (mosquitas muertas); pero más aun, exhibiendo nuestros “logros”, la casa que tenemos, la ropa que vestimos, el auto que compramos, las joyas que portamos, los modales que nos distinguen, los lugares en que vacacionamos, etcétera, etcétera.

Cuánta actualidad adquiere el punto de vista de Aristóteles. La reciente crisis financiera ha sido una clara expresión de la codicia que envolvió a los estadounidenses (aunque no exclusivamente) aglutinándolos en una masa frenética que buscaba la riqueza y el consumo, llevando estas aspiraciones hasta sus límites de irrealidad.

La crisis financiera y económica han limpiado los excesos de la codicia, excesos que rebasaron los límites de lo posible; las bolsas de valores cayeron, destruyendo riqueza financiera ficticia y la recesión productiva ha estado eliminando el exceso de consumo.

La labor profiláctica de la crisis permitirá revisar las disfuncionalidades del sistema económico/financiero mundial para proseguir con esta forma de vida neurótica que nos retribuye con espejismos.

 
 
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