Con una tradición de tres generaciones y con la satisfacción espiritual de ayudar a la gente, Moisés Calderón Cordero alterna sus labores en el campo con la de curar huesos. Su fama ha traspasado su tierra natal y le llegan clientes de Hidalgo, Puebla, Estado de México y Veracruz o en algunos casos, por la gravedad de las lesiones, hasta los visita en sus hogares.
Originario de la comunidad de La Trasquila, municipio de Atlangatepec, desde hace casi 30 años se ha convertido en el huesero más socorrido de esa zona de la entidad tlaxcalteca.
“Para ser huesero se nace con el don de curar, pero hay que prepararse. No se puede uno quedar con lo empírico, por lo que al paso del tiempo he buscado la perfección y me he ido preparando con especialistas”, refiere mientras atiende a una de sus pacientes que tiene lesionada una de sus rodillas.
Heredero de esta facultad, Moisés Calderón cuenta que uno de los recuerdos que tiene más grabado de su infancia es la labor que su padre Serafín Calderón realizaba en su casa, ya que “ahí llegaban todos los lastimados. Los vaqueros de las haciendas aledañas llegaban con él para atenderse de las caídas de los caballos, de los topones de los toros o de las vacas bravas o de las torceduras de piernas y brazos que sufría la gente de la región.
“Ahí, con el simple hecho de ver y ayudar a mi papá a pasarle las pomadas o vendas, tomé conciencia de lo importante de la labor y aprendí, creo, casi todos sus secretos”, abunda Moisés.
Con el paso del tiempo y siempre arraigado en su comunidad, una de tantas mañanas un hombre fue a solicitar el apoyo de su padre porque tenía una lesión en un pie, pero “como lo veía muy lastimado y mi papá iba a tardar, le pedí que me dejara revisarlo y sin imaginarlo, ahí empecé en la actividad porque lo curé muy bien que hasta regresó a agradecerme.
“Por eso digo que esto de curar huesos y ligamentos es un don que dios nos manda, pero hay que estudiar para superarlo. Sin presunción, me he aprendido las funciones y composición de todas las articulaciones del cuerpo y sus huesos, porque en mis manos está a veces el futuro de las personas”, asume con conciencia, mientras sus manos soban y tratan de “colocar en su lugar” los ligamentos de la rodilla derecha de su paciente.
Y a tal grado ha llegado ese conocimiento que asegura que las lesiones más comunes entre la población varían de acuerdo con la zona del estado, “porque en el sector rural y agrícola es más común que sean los accidentes de trabajo los que generan lesiones en piernas y manos, por torceduras y golpes, y sobre todo en la lumbar por cargar cosas pesadas. Mientras en la zonas urbanas del estado, el mayor número de lastimados vienen porque se torcieron las piernas o se fracturaron por practicar algún deporte”.
Heredero de esta actividad, la cual también practican dos de sus hermanos, aunque uno lo hace en Estados Unidos, en donde alterna sus labores en un restaurante y en su casa, en donde atiende a los paisanos en sus lesiones, Moisés Calderón reconoce que “soy huesero que tiene algunas limitaciones, por lo que cuando llegan a mí algunos lastimados con fracturas expuestas o lesiones que no somos capaces de resolver, mejor sólo los estabilizamos y los canalizamos con especialistas o a algún hospital del estado”.
–¿Se gana bien por curar huesos?–, se le inquiere.
–No, no estoy en esto para hacerme rico ni para vivir de ello. No cobro ningún peso por esto, sólo acepto lo que la gente me regala, no le pongo precio a mi trabajo, porque lo hago para ayudar a mis semejantes. No hay mejor pago que ver a la gente sana y restablecida, responde con una expresión de seriedad y con el sudor a flor de piel tanto en su rostro como en el pecho, lo que le ha llevado a mojar su camisa mientras soba a su paciente.
“De la zona de donde soy (La Trasquila) la mayor parte de la gente es de origen humilde y no tienen para pagar los servicios de un ortopedista o algún especialista. Vienen conmigo porque tienen fe que los voy a sanar de sus lesiones, por eso mi principal remuneración es verlos sanos”, recalca.
–¿Cuando llegan a buscarlo personas pudientes, les da el mismo trato?
–Es igual, repito, esto es un asunto de fe y confianza en uno, entonces no tengo porqué cambiar. Si la gente viene por mí para que vaya a ver a sus lesionados hasta sus hogares en otros estados, con mucho gusto lo hago, porque desde lejos vienen porque creen en mí y yo no puedo defraudarlos ni mucho menos por un asunto de dinero.
Con apenas 45 años de edad, Moisés Calderón sólo le pide a sus pacientes algo a cambio por sus servicios, “por muy dura que está la lesión y por difícil que sea, que no me pierdan la confianza, pues si yo no puedo, los canalizo con quien los cure y que pidan para que este don se lo pueda transmitir a mi hijo, para que esta actividad no se pierda”.