A pesar del discurso oficial, es difícil negar que en la ciudad de Puebla la discriminación existe y se da en todos los ámbitos de la vida social de esta capital. Incluso el ejercicio de la prostitución no escapa a ello: en este municipio existen dos clases, una para pobres y otra para ricos.
Para la doctora en historia Gloria Tirado Villegas, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla, en la primera las mujeres son prácticamente perseguidas, acosadas, violentadas, vistas como algo despectivo y, paradójicamente, como esa parte de la ciudad que se quiere esconder.
Sin una tarjeta de la Secretaría de Salud no se puede ser prostituta en los “hotelitos” del Centro Histórico; las revisiones son periódicas y obligatorias para continuar con la tarjeta. La amabilidad y respeto de los médicos que realizan esas “revisiones” son inexistentes.
En los cruceros de las avenidas más importantes de la capital se siguen repartiendo tarjetas de presentación de casas de masaje, en las que se ofrecen servicios económicos; incluso al dos por uno, y los precios van desde los 150 hasta los mil pesos.
En la segunda, el lujo y la exclusividad, la escultural, lo vi ai pi (VIP, very importan person, persona muy importante, en español), están presentes. Una hora de relaciones sexuales con una mujer dentro de esta categoría cuesta por lo menos unos mil 500 pesos, dependiendo del tipo de servicio.
Hace mucho que dejó de sorprender que cuando las extranjeras que se dedican a la prostitución son detenidas por el Instituto Nacional de Migración, llegan a ser defendidas y apoyadas por sus “novios”, algunos jóvenes, otros unos ancianos, con mucho dinero y a bordo de autos de lujo.
De hecho, poco se sabe, aunque no se desconoce, de la prostitución que se practica en hoteles y fraccionamientos de lujo. Interminables son las historias del hombre que quiso “sacar de trabajar” a alguna de ellas del table dance, y la respuesta siempre fue la misma: “Tú no me vas a dar lo que gano aquí”.
Hace más de 15 días, en una operación la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) clausuró varias “casas de masaje” en esta ciudad de Puebla; sin embargo, hoy están nuevamente abiertas y funcionando. De acuerdo con datos recabados por el Sistema DIF municipal de Puebla en 2007, la capital de este estado es el tercer lugar nacional en prostitución infantil.
Por otra parte, entrar al terreno de la prostitución masculina resulta aun más complejo, pues se carece de datos al respecto, como tampoco existen datos sobre el ejercicio de la prostitución femenina en los estratos sociales más pudientes.
Un nuevo concepto
Tirado Villegas afirmó que el concepto de prostitución está ampliamente rebasado: lo que anteriormente se entendía únicamente como el comercio carnal del cuerpo de mujeres y hombres, hoy está superado con la aparición de los llamados “lugares del deseo”; es decir, casas de masajes, sex shops, table dance, chipandails, bares con concursos de “camisetas mojadas” y otros más.
“Poco se conoce sobre todo del tráfico de mujeres extranjeras, jóvenes, y que vienen de zonas que han pasado por depresiones económicas fuertes, como Europa del Este, de donde han salido muchas. Eso no se tiene registrado. La prostitución no debe ser tampoco una alternativa turística, como sucede en Holanda”, subrayó.
La catedrática agregó que ahora el comercio sexual de la prostitución no sólo se limita a las mujeres, sino también a la prostitución masculina, dirigido, lo mismo para mujeres que para hombres.
No a una nueva zona de tolerancia
En entrevista con La Jornada de Oriente, afirmó que la última vez que se reglamentó la prostitución en la ciudad de Puebla fue en el año de 1928. Desde entonces, las siguientes administraciones del ayuntamiento capitalino no se han vuelto a ocupar del tema. Sin embargo, el gobierno municipal, sobre todo recientemente, por un lado persigue y por otro lado esconde la prostitución, indicó.
Añadió que el reglamento de principios del siglo XX no tenía como objetivo de fondo una autentica regulación, sino evitar la propagación de enfermedades como la sífilis, la lepra y la tuberculosis, entre otras.
Agregó que con el inicio del siglo pasado, durante el Porfiriato, la ciudad de Puebla tuvo su primera y última zona de tolerancia, la cual se ubicó en el antiguo barrio de San Antonio. Durante décadas, este barrio padeció todo tipo de consecuencias y la vida era por las noches; pero sin duda, la peor fue que el ayuntamiento de Puebla y el gobierno del estado se apartaron de ejercer su jurisdicción en ese lugar.
San Antonio dejó de ser zona de tolerancia en 1963, mencionó la investigadora, y la “zona roja” fue trasladada a la zona de lo que hoy es la 105 Poniente, en Loma Bella. Sin embargo, las consecuencias para el barrio continúan hasta hoy: abandono, edificios ruinosos, inseguridad y la “mala imagen de ser un lugar bravo”.
De ahí que consideró que la creación de una nueva zona de tolerancia no es lo mejor para encontrar una solución a la problemática de genera la prostitución, no la prostitución en sí, porque ésta continuará existiendo mientras las condiciones económicas no cambien, Crear otra “zona roja” significaría nuevamente violencia y narcotráfico.
“Los gobiernos quedaron rezagados en su papel, pero el problema no es de reglamentación. Cuando se hacen revisiones se atropella a la gente más humilde; tenemos las zonas como la 6 y 8 Poniente, el Paseo Bravo, donde la policía puede llegar y llevarse a las mujeres, pero también tenemos hoteles de lujo, que es otro tipo de prostitución que no está reglamentado, es más escondido y protegido.
–¿Es necesaria la prostitución? –se le preguntó a la académica.
–Decir que es un mal necesario está prejuiciado; es decir que los hombres ejercen mejor la sexualidad con las mujeres en la calle que en su casa. Se han creado muchos mitos en torno a la sexualidad y al placer. Creo que la prostitución va a existir si no hay opciones de trabajo. Con la crisis económica va a aumentar más”, respondió Gloria Tirado Villegas.