Procedente de la ciudad de México, donde fue visitada a lo largo de 10 años por 6 millones de personas, hoy viernes la exposición Inquisición, instrumentos de tortura y pena capital abre sus puertas en San Pedro Museo de Arte (4 Norte 203), para exhibir a medio centenar de piezas, originales y reconstruidas, que van del siglo XIV al XX.
A través de un recorrido, que no dura más de 30 minutos, podremos observar desde instrumentos de tortura como el “aplastasenos”, el cinturón de castidad, las jaulas colgantes, la pera oral y rectal, el potro o la guillotina, que son propiedad del Museo de la Tortura de Toscana, Italia.
Dato curioso es el sesgo de género que presenta la exposición, pues la gran mayoría de las piezas fueron pensadas para el escarnio de las mujeres, y que da cuenta del dolor y el horror de las personas que eran sometidas a alguno de estos artefactos. Al respecto, Roberto Díaz, representante del museo italiano, expuso que el 85 por ciento de las féminas que vivieron durante la época de la Inquisición llegó a ser objeto de una que otra tortura.
Jalados más por el morbo de los antiguos instrumentos, que denotan hasta que punto la fantasía humana no conoce límite para infligir las más atroces y crueles torturas, un tumulto de gente, entre funcionarios, medios de comunicación y público en general, acudió al recorrido que se ofreció el día de ayer por parte de los organizadores.
Tras la visita a las tres salas, Díaz detalló que “el horror ha sido generalmente una herramienta utilizada por las élites religiosas y poderosas, en nombre de Dios y del orden, para ejercer el control sobre la sociedad”. Y aunque pareciera un acto del medievo, es ahora “cuando la tortura, que incluye la modalidad psicológica, está más vigente en países como México”.
“La tortura y la pena capital no son cosas nuevas, se viven y se ven a diario por televisión, así nos han acostumbrado los medios, a convivir con los decapitados, con los enpozolados, y ante ello debemos levantar la voz y luchar por su exterminio”.
Entre los delitos más perseguidos, comentó, estaban la infidelidad, la homosexualidad, el lesbianismo, la zoofilia o “bestialidad”, la hechicería, y la herejía, pero también eran objeto de tortura los malos músicos, los alcohólicos y mujeres chismosas, por citar ejemplos.
Con los instrumentos de humillación pública se castigaba a infractores menores y se exponían a las víctimas al escenario de la multitud, y para ello utilizaban la mascaras infamantes, a quienes manifestaban su descontento hacia el orden establecido, siendo las mujeres las víctimas principales, pues se rebelaban contra la esclavitud doméstica o los continuos embarazos.
Los artefactos que servían para torturar, tenían como finalidad un largo periodo que no necesariamente terminaba con la vida de la persona castigada, aunque muchas de las veces sucedía por las fuertes infecciones ocasionadas por las heridas, destacando entre los instrumentos la “dama de hierro”, la cual es un sarcófago en cuyas puertas se ubican puntas afiladas que se incrustaban en los brazos, piernas y otras partes del cuerpo, donde no causaran heridas mortales a la víctima.
En tanto, la función de los instrumentos de pena capital era acabar con las personas, quienes después de un doloroso tormento, eran sometidos a la guillotina, inventada para dar una muerte más rápida e indolora.
Desde su creación, en 1983, la muestra, que es considerada “una antología de los horrores y de la crueldad humana”, ha sido vista en España, Portugal, Argentina, Japón, Francia, Alemania, Estados Unidos y México, siendo la segunda vez que llega a Puebla, traída por la Secretaría de Cultura.
El costo de entrada a la exposición, abierta hasta el 22 de marzo, es de 50 pesos. Las personas de la tercera edad, docentes y estudiantes pagarán 35 pesos. El domingo no será de acceso gratuito, aunque la Ley de museos lo indique.