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MEDIEROS
desde los comunicadores
Desbarrancar audiencias
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ANA LIDYA FLORES
Lunes, 22 horas. Para muchos de nosotros, ver Primer Plano se convirtió en una suerte de ritual mediático. El primer día hábil de la semana no era negociable con mis compañeros de casa. No caricaturas. No noticiarios. No Aristegui en CNN... Pero llegó la nueva administración del Canal Once y el ritual se fue por la borda. En las últimas semanas llega el lunes y lo que antes fue un deleite ahora es una mala broma.
Lunes, 22:50 horas. El Canal Once ahora tiene otro nombre y otra programación. Hay una serie con tema policial gringo, de esos que se transmiten abundantemente en televisión abierta y de paga. En la transmisión del 27 de abril, un viejo policía instruye a otro menos hábil en los protocolos para evitar el “trabajo de escritorio” y poder permanecer como agente en la calle. Están en un bar y beben hasta marearse. En la siguiente escena, el policía más joven toca la puerta de un departamento. Atiende una joven guapa, aunque algo ruda. Llama a la persona que realmente buscaba el policía. Se asume que él está borracho, aunque el guionista prefiere decir “confundido”. Breve intercambio de frases. La puerta se cierra con el policía afuera y las dos jóvenes se trenzan en una escena erótica. Empieza el intercambio de besos. Sale la blusa de una –que ya está sobre la otra–, y cuando el camisón de la segunda está a punto de salir... Fade out. Aparecen los créditos. No se si llorar o reir porque la audiencia que se quedó sin Primer Plano ahora puede ver un programa de corte policial, idéntico a las réplicas de esa naturaleza que se extienden por la pantalla de televisión.
Lunes 27 de abril. 23 horas. Canal Once. Recuerdo a María Amparo Casar haciendo el planteamiento inicial del programa Primer Plano. Ya no escuché a los otros participantes porque me quedé dormida... Hacia las 23:59 horas, desperté para ver la toma final con los créditos y constaté que sigue pasando el programa especializado en toros. Afortunadamente estaba tan cansada que no perdí el sueño. Puede guardar mi enojo para la mañana siguiente.
Retomo la línea planteada por Jonathan Vázquez en este mismo espacio, y la de todos los que han criticado la actual programación de Once TV. Un remedo de televisión comercial que deja a los televidentes indignados por una censura disfrazada de cambio de horario. Cuando me enseñaron a hacer programación para una estación de radio me explicaron que cambiar abruptamente de géneros, ahuyentaba a los escuchas. La fórmula es infalible: si quieres que un programa deje de ser escuchado o visto, sólo tienes que ponerlo en un horario incómodo y fuera de contexto. A eso se le llama “desbarrancar audiencias”, que para este caso es serie policíaca–análisis político. No pega el interés del público que busca análisis con otro que busca entretenimiento.
Fue muy efectiva la estrategia de la dirección de Canal Once para minimizar los efectos de este círculo rojo de crítica a los actores de la política mexicana. Entiendo que la presión de la prensa publicada logró que regresara a su horario el programa Entrevistas de Cristina Pacheco (viernes, 20 horas). También entiendo que esto no ocurrirá con Primer Plano. Como consuelo vale decir que el domingo a las 21 horas hay en TeleFórmula un programa con una mesa similar: Encuentro con Virgilio Caballero, Lorenzo Meyer o Sergio Aguayo, Miguel Ángel Granados y Ricardo Rocha. La sobriedad de la imagen dista de Primer Plano pero la calidad del análisis es irreprochable.
En fin. Busquemos sustitutos. Es una de las opciones que nos queda a las audiencias inconformes y que no damos el ancho para estar cabalmente despiertas entre las 23 y las 23:59 de los infaustos lunes por la noche.
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¿Y tú, qué tele quieres ver?
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LILIA VÉLEZ IGLESIAS
La pregunta anterior formó parte de la campaña que, en el Distrito Federal, se realizó hace algunas semanas para promover el cambio de imagen y de programación del Canal Once, hoy Once TV México, misma que salió al aire el pasado 30 de marzo con 43 estrenos y cinco nuevas barras programáticas. Las modificaciones sufridas por el canal del Instituto Politécnico Nacional (IPN) han recibido serios cuestionamientos de especialistas en medios, los que han criticado tanto la nueva identidad visual como el contenido.
Uno de los primeros señalamientos que se ha hecho es el relacionado al cambio de nombre y de imagen visual. Académicos y especialistas en publicidad e imagen han criticado los cambios, que por primera vez fueron diseñados por una agencia externa y no por el área respectiva del canal, al considerar que sustituyen la creatividad y la inteligencia con copias mal hechas de imágenes y campañas comerciales. Algunas de las críticas más severas se dijeron contra los anuncios en los que un hombre, vestido sólo con una corbata de moño, pretende comunicar que la nueva programación es “más atrevida”.
Con respecto a la programación, también ha habido críticas por la desaparición de algunos espacios, como el programa de entrevistas Conversando con Cristina (Pacheco), el cambio de horario de otros como Primer Plano o la reducción de tiempo del noticiario nocturno, que además cambió su horario de las 21 a las 21:30 horas. Empero, la mayor preocupación de algunos estudiosos es que se pretenda convertir a canal en una copia de los canales comerciales con el pretexto de “aumentar el rating”.
En este sentido, Javier Esteinou Madrid, investigador de la UAM–Xochimilco resaltó la necesidad de revisar la nueva programación porque: “Si no es una propuesta sustantivamente cultural de servicio público, nos preguntamos: ¿Para qué queremos una cadena de televisión de Estado que sea una mala copia del modelo comercial privado? El mayor sentido que podrá sostener una tercera cadena de servicio público será consolidar el modelo de comunicación de esta naturaleza que básicamente se resume en vincular los contenidos educativos y culturales con la atención a las grandes necesidades de desarrollo que enfrenta la sociedad mexicana. De lo contrario, ¿por qué la sociedad mexicana deberá pagar a través de sus impuestos el funcionamiento de este modelo si no se vincula con sus necesidades de crecimiento?”
Y aún hay más dudas sobre las intenciones del presidente Felipe Calderón Hinojosa y de su gobierno de “apropiarse” del canal, aunque esto es motivo de otro comentario. Lo cierto es que una mejor televisión pública en México es una vieja demanda inserta en los procesos de reforma del Estado. Debemos mantener la mirada para saber si las modificaciones a canal once apuntan en este sentido, o por el contrario, representan un retroceso.
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Mexicanos incrédulos y desconfiados
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GABRIELA PINTO MÁRQUEZ
Eso es lo que dice la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2008 (www.encup.gob.mx) que en fechas recientes fue publicada por la Secretaría de Gobernación. De los porcentajes preocupantes resaltan el escaso 9 por ciento de los mexicanos que afirmaron tener interés en la actividad política, el 52 por ciento que dijo estar poco o nada satisfecho con la democracia en México, el 77 por ciento que prefiere que el gobierno realice acciones para solucionar los problemas de la sociedad y sólo el 14 por ciento que manifestó estar de acuerdo con que la sociedad trate de resolver sus propios problemas sin necesidad de recurrir al gobierno.
La falta de confianza en las instituciones es un tema que resalta a través de las respuestas de la muestra que contestó el cuestionario. Sólo un 8 por ciento tiene confianza en la Cámara de Diputados y 7 por ciento en la de Senadores, 38 por ciento en el Ejército y 31 por ciento en el IFE, aunque contrasta el 66 por ciento que piensa que las elecciones no son limpias. Cabe resaltar el 42 por ciento que dijo tener confianza en la iglesia.
En contraste con todos estos porcentajes que reflejan una incredulidad y desconfianza de los ciudadanos mexicanos en las instituciones, un 93 por ciento de los entrevistados dijo confiar algo o mucho en su familia.
Estamos cerca de un periodo electoral y la escasa credibilidad en las instituciones debería provocar cuestionamientos sobre la utilidad del voto, ya que una buena parte de la democracia tiene fundamento en la elección de nuestros representantes. Como ciudadanos responsables deberíamos ejercer ese derecho de una manera informada y consciente. ¿Lo hacemos?
En buena medida los medios masivos de información como la televisión o la radio nos facilitan la decisión. Profesionales en el envío de mensajes se encargan de hacernos llegar las cualidades de los postulantes para los cargos públicos, así como los defectos de sus peligrosos oponentes. En campaña se promete gran parte de lo que el grueso de la población desearía, con propuestas elaboradas con base en estudios para detectar qué es lo que la gente quiere escuchar.
La regulación de estos mensajes a favor del voto es prácticamente inexistente porque entran en juego los poderes mediáticos, regidos por intereses de diferentes orígenes, incluido el económico ¿No podría ser esto tachado de manipulación? En la encuesta a la que me refiero al inicio se incluye un preocupante 50 por ciento de confianza en los medios masivos de información (¡aún por encima de la iglesia!). Y lo califico así por el increíble poder persuasivo y seductor que tienen los medios. Su principal característica es la facilidad para encontrar información, aunque la forma sea más cuidada que el contenido.
Valdría la pena cobrar conciencia y asumir la responsabilidad de ser parte fundamental de una sociedad para provocar un cambio y realmente poder vivir mejor.
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