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Viernes, 6 de febrero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ENTREPANES  

La oportunidad que no desperdicié

 
Alejandra Fonseca

Tengo una certeza: te he amado. Con intensidad. Con pasión. Con eterna entrega.

Junto a ti viví una de las aventuras más deliciosas de mi vida: Por su locura. Por su libertad. Por su fluir. Por acariciar otra dimensión del tiempo. Por la desbordante alegría de vivir. Por agotar cada segundo que compartimos. Por llenar mi espacio de magia y bondad. Por la oportunidad que no desperdicié.

Nuestra historia tuvo un principio y un fin. Que bendigo. Y agradezco. Hace tres meses se me presentó un hombre con infinitas ansias de amar que, por algunas palabras que dijo, me hizo saber que ese amor era para mí. Y abrí la puerta. De par en par. 

Encontrarte fue una bendición. Fuiste mi persona adecuada. Eras a quien necesitaba. Conocí el tesoro que guardas por dentro. Entregué el mío. Juntos creamos una pecera donde no cupo más nadie. Y estuvimos tan unidos que sobraba espacio.

Cada momento. Cada encuentro. Cada escenario. Cada palabra. Cada aliento. Cada aroma. Cada vela encendida. Cada susurro. Cada noche. Cada nota musical. Cada personaje. Cada viaje. Cada paso de baile. Cada abrazo. Cada burbuja la guardo en mi memoria. En mi cuerpo. En mi respirar. En mi alma. 

Todo lo que entregué fue con absoluto amor incondicional. Desde mi universo interior conocí el tuyo y compartimos estructura. No voy a permitir dudas donde no las hay. Ni que nadie ni nada destruya lo que viví junto a ti. No voy a permitir que el miedo se infiltre donde hay certezas. No voy a permitir que las mentiras desplacen la verdad. No quiero que la razón entre en mi locura. Que lo que debió haber sido me quite lo que fue. No lo voy a permitir. No voy a entrarle a eso.

Quiero dejar en mi alma loca la experiencia completa intacta: con sus errores y fallas. Con lo que nos gustó y no nos gustó. Con sus virtudes y defectos. Con su humildad y soberbia. Con sus eternos encuentros y escasos desencuentros. Con sus debates y acuerdos. Con su fluir y su arrinconarnos. Con sus aspectos divinos, sagrados y sublimes, que rebasaron por mucho los aspectos de las diferencias terrenales. Porque fue más lo esencial que lo accesorio. Con el que fuiste tú y la que fui yo. Con su principio y su fin. Porque yo gané todo. Porque fuiste el hombre perfecto para mí. Y con todo esto me quedo. Eternamente.

No quiero cuestionar nada. Todo lo que hice, todo lo que di, cada paso, cada mirada, cada decisión, cada risa, cada confesión, toda mi fidelidad, todas y cada una surgió de un amor libre, completo, pleno, incondicional que es mi tesoro. No quiero ver nada que no sea desde el amor. Por eso cupo todo. Y ahora no cabe más.

Gracias por todo lo que se queda conmigo. Gracias mil por haberme compartido a tu familia. Gracias mil por el buen trato que le diste a la mía. Gracias por todo y cada uno de los instantes y personajes que estuvieron en nuestra vida compartida.

Y no, no me arrepiento de nada.

Pero ya no quiero más.

Y por el amor que nos vive, no destruyas lo que tuvimos. No lo manosees: Déjalo intacto. Quedémonos con lo vivido. Y cada quien con sus demonios y sus dioses.

 

 
 
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