La vida de Fray Servando Teresa de Mier es una de las historias más apasionantes del proceso independentista mexicano. A pesar de su condición eclesiástica, Servando personificó en su trayectoria vital los abusos del poder colonial español, y tras su muerte su figura fue un ejemplo paradigmático para las futuras generaciones insurgentes de América Latina. Uno de los más célebres divulgadores de Servando ha sido el novelista cubano Reinaldo Arenas, quien se suicidó en 1990 tras una vida de sufrimientos y persecuciones en la Cuba revolucionaria. La figura de Arenas ha sido a su vez “resucitada” y divulgada gracias a la película Antes que anochezca (2000), basada en las memorias del cubano, al cual interpreta un insuperable Javier Bardem.
El mundo alucinante (1965) fue la gran obra de Arenas, en la cual el cubano reinventó la figura de Servando, basándose en sus textos y, sobre todo, en el paralelismo biográfico de sus vidas. Escrita en pleno boom de la narrativa hispanoamericana, la novela propuso una metáfora del acoso permanente que los poderosos de cualquier época y lugar del mundo proyectan ante las voces disidentes. El autor llevó las memorias de Servando a un nuevo plano, agudizando la picaresca de su vida, el acoso constante y las desgracias sufridas, todo ello reconstruido en un cosmos carnavalesco que recoge lo más crudo del humor cubano en su vertiente grotesca. A pesar del tono surrealista empleado y de los constantes juegos intertextuales, la novela respeta la cronología y geografía de la verdad histórica de Servando.
José Servando Mier Noriega y Guerra nació en Monterrey en 1763, e ingresó a la orden dominica a los 16 años. Destacó como predicador, pronunciando en 1794 frente a las autoridades religiosas un discurso que ponía en duda la veracidad de las apariciones de la virgen de Guadalupe, a la cual emparentaba con Quetzalcóatl. Por su afán provocador fue desterrado a España y encarcelado en Madrid, pero durante el traslado huyó. Pronto fue descubierto y enviado a la cárcel de Burgos, de donde también se escapó. Hacia 1812 se unió a los rebeldes liberales que luchaban contra el rey de España y fue nuevamente hecho prisionero y recluido en la cárcel de la Inquisición. Consumada la Independencia de México, consiguió escapar de España y regresó a su país natal. Por enfrentarse al emperador Iturbide fue de nuevo encarcelado en el convento de Santo Domingo, en la ciudad de México, del que también se fugó (por séptima vez en su vida). En 1824 firmó la Constitución mexicana, y pocos años después el presidente mexicano Guadalupe Victoria lo llevó a vivir a su lado hasta su muerte en 1827.
Su momia fue exhibida como víctima de la Inquisición y trasladada por varios países europeos. Hay diversas discusiones referentes al paradero de los restos de Fray Servando. Existen algunos indicios –discutibles– que ubican su tumba en una de las múltiples capillas ubicadas en la zona de San Pedro de Cholula (Puebla), pero la confirmación de dichos rumores requeriría una investigación que aún no ha tenido lugar. Dada la importancia de dicho personaje, el descubrimiento de sus restos en Cholula, supondría un acontecimiento sin precedentes en la historiografía poblana.
Los continuos encarcelamientos y fugas que padeció Fray Servando fueron para Reinaldo Arenas un reflejo histórico de los que sufrió él mismo en los años posteriores a la Revolución Cubana, luego de haber sido proscrito por homosexual y disidente. El tono burlesco impera en un texto que trata de ser denuncia y burla de la política policial cubana de los años 60: “Servando Teresa de Mier (...) se le acusa de ser propenso a la fuga y de que su pasión más fuerte es la independencia de América (...). Y de haber inculcado a las chinches (...) de haber entrado a una parroquia con un pie enfangado (...) de haberse quejado por el excesivo calor de la Villa de Madrid. También por haberse quejado del frío. De haberse rascado una oreja delante de un arzobispo...”
Coincidiendo con el Artemio Cruz de Fuentes, Arenas recurre a tres narradores simultáneos, un “yo” que es Servando, un “tú” que ofrece otra visión de los hechos y un narrador omnisciente que amplia las dos narraciones o las contradice. La idea, a pesar de no obtener los óptimos resultados de la novela de Fuentes, refleja la expresión de una realidad contradictoria y cuestionable, tal como la percibían Arenas y Servando.
Estamos ante una novela que fue proscrita y tachada de “contra–revolucionaria” en 1965, una época en la que la Revolución Cubana aún era elogiada y reivindicada por los más célebres intelectuales hispanoamericanos. La ruptura de casi todos ellos con Fidel llegaría en los 70, debido –coincidentemente– al escándalo provocado por la detención y humillación pública de otro escritor homosexual, el poeta Herberto Padilla.1
El mundo alucinante es en conclusión, la historia de un buscador de imposibles, que niega toda verdad histórica que vaya más allá de lo individual, más allá de la percepción del mundo de un ser agónico. En el prologo a la edición de 1966 Arenas justifica sus propósitos y nos muestra la fibra humana con la que se comunicaron “literariamente” el cubano y el mexicano. El autor habla directamente a Fray Servando: “La acumulación de datos sobre tu vida ha sido bastante voluminosa, pero lo que más útil me ha resultado para llegar a conocerte y amarte no fueron las abrumadoras enciclopedias, siempre demasiado exactas, ni los terribles libros de ensayos, demasiado inexactos. Lo más útil fue descubrir que tú y yo somos la misma persona. De aquí que casi toda referencia anterior a llegar a este descubrimiento formidable sea innecesaria y casi la he desechado por completo”.
1 La homofobia fue uno de los aspectos más criticables de las primeras décadas del régimen cubano, pero hay que apuntar que desde finales del siglo XX ese problema está siendo atajado, gracias a películas como Fresa y chocolate (1994) y documentales casi clandestinos que han conseguido concienciar a la sociedad y modificar la implacable política revolucionaria.