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Viernes, 8 de mayo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 EPIDEMIO-LÓGICA 

Los peligros del beso

 
JOSÉ GABRIEL ÁVILA-RIVERA

Hastiado de tanta información sobre la influenza y consciente de que cualquier comentario contribuye al caos, sin un afán de evadir el tema pero analizando los factores de riesgo que se mencionan hasta el hartazgo, pensé en el beso. La cantidad de microbios que se encuentran en la boca es impresionante, pues hablando simplemente de bacterias, se han elaborado estudios que estiman la existencia de más de 400 especies, a los que deben agregarse virus, parásitos y hongos. Esta diversidad biológica obedece a que nuestra cavidad oral (vía de entrada para alimentarnos), brinda nutrientes, temperatura relativamente estable, humedad y hasta protección para seres vivos microscópicos. Sin embargo, aunque en apariencia este ambiente es cálido, cómodo, eficaz y confortable, no les hace fácil la vida pues se establecen procesos de competencia, de modo que esta búsqueda de la supervivencia desencadena mecanismos biológicos complejos que concluyen en un verdadero equilibrio de convivencia ecológica.

Describir la lista de estos seres invisibles que se hayan en condiciones normales y que pueden producir enfermedades no es el caso, pues se puede caer en el error de alarmar ante una conducta que jamás dejará de llevarse a cabo, como un artículo publicado en la revista British Medical Journal que en un informe del año 2006 planteó que los besos representaban un importante factor de riesgo para que adolescentes presentaran enfermedad meningocócica, es decir, infección en las membranas que recubren el cerebro (Tully J, et al. Risk and protective factors for meningococcal disease in adolescents: matched cohort study BMJ 2006; 332:445–450).

Lo cierto es que pertenezco a ésa generación en la que el beso era reservado exclusivamente para “la novia” y en sitios íntimos, fuera del alcance de cualquier mirada indiscreta. Hoy el “besuqueo” es impresionante. No se genera solamente en cualquier sitio, sino incluso es común entre desconocidos. Cuando los muchachos se presentan como amigos, de inmediato se ofrece el beso no como una muestra de afecto sino dando a conocer un plano de confianza y de integración. No es que me espante. Hace poco escuché un comentario de un adolescente que manifestaba su inquietud por experimentar relaciones bisexuales para definir sus preferencias. Es una cuestión de enfoque, de perspectiva, de orientación pero sobre todo, de gustos. Y bajo la premisa de que “en gustos se rompen géneros” pues difícilmente se pueden criticar estas modalidades de vínculos sociales. Pero esto me lleva a recordar la forma en la que mi padre cortejaba a su futura esposa, con bellísimas y multitudinarias serenatas que mi pobre mamá, de condición muy humilde por la orfandad temprana, trabajaba tanto y vencida por el sueño, era la única mujer que en su vecindario, no escuchaba esos desesperados y hermosos galanteos que, por cierto, ya pasaron de moda. No sé si mis padres se besaron antes de casarse (y nunca me atrevería a hacer la pregunta); pero esto me recuerda cómo fue la conquista del abuelo a la madre de mi papá. Ante la negativa rotunda de relación por su pobre condición de carpintero, talla baja y bigote al estilo “carrancista”, la única forma de establecer una relación fue por un medio de comunicación extraordinariamente imaginativo y particularmente romántico. La abuela Rosalía, tempranito, cocía el maíz para hacer el “nixtamal” que llevado a un molino, generaría la masa para hacer las tortillas. Cuando salía de casa, dejaba tirados maíces anunciando la partida que el abuelo José buscaba para coincidir en el molino. Si por alguna razón el encuentro no se daba, regresaba dejando en el piso, bolitas de masa, lo que señalaba con claridad que algo había pasado y que había cambiado la hora. Pero la llegada de las golondrinas causó una catástrofe pues, sin darse cuenta, cuando la abuela regresó, las aves devoraron maíces, bolitas de masa, anhelos de un encuentro y la breve charla cotidiana. El abuelo esperó tanto tiempo, que afligido por la sola imagen de que algo le hubiese sucedido corrió a buscarla dando a conocer el impúdico romance y condicionando medidas de control más estrictas para evitar lo que a la larga sería irremediable. ¿Se habrán besado antes de casarse? Creo que es lo de menos.

Los besos, a pesar de los microbios, seguirán existiendo, aunque es imperativo expresar que no deben darse en promiscuidad. Pero tomando la frase del poeta alemán Oskar Bernhardt (1875–1941) que afirmaba: “No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos”, en este sentido, a todos, hoy les mando un beso...

 
 
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