La información estadística día a día muestra que la crisis se profundiza. Aumenta el cierre de empresas y el desempleo. Las proyecciones de la actividad económica para este año se modifican cada semana a la baja. Varios grupos financieros prevén desplome del Producto Interno Bruto en más del 3 por ciento para este año, y eso que estamos a inicios del mes de marzo.
Uno se pregunta, ¿cuánto será el pronóstico a mediados de año? De hecho, el Banco Mundial señala que la producción industrial mundial, a mediados de este año, presentará una caída de 15 por ciento en relación a 2008. Ello refleja la magnitud de la crisis, la cual no se superará en corto tiempo, sino que durará bastante tiempo, y más, si se sigue con la misma política económica que la ocasionó.
El desempleo en el sector formal de nuestro país, según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social, entre octubre de 2008 y febrero de 2009 fue de 538 mil 68 trabajadores, y no obstante ello, el gobierno no cambia el rumbo. Por el contrario, la Secretaría de Hacienda, en su reporte de la semana pasada sobre “El futuro previsible de las cuentas externas, las reservas y el tipo de cambio”, habla de las fortalezas de la balanza de pagos y las finanzas públicas, lo que según ellos “permiten asegurar que las eventualidades que pudiesen presentarse a lo largo de este episodio de crisis global serán manejables y se atenderán oportunamente”.
El problema es que esas “eventualidades” ya se están presentando y no están haciendo nada para “manejarlas”, frenarlas y contrarrestarlas. El banco central, en vez de bajar la tasa de interés, procedió a aumentarla en días pasados, lo que hace más caro el crédito y el pago de las deudas, situación que acentúa el problema de cartera vencida, contrae la inversión y el crédito, por lo que cae la demanda, las ventas y la producción de las empresas y se incrementa el desempleo. El gobierno está más preocupado en frenar la devaluación, y de ahí que no instrumenta políticas anti–cíclicas, tales como reducción de la tasa de interés, e incremento del gasto público. Al mantener la política monetaria y fiscal restrictiva, contrae más la actividad económica e incrementa el desempleo, y por lo tanto la crisis, y no obstante, prosigue la devaluación de la moneda.
La SHCP afirma que no hay despilfarro, ni saqueo de las reservas internacionales, y anuncia que el sector privado podrá disponer de 19 mil millones de dólares en todo el año, lo que contribuirá a apoyar el mercado cambiario, “sin arriesgar las reservas internacionales”. Ello evidencia una vez más, como el gobierno responde a los intereses de los dueños del dinero. Les otorga los dólares del banco central, para que los saquen del país, en vez de canalizarlos a la inversión productiva y a la generación de empleos. De hecho en ese documento oficial se señala que se recurrirá a prestamos de bancos multilaterales de desarrollo por 13 mil 800 millones de dólares para seguir apuntalando las reservas internacionales y al mercado cambiario.
Esa historia ya la vivimos en otras ocasiones, donde el gobierno se endeudaba para poder saciar la demanda especulativa de los dueños del dinero, donde el país termina con altos niveles de endeudamiento, que significan años y años de ahorro forzoso (contracción de la inversión y consumo y del nivel de vida de la población) para poder pagar dicha deuda que solo beneficia a los saca–dólares, para los cuales se gobierna. Y ante eso, ¿qué hace el Congreso? ¿Qué hacen los que son desempleados? ¿Qué hacen los partidos políticos? ¿Que hacen los sindicatos? Nada. Ese es el problema.
Mientras la sociedad no diga nada, el gobierno seguirá con más de lo mismo, no obstante la profundización de la crisis. Continuará instrumentando la política económica que favorece a los dueños del dinero y que ha sido causante de la crisis, y los resultados no pueden ser otros, que más crisis.
El problema es político, y eso a nivel mundial. Mientras los desempleados de Estados Unidos, de Europa, de México, de Brasil y de todo el mundo, se vaya a sus casas, y no se manifiesten demandando políticas económicas que generen empleo y mejores condiciones de vida, seguirá el problema de desempleo y la crisis profundizándose.
Hay que recordar que en la Gran Depresión de 1929–1933, el desempleo y el descontento generado, no obstante los niveles de sindicalización existentes, llevó al fascismo en Alemania e Italia, lo que desembocó en la Segunda Guerra Mundial.
En la presente crisis no están presentes los niveles de sindicalización del pasado, ni está la amenaza socialista que llevó a Roosevelt en Estados Unidos a establecer el New Deal y políticas de bienestar social en beneficio del empleo y de las grandes mayorías.
Los organismos financieros internacionales y la gran mayoría de los gobiernos no han reconocido la profundidad de esta crisis y las causas de la misma, y continúan recomendando la misma política económica que ha venido predominando. Por su parte, la población mundial tampoco ha adquirido conciencia de la gravedad de ésta crisis, y no se manifiesta para demandar cambio de rumbo. Todo ello hará que sigan ahondándose los problemas, lo que tendrá un grave costo económico, político y social que no se ha visto por mucho, mucho tiempo.