Pese a la contingencia por la influenza humana, en el hospital de Especialidades Manuel Ávila Camacho, mejor conocido como San José, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), no se están respetando las medidas preventivas que la Secretaría de Salud federal recomendó a los establecimientos cerrados para evitar la propagación del virus AH1N1. Pero por si fuera poco, algunos pacientes deben esperar hasta tres meses para recibir una consulta.
En un recorrido que hizo La Jornada de Oriente por este nosocomio entre las 9 y las 11:30 horas, se observó que la mayoría del personal administrativo, médico, de enfermería e intendencia que labora en el área de consulta externa no porta cubrebocas, quienes lo hacen lo traen colocado incorrectamente, sobre el cuello.
En los baños de este nosocomio, que es uno de los más importantes de la región centro del país, no hay jabón ni papel higiénico.
En las salas de consulta externa no existe ningún tipo de ventilación. Las sillas están juntas y la afluencia de pacientes en el turno matutino, de 8 a 2 de la tarde, de acuerdo con estimaciones del personal médico y enfermería del nosocomio, es de unas 3 mil personas, mientras que en el vespertino es de unos mil 200, aproximadamente, que esperan entre una y tres horas para recibir el servicio médico.
Los vestidores del personal médico y de enfermería están sucios, no hay intendentes que estén desinfectando las salas de consulta externa permanentemente, tampoco un modulo de información sobre la influenza humana y ningún trabajador que le indique a los pacientes guardar una distancia de por lo menos 2.25 metros.
La Secretaría de Salud federal fue muy clara cuando emitió las recomendaciones para los establecimientos cerrados:
Colocar en lugares visibles de los accesos un cartel sobre la técnica adecuada para toser o estornudar; en los baños, poner un manual de procedimientos del lavado de manos; garantizar en los servicios sanitarios agua, jabón, desinfectantes y toallas de papel desechables; conservar limpios los sanitarios y vestidores del personal; limpiar las superficies de acero inoxidable o plástico con agua, detergente y cloro cada cuatro horas; ventilar todas las áreas de las salas; colocar dos butacas como mínimo entre usuario y usuario, así como dos filas al frente y atrás procurando cumplir con una distancia de 2.25 metros entre una y otra.
Para evitar las aglomeraciones en los filtros de supervisión, sugirió, hacer una fila y guardar una distancia de por lo menos un brazo entre una persona y otra, y mantener limpias y desinfectadas las superficies duras, como mostradores y superficies del baño que tocan más de una persona.
No obstante, con las condiciones en que opera dicho hospital pareciera que ni a los directivos ni a los trabajadores les importa acatar dichas sugerencias.
Mirta, una derechohabiente del IMSS, comentó que el 6 de mayo acudió al Hospital de Especialidades a recoger los resultados de una mastografía. Por la contingencia se previno y se colocó un cubrebocas antes de ingresar al nosocomio. Cuando entró, su sorpresa fue que casi nadie lo portaba.
Cuando llegó al área de Oncología, el médico la pasó a un pequeño cuarto, donde había otras siete personas, para que se desvistiera, pero no lo hizo porque no iba a que le hicieran análisis, sino a recoger los resultados de sus estudios.
“Mis resultados no estaban, entonces tuve que ir a buscarlos al sótano, al departamento de radiografía, busqué por todos lados y nadie sabía nada. Cuando regresé al área de urgencias, el oncólogo ya había atendido a unos siete pacientes. El doctor, muy amable, me preguntó que cómo estaba, yo respondí: totalmente desconcertada porque no es posible que en una clínica donde se maneja la salud no haya ninguna prevención. El doctor me contestó: “tenemos que consultar”.
“Yo le dije –agregó– que tenían que consultar en otras condiciones, por lo menos evitar aglutinar a personas en espacios tan reducidos. Me contestó que si lo hiciera no me hubiera dado la consulta”.
El mismo argumento al que recurrió el oncólogo con Mirta fue utilizado por enfermeras y médicos, quienes fueron cuestionados por La Jornada de Oriente durante un recorrido que hizo por el hospital.
¿Por qué permiten que estén saturadas las salas de consulta externa? –preguntó esta reportera.
El personal entrevistado, quien solicitó no revelar su nombre, contestó: “las consultas ya estaban programadas, por lo tanto, es difícil comunicarle al derechohabiente que ya no venga. Los días pasados, cuando estuvo más fuerte la contingencia, mucha gente dejó de venir, pero ahora ya volvió todo a la normalidad”.
Agregó que si se apegaran estrictamente a las medidas sanitarias tendrían que cancelar un gran número de consultas, hecho que terminaría perjudicando con más intensidad a los pacientes, quienes de por sí, para obtener una cita tienen que esperar entre uno y tres meses.
Las salas están sucias, justificaron, porque no hay suficiente personal de intendencia. Y los que están le dan prioridad a mantener limpias las áreas de hospitalización.
Ayer, entre las 9 y 11:30 horas se observó que en las salas de consulta externa había por lo menos unas 800 personas esperando ser atendidas.
Sin embargo, se estima que cada día, en el turno matutino se entregan 3 mil fichas para consulta externa en los seis módulos de control, que integran todas las especialidades médicas. En cambio, en el turno de la tarde, se reparten la mitad de las fichas que se dan en la mañana y sólo operan los módulos de control B y F, que incluyen las especialidades de cirugía plástica, cardiología, angiología, alergología, medicina interna, hematología, urología, proctología, reumatología y endocrinología.