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Lunes, 27 de abril de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Una celebración de música y alegría en el recital de Corvus Corax del viernes pasado

 

 

Corvus Corax demostró que el tiempo, la geografía y la condición social no son barreras cuando se trata de música  n  Foto Abraham Paredes
ALONSO FRAGUA

La vibración de los tambores se nos colaba por todos los poros. El alegre sonido de las gaitas despertaba el espíritu pagano de varios miles de almas, las ponía a bailar y cantar en lenguas que no eran las suyas. Con cada nota interpretada por Corvus Corax –la Banda del Cuervo Común–, el público olvidaba la paranoia de los tapabocas que rodeaba al recital. Sólo saltaba, gritaba y coreaba las canciones de este grupo germano, cubiertos sus miembros por extraños ropajes provenientes de épocas lejanas.

Mientras gran número de policías resguardaban la explanada del estadio Cuauhtémoc, revisando detenidamente a cada persona del público que ingresaba al área, la gente –en su mayoría vestida de negro e identificada con la cultura urbana denominada dark– esperaba en orden y calma perfectos. ¿Cuántos elementos policiacos hay aquí? “Los suficientes”, contestó el secretario de Seguridad Pública y Vialidad Municipal, Guillermo Alberto Hidalgo Vigueras. “El número es confidencial”, agregó, mientras la multitud sorteaba a los guardianes del orden, sus aparatosas motocicletas, sus bien equipadas camionetas.

Mientras Barroquísimo ofrecía un recital de son cubano en el zócalo –lugar que de acuerdo con el programa original iba a recibir a Corvus–, cerca de 4 mil fanáticos de esta banda provenientes de Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, San Luis Potosí, DF y otras entidades celebraban la alegría de su música bajo la luna, lejos de la catedral y el primer cuadro de la ciudad. De dónde salió el dato de 15 mil asistentes esperados por el IMACP jamás se aclaró. En todo caso, fue la razón esgrimida para desplazar este concierto hasta la explanada del estadio. Hay fundadas razones para suponer que la lejanía de la nueva locación persuadió a muchas personas de quedarse en casa.

Pero los que sí asistieron al recital de el viernes 24 pudieron gozar de uno de los mejores espectáculos de Barroquísimo con tranquilidad y holgura. Entre las dulces notas de las gaitas y flautas que hacían flotar las ropas de los ocho músicos alemanes y la profundidad y emotividad de las percusiones que provocaban el salto de los cuerpos y los corazones de todos los presentes, Corvus Corax demostró que el tiempo, la geografía y la condición social no son barreras cuando se trata de música.

Durante las dos horas de presentación, las gargantas de muchos hombres y mujeres no dejaron de gritar a los alemanes que en México cuentan con un público fiel desde sus anteriores visitas, en 1999 y 2007.

 
 
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