La indigestión o una digestión difícil, clínicamente llamada dispepsia, es un problema que la mayoría de las personas adultas ha experimentado por lo menos una vez en su vida. Generalmente la indigestión se relaciona con el consumo excesivo de alimentos, especialmente si éstos son “pesados” o muy grasosos. También se le relaciona con el comer tarde en la noche, fumar, con el consumo excesivo de alcohol o con el estrés de la vida diaria.
Los síntomas de la dispepsia se originan en la porción alta del abdomen (epigastrio) y guardan relación con la presencia o ausencia de alimentos en el estomago y en el intestino delgado (duodeno). Sus síntomas cardinales son fundamentalmente: una sensación desagradable de llenura o distensión abdominal después de comer, acidez y regurgitación. Si la molestia es crónica, puede haber náuseas, eructación excesiva con dolor inmediatamente o hasta una hora después de la ingestión de alimentos. Al haber lesión en la mucosa gástrica el dolor estomacal se presenta cuando éste está vacío, y se calma con la ingestión de alimentos o antiácidos. Este malestar puede ser tan insidioso que despierte a la persona durante la madrugada. La dispepsia puede convertirse en un verdadero problema de salud que ataca la calidad de vida de la persona que la padece.
En la mayoría de las personas que son examinadas por causa de estos síntomas no se encuentran lesiones estructurales del aparato digestivo que expliquen la causa de estas molestias. Se le llama dispepsia funcional cuando estos síntomas ocurren en ausencia de una lesión clínicamente identificable. Esto debido en parte a que se piensa que los disturbios en la función gastrointestinal juegan un papel en el desarrollo de los síntomas.
En muchas ocasiones no nos damos cuenta de que el problema gastríco nos lo estamos causando nosotros mismos. El uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINES); por ejemplo, naproxeno, ibuprofeno, la aspirina y otros, por lo general está implicado en el origen de la dispepsia. Otros tipos de medicamentos que pueden estar ocasionando el malestar estomacal son: los biofosfanatos (alendronato y residorato) para la osteoporosis, algunos antibióticos como la eritromicina, los agentes contra la obesidad como el orlistat, el suplemento de potasio, los digitales, y el antidiabético acarbose.
El reflujo gastroesofágico puede presentar síntomas que se confundan con la dispepsia. En el reflujo las agruras son clásicas, y en la dispepsia es el dolor persistente localizado en la parte alta del abdomen lo que lo caracteriza. Si los síntomas de la dispepsia están asociados con la constipación o diarrea podría ser un síndrome de colon irritable. La coexistencia de síntomas psicológicos y eventos estresantes diarios agravan la enfermedad y dificulta el manejo de ésta.
Cuando el padecimiento ha causado daño en la estructura del sistema gastrointestinal, la dispepsia se presenta con lesiones estructurales que pueden ser graves. Como por ejemplo, irritación en el esófago, ulcera en el estómago, estrechamiento del esófago o tumores malignos del aparato gastrointestinal superior. Debido a esto, si los síntomas de la indigestión se acompañan de sangre en la materia fecal, vómitos con sangre, debe ser atendido inmediatamente.
Entre la comunidad médica existe un gran trabajo de investigación sobre la causa de la dispepsia; sin embargo, al día de hoy, no se ha podido señalar una causalidad que pueda ser atendida en el tratamiento de la dispepsia funcional. Se ha mencionado a la bacteria Helicobacter pylori como la causante de estos síntomas, pero los resultados de las investigaciones son discordantes y controvertidos.
Los aspectos críticos de la dispepsia incluyen el vaciado gástrico anormal, el aumento de la sensibilidad gastroduodenal cuando este se distensión mecánicamente y dificultad en la eliminación del ácido gástrico. Por esta razón actualmente se sugieren medicamentos que estimulen la motilidad gástrica. El uso de cisapride para estos fines ha sido prohibido en muchos países debido a los efectos secundarios que afectan el corazón. Los japoneses han venido utilizando por varios años el itropide (antagonista dopaminergico D2). La Guía Clínica para la atención de la dispepsia del IMSS, recomienda el medicamento procinético metoclopramida combinado con algún inhibidor del receptor de Histamina 2 (ranitidina).
Al presente la medicina alternativa no es parte de la medicina convencional, sin embargo, se estima que más de la mitad de las personas con desordenes gastrointestinales la han utilizado. Existe un gran número de hierbas y remedios que reclaman tener efectos benéficos sobre la salud, aunque el número total de los que han sido probados y de los cuales se han llevado investigaciones clínicas son muy pocos. Uno de los productos alternativos que alivia los síntomas de la dispepsia es el aceite de hierbabuena mezclado con aceite de alcaravea. De un 11 a 36 por ciento de las personas que lo usan presentan efectos adversos (agrura, ardor perianal, nausea y a vómito) y en cantidades excesivas puede producir daño en el riñón.
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