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Martes, 7 de abril de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Economía
 
 

 OPINIÓN 

El G–20, el préstamo del FMI y el supuesto blindaje de la economía

 
ARTURO HUERTA GONZÁLEZ

El Banco de México y la Secretaría de Hacienda han asegurado que el país cuenta con un blindaje financiero de 157 mil millones de dólares para hacer frente a cualquier contingencia. El gobernador del banco central dijo que “más vale estar prevenidos para lo peor”. Estos recursos están compuestos de la línea de crédito de 47 mil millones de dólares solicitada al Fondo Monetario Internacional (FMI), más un crédito swap (intercambio de deuda) otorgado por la Reserva Federal de EU por 30 mil millones de dólares, más 80 mil millones existentes en las reservas internacionales. Por más que mencionaron que se trata de fondos preventivos que no tienen intención de tocar, ya anunciaron que empezarán a ofrecerlos a las empresas que requieran hacer pagos de deuda externa.

De hecho, en la propia resolución del G20 se señala que los prestamos del FMI “tienen el propósito de atender las necesidades de balanza de pagos de cada país, y particularmente el retiro de capitales externos”. En consecuencia, tales recursos, por más que Calderón señale que actúan en contra de los especuladores, son a favor de éstos. El gobierno se endeuda en dólares para incrementar las reservas internacionales para poder satisfacer la demanda especulativa por dólares que ejerce el capital financiero y evitar que ello presione más sobre el tipo de cambio. Esta historia se vivió en 1982, cuando nos saquearon, y lo volvieron a hacer en 1994, y de nuevo está aconteciendo.

Se endeuda el gobierno también para poder financiar el déficit del sector externo creciente, ya que se corre el riesgo de que la menor entrada de recursos por las remesas, como por la inversión extranjera no lo puedan cubrir. Se recurre a la deuda externa para evitar que caigan las reservas internacionales, y que se puedan mandar señales de falta de liquidez frente a las contingencias que se enfrentan. Por más que el secretario de Hacienda rechace que la economía está débil, sino que “por el contrario, la línea de crédito es una muestra de confianza a países con fundamentos económicos y un marco de políticas sólidas”, si ello fuera cierto, esas políticas no nos tendrían que llevar a descansar cada vez más en mayor endeudamiento externo. Ese es el problema que ellos no quieren aceptar. Siguen insistiendo en que el crédito del FMI refleja “un respaldo a las políticas seguidas por México en el manejo de las finanzas públicas” y el resto de la política predominante, sin aceptar que éstas han sido incapaces de configurar condiciones de crecimiento sostenido y menos vulnerable del exterior. Si en realidad los fundamentos económicos y las políticas fueran sólidas, no seríamos una economía de América Latina de las de menor crecimiento, con fuertes presiones sobre el sector externo, con creciente desempleo y que tenga que recurrir al endeudamiento externo para sortear sus problemas. En vez de desechar la política económica que nos ha llevado a tal situación, se pretende amortiguar los problemas a través de mayor endeudamiento, y el problema se agudizará una vez que se deje de contar con tales recursos y se tenga que cubrir el déficit externo, más la carga del pago del mayor endeudamiento.

Ello nos llevó a la década perdida de los años ochentas, y nos llevará ahora a una crisis más profunda, considerando que tenemos menos industria, menos sector agrícola, mayores presiones sobre el sector externo, menor entrada de capitales y por lo tanto menor capacidad de pago.

La salida que se está dando a los problemas de la economía nacional, está aparejado a los resolutivos del G–20, donde acordaron aumentar la inyección de recursos en más de un billón de dólares al FMI, y a otras instituciones multinacionales, así como a apalancar el comercio exterior, para “restaurar la confianza, el crecimiento y los puestos de trabajo, reparar al sistema financiero y de crédito”.

Pretenden resolver la crisis inyectando más recursos a la economía mundial, sin considerar que por más capital que EU y los países europeos han otorgado a sus sistemas financieros, no han frenado la crisis ni logrado que los bancos incrementen el crédito. Se insiste en una política fallida, que no ha dado resultados, y a la vez se pronuncian por “una globalización sustentable basada en una economía mundial abierta, sostenida en principios del mercado”, con un claro rechazo al proteccionismo; es decir, continuarán las políticas de libre mercado, de libre movimiento de mercancías y capitales que han configurado la crisis, y solo pretenden amortiguar sus daños inyectando más recursos a la economía mundial para seguir permitiendo que prosiga dicha política y que se pueda cubrir el financiamiento de los déficit externos que las políticas económicas ‘sólidas’ han sido incapaces de solucionar.

Para que la insolvencia de los países subdesarrollados no genere mayores problemas a los acreedores internacionales, se les concede más créditos, como los otorgados a  México, para así seguir cubriendo la transferencia de recursos al exterior y saciar las necesidades financieras de los especuladores.

Esta política de endeudamiento sólo traslada a un futuro cercano un problema de mayores proporciones, pues no tendremos forma de cubrir tales pagos.

 
 
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