El regreso de Jorge Rodríguez Morgado al ayuntamiento de Puebla muestra la necesidad de dar un cambio de 180 grados al área de obra pública de la Comuna, el cual es el lado flaco del gobierno local, ya que a lo largo del primer año de gestión en esa área, que estuvo a cargo de Sergio Vergara Berdejo, privó la corrupción, el desorden, la negligencia y los enfrentamientos entre funcionarios.
Rodríguez Morgado en la gestión de Enrique Doger dio muestra de ser un ingeniero que se conduce con ética y profesionalismo, pero sobre todo que no se deja intimidar ni presionar. Por esa razón le renunció al entonces alcalde de Puebla durante la primera parte de la pasada administración, al no haber estado de acuerdo con malos manejos de obras públicas y que él no fuera responsable de la toma de decisiones.
Para nadie es un secreto que en la gestión de Doger quien realmente mandaba en la Secretaría de Administración Urbana y Obras Públicas era Gerardo Sordo, quien era un funcionario de segundo nivel, pero tenía fuertes nexos con constructores y trato directo con el anterior alcalde de Puebla. Frente a esta situación, Rodríguez Morgado no aceptó fingir que él era quien tomaba las decisiones. Por eso dimitió.
Además, no estuvo de acuerdo en el mal diseño de algunas obras, siendo el caso más relevante el Distribuidor Vial 475 –ubicado en el circuito interior, a la altura de Angelópolis–, que al final resultó ser un proyecto caro y deficiente, lo cual demostró que a Rodríguez Morgado le asistió la razón al no haber consentido las modificaciones que se hicieron a los planes originales.
Otro funcionario, con tal de conservar el trabajo y los privilegios que gozan los altos servidores públicos, se habría aguantado y prestado a fingir que era el verdadero responsable del área, así como hacer mutis frente a las irregularidades. Jorge Rodríguez no hizo eso.
Tal parece que esa actitud mostrada por el ex académico de la Facultad de Ingeniería Civil de la UAP es lo que convenció a la edil Blanca Alcalá Ruiz a fijarse en quien fuera el primer secretario de Administración Urbana y Obra Pública en la era de Enrique Doger, para que ahora se vuelva a encargar de la misma responsabilidad.
Sin embargo, la presidente municipal debe tener claro que si Rodríguez Morgado no tiene la libertad de contar con un equipo propio, de tener respaldo frente a las presiones de constructores y de hacer una limpia en la dependencia que ya dirige desde ayer por la noche, no va a funcionar dicho cambio en su gabinete, ni se podrán frenar los vicios que existen en el área de obra pública y en la autorización indebida de proyectos inmobiliarios.
Las causas de que Vergara Berdejo fuera removido es que resultó un fiasco. La mejor prueba de ello es la remodelación del Centro Histórico, la cual es una obra tardada y cara, que ha dañado severamente el funcionamiento de decenas de comercios, que tienen hecho un caos esa parte de la ciudad y son trabajos que no acaban de convencer, pues era necesario atender otras necesidades de la capital en lugar de volver a remodelar los mismos lugares que en su turno arregla cada gobierno municipal.
Se sabe que Vergara nunca tuvo buena relación con los directores de la Secretaría de Administración Urbana y Obras Públicas. Con algunos, porque eran ineficientes, y otros porque se sienten protegidos desde la Comuna, y por tanto no obedecían al titular de la dependencia.
Incluso se comenta que en esa secretaría se vive una misma situación que en el pasado trienio, que quien toma las decisiones reales no es la cabeza de la secretaría, sino otros actores.
Un error que cometió Alcalá es que desde finales del año pasado se supo que tenía previsto cambiar a tres funcionarios del gabinete y eso creó un descontrol en la Secretaría de Administración Urbana, desde donde un grupo de funcionarios aprovecharon la coyuntura y empezaron a otorgar permisos para que se hagan construcciones en área de riesgo o en donde el uso de suelo no lo permite; es decir, campeó la corrupción, como si fuera el “año de Hidalgo”.
Ahora le tocara a Rodríguez Morgado llegar a corregir la negligencia, la corrupción y las omisiones que se cometieron en los últimos meses.
Es un reto difícil y complicado.