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Miércoles, 11 de marzo de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Mujeres, maravillosas mujeres...

 
ISRAEL LEÓN O’FARRILL

Marzo es el mes de las mujeres y me parece que no podría escaparme de escribir algo con respecto al tema, para así hacer un justo homenaje a las féminas. Sin embargo, es pertinente subrayar algo: no estoy muy de acuerdo con esto de los días de celebración a los mal llamados “grupos vulnerables”. Por el contrario, si en verdad respetamos a estos grupos, primero no habría que llamarlos vulnerables, y segundo, habría que considerarlos como integrantes de nuestra vida cotidiana. Afortunadamente, gracias a mi formación en casa, pude entender que la comunicación entre géneros es posible, y para mí ya no es novedad el asunto del respeto a las mujeres y el reconocimiento a sus capacidades y talentos. He de decir que aprecio las buenas letras vengan de donde vengan, y en numerosas ocasiones me he manifestado en contra de tasar a la literatura a través de la genitalidad de los autores, sin importar si les cuelga algo entre las piernas o no. Además, igual que en el caso de los hombres, existen mujeres que no tienen neuronas, y que su sensibilidad está perdida por completo; no por ser mujer tienen menos intelecto que los hombres, pero tampoco quiere decir que tengan más. Tampoco creo que su belleza sea inversamente proporcional a su inteligencia, ni que si se hacen cirugía en todos los rincones se restan capacidades. Todos por igual somos víctimas de las apariencias y más de uno hemos detestado nuestra imagen ante el espejo. Al igual que los simples mortales, soy sensible a la belleza y a una buena figura, no soy hipócrita; sin embargo, me parecen sumamente atractivos la inteligencia y el talento. Bien, dicho lo anterior, podemos avanzar al siguiente punto.

Escritoras hay muchas y excelentes y no pretendo en este instante dar un amplio panorama de su participación en la tradición literaria y ensayística de nuestro país. Apenas, supongo, habré de esbozar algunas líneas en torno al particular, que responde a mis gustos y los felices encuentros que he tenido a lo largo de mi vida. Podría empezar por mencionar una de mis autoras predilectas, que por haber sido contemporánea de Rulfo, quizá no alcanzó el lugar que merecía. Me refiero a Guadalupe Dueñas, y concretamente a su libro de cuentos Tiene la noche un árbol, maravilloso compendio donde la narrativa breve alcanza niveles soberbios que la hacen trascender hasta nuestros días. Es una pena que dicho libro no sea tan fácil de conseguir pues me parece que no ha sido reeditado después que la SEP lo incluyera en su colección de letras mexicanas. Lo mismo sucede con Inés Arredondo, cuentista de geniales atributos, y de cuyas letras se escapa un íntimo sentido de la vida en provincia.

También destacaría a Cristina Pacheco y su Sopita de fideo, que conglomera sus colaboraciones narrativas semanales en La Jornada; lo mismo el trabajo de análisis de la vida política en nuestro país de la siempre aguda Soledad Loaeza, articulista de esta misma casa editorial. Haga el favor el lector de no confundirla con la otra Loaeza, Guadalupe, que en ocasiones realmente se torna insufrible. Y si de opinión y ensayo se trata, no puedo dejar de mencionar a la entrañable Ikram Antaki, que en sus colaboraciones constantes en El Universal, tuvimos ejemplo de exactitud, mesura y de una agudeza que rayaba en la genialidad.

Por supuesto, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Elena Garro... en fin, hay buena cantidad de escritoras en nuestra tan prolífica literatura mexicana. Faltaría en este espacio mencionar a muchas otras mujeres destacadas en la política, las artes, los medios, la investigación y por supuesto, habría que hacer homenaje a tantas mujeres anónimas que día con día llevan la vida a cuestas para sacar adelante a sus familias y a veces, maridos haraganes instalados en la comodidad de la frustración y la crisis para cómodamente hurgarse el ombligo en busca de borra.

Las mujeres se han destacado como seres humanos sensibles como el que más, y han enriquecido el panorama de las letras dejando la piel en ello, como si la vida les fuera en cada una de las palabras que atiborran sus textos. Pero hay que trascender aquello de que son de Venus, y que nosotros somos marcianos. Ciertamente, la igualdad tiene más que ver con los derechos y obligaciones que con parir y cargar objetos pesados. En verdad pienso que es una pena que yo no pueda alumbrar, pero para ser franco, tampoco lo deseo; es un trance que desafortunadamente le ha tocado al otro sexo. Pero eso sí, por fortuna en lo que se refiere a escribir en verdad que se agradece que muchas mujeres se colaran en los resquicios del sistema de porquería en que vive el mundo entero pues, en virtud de esa tozudez, hoy gozamos de aportes fabulosos a la literatura universal. En todo caso, justo es mencionar que no todo lo que de fémina viene es bueno. Ejemplos sobran aunque no creo que valga la pena mencionarlos. Baste decir que a veces jalan la balanza hacia la basura y empuercan más el género que lo que en realidad ayudan. Son la afirmación del estereotipo.

Disfruto en verdad un buen texto, lo mismo que una experiencia erótica; gracias a las mujeres he de decir que me jacto de haber tenido bastante de los dos. ¡Y nunca me canso de hacerlo! Libros hay para rato, y mujeres que escriban también, por lo que no me preocupa. Si lo otro falla, pues para eso ya hay pastillas azules, digo, por aquello del power...

 
 
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