En lo que prácticamente fue su despedida, antes de dejar de ser el arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca y Pacheco se negó a hablar sobre el caso del sacerdote Nicolás Aguilar Rivera, quien está acusado de haber violado al menos a 80 niños de México y Estados Unidos, y de cuyos abusos presumiblemente supo el jerarca, porque el cura estuvo bajo su jurisdicción.
“¡Cómo hago para convencerte de que de eso no quiero hablar!”, expresó ayer Huesca y Pacheco cuando la corresponsal de Radio 13, Marisol Córdoba, le cuestionó sobre la impunidad que hay para el tonsurado violador.
El caso de Aguilar Rivera será sin duda la mácula más notable en los 27 años que Huesca y Pacheco estuvo al frente de la Arquidiócesis de Puebla, pues aunque el prelado supuestamente solicitó al Papa el retiro del ministerio pastoral para el cura pederasta, no pudo evitar que éste recorriera el territorio poblano protegido por algunos de sus homólogos, como Gilberto Nájera.
De hecho, Nájera contó en su momento a varios medios de comunicación que desde que Huesca y Aguilar se conocieron en el seminario, el primero emprendió una persecución contra el segundo que no ha culminado.
Pero Huesca no sólo será recordado por su fallida campaña contra el cura pederasta, sino por sus declaraciones “institucionales” en temas como el aborto, las preferencias sexuales, los derechos de la mujer y, más recientemente, acerca de los portadores del VIH. Sobre estos últimos, expresó hace unos días que no eran aptos para ser aceptados como seminaristas.
El arzobispo saliente también ha sido identificado como un hombre de poder, al que políticos y empresarios de todo cuño, ideología y posición, han acudido para presentarle sus respetos.
En la rueda de prensa de ayer, Huesca y Pacheco dio su versión sobre su gestión al frente de la Arquidiócesis poblana:
“De mi mayor alegría, aún no lo se, dejen buscar en el catálogo de mis recuerdos, y en cuanto a mis pendientes sería una mejor formación de los laicos en Puebla, un ordenamiento territorial de las parroquias y un mayor trabajo por la vocación de los seminaristas”.
En otro momento, expresó sobre su sucesor, Víctor Sánchez Espinosa: “no seré una sombra para el nuevo arzobispo, me voy tranquilo, aunque hay cosas que no logré, pero puse mi mayor esfuerzo, hice lo que pude y espero que haya mejores cosas, de las que vienen”.
Adelantó que al arribo de Sánchez, programado pare el próximo 2 de abril, en la Arquidiócesis, “una vez que llegue, sí habrá cambios, de los consejos de consultores, de todos los cargos, como el rector de seminario, canciller, tesorero del arzobispado, no se puede cerrar la labor; por eso me seguirán ayudando hasta que el nuevo arzobispo llegue”.