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Martes, 27 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 OPINIÓN 

La solución a nuestros problemas no vendrá de fuera

 
ARTURO HUERTA GONZÁLEZ

Felipe Calderón dijo la semana pasada que le desea suerte a Obama para que EU salga de la crisis y así beneficiarnos nosotros. Ello nos muestra cómo la economía mexicana depende demasiado de dicho país. La economía ha venido dependiendo de las exportaciones como de la entrada de recursos por remesas y de la inversión extranjera. La política económica predominante, que ha priorizado a toda costa la reducción de la inflación, ha llevado a que el mercado interno no crezca, por lo que nuestro crecimiento ha pasado a depender de los factores externos antes mencionados. Y el problema es que no obstante el boom petrolero, las grandes remesas recibidas y la entrada de capitales, no hemos crecido en forma significativa. Ello demuestra que el crecimiento hacia fuera, así como la promoción de entrada de capitales a través de la extranjerización de la economía no ha sido la estrategia correcta para alcanzar una dinámica sostenida en beneficio de las grandes mayorías. Crecemos por debajo de la media de los países de América Latina. Y ahora, con la crisis mundial, los factores externos actúan negativamente, lo que nos coloca en una situación aun peor.

Caen las exportaciones, los flujos de remesas y la entrada de capitales. A eso se le suma el deterioro de los problemas internos, de creciente déficit de comercio exterior, que en 2008 sumó 16 mil 838.1 millones de dólares, 50.4% superior al de 2007. Además, están el alto endeudamiento de empresas e individuos, la restricción crediticia, los problemas de insolvencia, la baja dinámica de acumulación y crecimiento. Y ante ello, Calderón quiere que le vaya bien a EU para que nos vaya bien a nosotros, en vez de preocuparse en resolver los problemas que nosotros tenemos, ya que la solución a nuestros problemas no vendrá de fuera. La política anti–crisis que anunció, ya lo analizamos aquí (en enero 13), no resolverá los problemas que encaramos.

Estamos en una situación similar a la de la crisis 1929–1933, donde todas las economías de América Latina dependíamos del acontecer de las economías desarrolladas, pues crecíamos en torno a las exportaciones hacia tales países. No esperemos que EU venga al rescate de la economía nacional. Ellos tienen sus problemas que resolver; nosotros, los nuestros.

De salir ellos de la crisis, les llevará mucho tiempo volver a crecer como antes, por lo que no tendrá la fuerza de empuje, tal como se dio en 1995, donde pudimos salir rápido de la crisis porque ellos estaban creciendo. Ahora la situación es muy diferente. Estados Unidos no volverá por varios años a ser lo suficientemente fuerte para convertirse en motor de la economía mundial, y no sabemos si lo logrará otra vez, por lo que tendremos que rascarnos con nuestras propias uñas para salir de nuestros problemas.

La economía nacional enfrentará mayores presiones sobre el déficit del comercio exterior, pues no hay viabilidad de incrementar exportaciones y de que aumente el precio internacional de petróleo. No tenemos capacidad en un corto tiempo de producir internamente los bienes que importamos, ni tampoco de ver incrementada la entrada de recursos del exterior, sea por remesas o por inversión extranjera. Ello obligará a realizar fuertes ajustes devaluatorios y de contracción de la actividad económica para disminuir importaciones, ante la inviabilidad de seguir financiando déficit de comercio exterior creciente, así como el pago del servicio de la deuda externa y demás obligaciones con el exterior. Entraremos a un proceso de devaluciones y de mayor contracción económica, que derivará en mayores prácticas especulativas, en mayores problemas de cartera vencida, en inestabilidad y fragilidad del sector bancario y financiero, con la correspondiente mayor contracción crediticia, que ahondará los problemas de la economía nacional. El gobierno y el Legislativo, así como los empresarios, no han comprendido 1a gravedad de la crisis en la que estamos. Esta no viene de fuera, sino que es resultado de las políticas de liberalización y desregulación económica (apertura comercial y financiera), conjuntamente con la política de dólar barato que predominó por muchos años, que actuaba a favor de lo financiero y de los productos importados, en detrimento del sector manufacturero y agrícola. Ello nos ha llevado a fuertes presiones sobre el sector externo y a depender más de los flujos de capital. Ante la crisis mundial, menos viabilidad tenemos para recibir capital, por lo que no podremos financiar el déficit externo.

Con el  fin de evitar caer en una fuerte devaluación y contracción de la economía, se debe replantear toda la política económica que ha ocasionado tal situación. No tenemos condición alguna de mantener los tratados de libre cambio ni la libre movilidad de capitales, por lo que se debe regresar a políticas proteccionistas, como al control de los movimientos de capitales; es decir, al control de cambios.

De no hacer esto, la crisis que enfrentaremos será de grandes proporciones, y durará años. Hay que tener memoria histórica de lo acontecido en 1982, así como en el año 1995. Esta crisis será de mayores proporciones.

 
 
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