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Martes, 13 de enero de 2009 La Jornada de Oriente - Tlaxcala - Estado
 
 

Trunca José García su anhelo de ser militar por contribuir al gasto familiar

 

José García soñó de adolescente con portar un uniforme de militar para salvar niños en inundaciones y combatir el narcotráfico, pero ahora su realidad es vender papas para contribuir al sustento familiar n Foto Alejandro Ancona
TERE RAMÍREZ OJEDA

Hubo un tiempo en que soñó ser militar. Portar el uniforme, caminar erguido, salvar niños en inundaciones, defender a su patria y combatir el narcotráfico. Ese anhelo lo tuvo que cambiar por ayudar a su madre con el gasto familiar.

José García Cruz aún piensa en lo maravilloso que pudo ser ese sueño; sin embargo, se siente a gusto atendiendo su propio negocio de papas fritas.

También recuerda un poco desilusionado que no pasó el examen físico que aplica la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a los aspirantes y, por lo tanto, “no pude ser soldado”.

Mientras pela papas y se cura las heridas que le ha provocado el aceite caliente, recuerda que dejó la secundaria porque las condiciones económicas en su hogar eran muy precarias, nunca conoció a su padre y decidió ayudar a su madre Gregoria Cruz Cruz a mantener a sus tres hermanos.

“En ese entonces me fui de ayudante a un puesto de papas fritas que está en lo que era (el centro comercial) Gigante, ese fue el primero en vender papas y yo aprendí todo del negocio”, comenta José Cruz un poco apurado, pues rebana y mueve las papas que se fríen en cazos de aceite separados.

Con 27 años de edad y soltero, dice que fue hace cinco años cuando decidió independizarse de su antiguo patrón y se instaló, junto con otro amigo, en la ciudad capital.

Admite que aunque la vida no puede ser como uno imagina, siempre viene acompañada de oportunidades que te permiten “sobrevivir”.

Su negocio aún no tiene nombre, lo mismo lo conocen como papas Geral´d que como papas el Flaco, “pues no se nos ocurrió nada y dejamos que la gente le diga como quiera”.

Cada día, José inicia su actividad laboral desde las 9 de la mañana y concluye a las 8 de la noche, logra vender en las mejores temporadas hasta 200 kilos de papas por día.

“La mayor venta se da los fines de semana, si sabes trabajar el negocio te da para todo, ahora hay mucha competencia y por lo mismo tienes que echarle más ganas”, reflexiona, al tiempo que abre una arpilla (de 60 kilos de papas) para continuar con su labor.

Casi conteniendo una sonrisa, muestra con su dedo índice una ámpula de unos cuatro centímetros que está sanando en su mano derecha, y confiesa que eso le sucede “por atontarme”.

José vive con su madre y su hermana que estudia enfermería, sus otros dos hermanos ya están casados; él se convirtió en el pilar económico de la familia desde hace varios años.

Otro sueño es tener su propia casa. Actualmente ayuda a su madre a pagar el lugar donde viven en la unidad habitacional Xicohténcatl, ubicada en la capital del estado. Considera que “echándole ganas en su trabajo”, esa quimera la podrá cumplir a mediano plazo.

A pesar de que en su familia nunca hubo alternativas para cumplir sus anhelos, porque siempre estaba primero atender las necesidades inmediatas, ahora él ve una oportunidad de cumplir uno de sus sueños, al cubrir los gastos para que estudie su hermana.

“Mi mamá trabaja en una cocina económica y no le alcanza para todo. Ya que ninguno de los tres hombres pudimos estudiar, ojalá ella sí termine su carrera de enfermera, yo le pago las colegiaturas porque quiero que se reciba”, enfatiza.

En febrero cumple un lustro de atender su propio negocio y reitera que la competencia es “muy dura, antes era el único en esta calle (20 de Noviembre) ahora hay alrededor más de seis locales de lo mismo”.

Sin embargo, descarta que las empresas con marcas reconocidas sean una competencia para él, “la gente prefiere comprar algo fresco, recién salido del aceite y le ponemos salsa y queso amarillo a su gusto, algo que no pueden hacer en una tienda donde compran una bolsa de papas”, comenta, mientras despacha con una sonrisa a un cliente una bolsa de su producto, éste le corresponde el gesto y le paga 10 pesos tras agradecerle la atención.

Así, José García se gana la vida en medio de papas y cazos con aceite.

 
 
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