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Martes, 27 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

En riesgo, la actividad de las parteras tradicionales, advierte Antonella Fagetti

 
AMÉRICA FARÍAS OCAMPO

En sus manos está la vida y la muerte. En sus manos llegan al mundo los nuevos pobladores de la comunidad. Ellas les dan el soplo de la vida, cuidan de la salud del pueblo. Son las parteras y curanderas, que se empeñan en mantener vivo su oficio, que está a punto de extinguirse porque la medicina alópata insiste en que deben abandonar métodos ancestrales y adoptar técnicas que utilizan los médicos del siglo XXI.

En Puebla todavía se conserva este oficio, que se acompaña de rituales y que está en riesgo de desaparecer. Así lo advierte Antonella Fagetti en su reciente libro Saber experiencias y vivencias de las parteras tradicionales en el estado de Puebla, que fue publicado en diciembre de 2008 por la Secretaría de Salud local (Ssa).

En entrevista con La Jornada de Oriente, la antropóloga de origen italiano e investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla compartió sus opiniones acerca del trabajo de investigación que hizo con parteras de Ayotoxco de Guerrero, Cuetzalan del Progreso, Huehuetla, Coxcatlán y Tulcingo del Valle que trabajan en los módulos de medicina tradicional en el estado.

JO –¿Qué opina del oficio de las parteras?

AF –Las técnicas que tienen las parteras son métodos ancestrales ya comprobados desde hace tiempo; ellas han aprendido de sus madres, abuelas, vecinas; incluso atendiéndose su propio parto. Conocen toda la herbolaria, por ejemplo, cuáles son las hierbas que ayudan a la mujer a tener contracciones más cercanas y fuertes.

“Dan una atención personalizada. La partera llega, se queda allí, checa la frecuencia de las dilataciones, le prepara el tecito a la parturienta, está esperando al niño con las manos. Son acontecimientos de la vida tan importantes que por ejemplo la placenta no se deshace nada más así, la placenta a veces se entierra debajo del fogón, a veces se sube a un árbol, hay todo un significado importante porque la placenta tiene una relación simbólica con el niño que acaba de nacer. La partera limpia a la mujer después del parto, la acuesta y le prepara un caldo, muchas veces en los hospitales no dan nada de comer; si se acostumbra el temascal se hacen los baños de temascal. Entonces son 15 días por lo menos después del parto en que la partera atiende a la mujer en todas sus necesidades. Cuando una partera se compromete atender a una mujer pase lo que pase ella va a su casa cuando hay frío o lluvia; la partera va a estar allí cuando la llamen y un médico sabemos que no está, lo ideal es que los niños no nacieran en fin de semana porque ya no están los médicos en las clínicas”. 

JO –¿Qué opina sobre la labor que están realizando en los módulos de medicina tradicional de la Secretaría de Salud?

AF –Hay una tendencia a querer que las parteras ya olviden sus propios métodos de trabajo y solamente sean las que lleven a la embarazada a sus controles en la clínica y nada más. O sea, muchas veces se les dice que sus métodos de checar al feto como viene, acomodarlo para facilitar el parto y evitar una cesárea no están bien porque hacen que el niño se enrede, a lo cual ellas contestan que no es cierto, al contrario, muchas veces los médicos ya quieren hacer una cesárea porque el niño no viene derecho (de cabeza) y ellas son las que lo ponen bien y así se evita una cesárea.

“Los médicos les dicen a las embarazadas que si no se checan en la clínica no se les va a dar el apoyo del programa de Oportunidades; entonces muchas mujeres se esfuerzan en ir porque el dinero es importante. Sin embargo, con este afán de tener que parir en la clínica a la mitad del cerro paren; eso complica mucho las cosas y pone en riesgo la vida de la madre y la del bebé”.

JO –Entonces, con la intención de capacitarlas para disminuir la mortalidad materna, ¿les están quitando sus conocimientos ancestrales?

AF –Lo que se ha querido hacer en realidad es tratar de que ellas abandonen sus propios métodos, sus creencias, su manera de ver esa idea que tienen acerca del parto, el embarazo y el puerperio, tratar de cambiarlas para que supuestamente trabajen como médicos.

JO –¿Para usted qué es lo que se tendría que hacer para mantener vivo su oficio y no perder sus conocimientos?

AF –Lo que se debería de hacer es darle importancia a este conocimiento, y deberían los médicos aprender de ellas, también dejar que ellas aprendan otros conocimientos que son de los médicos. Lo ideal es que realmente trabajen juntos, que el médico supervise el trabajo, y si todo va bien, que la partera atienda el parto.

El libro de Antonella Fagetti será presentado a finales de febrero en un encuentro que realizará la Ssa con médicos y parteras tradicionales.

 
 
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