Desde la década de 1950 la “revolución cognitiva” unificó la psicología, la lingüística, la informática y la filosofía de la mente alrededor de una nueva y poderosa idea: que la vida mental podía explicarse en términos físicos a partir de los conceptos de información, computación y retroalimentación. Dicho llanamente. Las creencias y los recuerdos no son otra cosa que información, la cual reside en ciertas estructuras y patrones de actividad del cerebro. Pensar y planificar son secuencias de transformaciones de esos patrones. Querer e intentar son estados–menta (goal states) que gobiernan esas transformaciones a través de un sistema de retroalimentación basado en las discrepancias halladas en el mundo entre el estado–meta y la situación presente, y que las transformaciones tienen por objeto reducir. (S. Pinker, La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma de la máquina, Barcelona, Paidós Asterisco, 2005)
Una de las personas que ha ayudado a la “consilencia”, unidad del conocimiento entre bilogía–cultura, naturaleza–sociedad, materia–mente, ciencias o artes y humanidades, ha sido el Premio Nobel de medicina (fisiología), Eric R. Kandel (2000). Los resultados de las investigaciones sobre la bilogía del cerebro, llevados a cabo por el doctor Kandel, dan luz, desde una perspectiva reduccionista, como él mismo señala, sobre el aprendizaje y la memoria. Aunque, el objetivo de sus investigaciones no es el filosófico, sus hallazgos sirven para esclarecer y unificar puntos antagónicos que hasta ahora siguen dominando las aulas del debate. Entre las áreas dentro de la neurobiología que ayuda a esclarecer el cuán flexible es el cerebro una vez la persona nace y envejece. El cerebro una vez desarrollado es susceptible de modificarse (por ejemplo, por el proceso de aprendizaje), y aún dentro de la complejidad en el estado adulto su flexibilidad es suficiente para permitirnos el proceso de aprendizaje.
La genética y los procesos del desarrollo especifican las conexiones entre las neuronas, esto quiere decir, qué neurona se une con cuál, donde se forma una conexión sináptica y cuándo lo hace. Pero ni la genética ni el desarrollo especifican la fortaleza de dichas conexiones. La fortaleza, efectividad a largo plazo de una conexión sináptica unión entre neuronas), está regulada por la experiencia. Esto quiere decir que el potencial de mucho del comportamiento de un organismo está construido en el cerebro y es sólo hasta esa medida que es controlado por la genética y el desarrollo; sin embargo, el medio ambiente del organismo y el aprendizaje alteran la efectividad de las vías preexistentes, por lo tanto dirigen hacía la expresión de nuevos patrones de comportamiento.
De acuerdo a Kandel, la arquitectura neural del comportamiento es invariante. El circuito neural responsable de la percepción forma conexiones sinápticas que son fijas, asegurando así la precisión de nuestro mundo perceptual. El circuito neural responsable de la memoria tiene conexiones sinápticas que cambian en fortaleza con el aprendizaje. Estos mecanismos forman las bases de la memoria y del funcionamiento cognitivo superior.
Sin ser muy riguroso en el análisis, podemos decir que algunas escuelas del pensamiento filosófico sostienen que aprender es reconocer, lo que viene a decir que aprendemos aquello para lo que nuestro cerebro está preparado (desde el punto de vista evolutivo/genético) para asimilar. Por otra parte, otras escuelas sostienen que el cerebro es una estructura preparada para aprender, pero que está vacía de contenidos al nacer y que se va rellenando/completando a lo largo del proceso vital.
En palabras del doctor Kandel se podría decir que los nuevos descubrimientos neurobiológicos ayudan a resolver esta fuerte controversia. El empirista británico John Locke argumentaba que la mente no poseía conocimiento innato, que era como una hoja en blanco, “una tabla rasa”, que con la experiencia eventualmente se iría llenando. Todo lo que sabemos del mundo es aprendido, así que mientras más encuentros tengamos, y mientras más efectivamente la asociemos con otras ideas, más fuertemente impactará nuestra mente. Por otro lado, Immanuel Kant, el racionalista germano, argumentaba lo contrario, que nacemos con ciertas construcciones de patrones de conocimiento. Estos patrones, los cuales Kant llamaba conocimiento a priori, determinan como la experiencia sensorial es recibida e interpretada. La evidencia experimental de la neurobiología, especialmente los estudios del doctor Kandel en Aplysia permiten sostener que ambos puntos de vista tienen meritos. La anatomía de un circuito neural es un ejemplo simple del conocimiento a priori kantiano, mientras que los cambios en la fortaleza de cualquier conexión particular en el circuito neural reflejan la influencia de la experiencia. Más aún, consistente con el pensamiento de Locke, la práctica hace al maestro, la persistencia de tales cambios subrayan la memoria.
Los resultados experimentales con la Aplysia, llevados a cabo por el doctor Kandel, demuestran que la plasticidad del sistema nervioso, la habilidad de las células nerviosa para cambiar su fortaleza y aún el número de sinapsis, es el mecanismo que subraya el aprendizaje y la memoria a largo plazo. Como resultado, dado que cada ser humano crece en un medio ambiente diferente y tiene diferentes experiencias, la arquitectura de cada ser humano es única. Aún los gemelos idénticos tienen cerebros diferentes debido a sus experiencias vividas diferentes. Los cambios en el comportamiento son acompañados por cambios en la fortaleza de la sinapsis entre neuronas que producen tal comportamiento. Estos resultados dan luz sobre la individualidad humana.
La memoria a corto plazo produce un cambio en la función de la sinapsis, fortaleciéndola o debilitando las conexiones preexistentes; la memoria a largo plazo requiere cambios anatómicos. La memoria a largo plazo persistirá mientras los cambios anatómicos se mantengan. Por consiguiente, al producir cambios estructúrales profundos, el aprendizaje puede hacer que una sinapsis que está activa se inactive o una sinapsis que se encuentra inactiva se active. Tanto en la memoria a corto plazo como en la memoria a largo plazo, el número cambios en las conexiones sinápticas pueden ser lo suficientemente grandes como para reconfigurar un circuito neural, pero cuando esto los cambios son anatómicos. Podríamos decir que la memoria surge de cambios en las sinapsis en el circuito neural: la memoria a corto plazo surge de cambios funcionales y la de largo plazo de cambios estructúrales. El aprendizaje deriva del fortalecimiento de las sinapsis. (Los ideas del doctor Kandel fueron tomadas de su libro; Eric R. Kandel, In Search of Memory, New York, W.W. Norton & Company, 2006).
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